Creemos en un regionalismo abierto en lo económico, pero fiel en lo político

Creemos en un regionalismo abierto en lo económico, pero fiel en lo político

febrero 28, 2015
in Category: Entrevistas
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Creemos en un regionalismo abierto en lo económico, pero fiel en lo político

El Secretario General de Unasur y expresidente de Colombia, Ernesto Samper Pizano, es muy optimista con el proceso de integración suramericana. Unasur es una alianza política mediante la cual los países miembros están alineados, con total fidelidad, en la defensa de sus democracias, en mantener la paz en la región y en el respeto de los derechos humanos. No se trata de una competencia frente a la CELAC o el ALBA, sino de una fuerza que suma la integración y el desarrollo de América Latina.

Empecemos por entender ¿cuál es el mundo de la Unasur y hacia dónde vamos con este proyecto de integración sudamericano?

Unasur es como su nombre lo indica, una unión de naciones de Suramérica. Es una unión para significar que no es un sindicato, no es una organización intergubernamental, no es una ONG, es simplemente una reunión de naciones y son naciones porque lo que nos identifica no es que tengamos el mismo signo ideológico o que sean gobiernos amigos o que sean estados que compartan intereses económicos, sino se trata de naciones, de pueblos que tienen raíces históricas comunes y esas raíces tienen un contexto geográfico que es Suramérica.

Hago este prólogo porque esencialmente la diferencia entre Unasur y otros procesos de integración en el mundo, dentro del mismo contexto hemisférico, es que nosotros actuamos como región, es decir, nosotros somos una región que está buscando profundizar su integración. Tenemos no solamente unos valores que nos unen hacia atrás como la lengua, lo que fue nuestras luchas por la independencia, el mestizaje como una simbiosis étnica sino también propósitos hacia adelante.

¿Cuáles son esos propósitos?

Los tres propósitos fundamentales de Unasur son: la preservación de esta región como una región de paz en el mundo. Hay momentos en que el mundo está azotado por guerras étnicas, por conflictos religiosos, por problemas relacionados con la guerra fría, pues nosotros aparecemos como una zona especial de paz. En segundo lugar está el tema de la democracia. Unasur interviene activamente donde ve que hay peligro de ruptura con la continuidad democrática, lo ha hecho en Bolivia, lo ha hecho en Paraguay, lo ha hecho en Ecuador y lo ha hecho más recientemente en Venezuela.

La preservación de ese patrimonio, de haber vuelto a la democracia que conseguimos hace treinta años, es uno de los valores más importantes que tiene la Unasur.

Y, en tercer lugar, está el propósito de asegurar la plena vigencia de los derechos humanos. Para nosotros, el tema de los derechos humanos no es un problema de imagen, ni es un problema judicial sino es un problema de compromiso efectivo con garantizar la existencia de derechos humanos en todo el hemisferio.

¿Cómo diferenciar lo que motiva a la Unasur de lo que pasa con otros procesos como la CELAC y el ALBA?

Recibimos un mandato en la última reunión de jefes de Estado de Unasur, precisamente aquí (Quito), en nuestra sede en la Mitad del Mundo. Los presidentes señalaron la necesidad de encontrar espacios de convergencia con estos otros procesos. Hace pocos días se celebró la segunda Mesa de Convergencia Regional en la que estuvieron presentes los representantes de la Alianza del Pacífico, de la Comunidad Andina, del ALBA y Mercosur para encontrar los puntos y fortalezas de cada uno y evitar la duplicidad de opiniones o de acciones. Buscamos darle fuerza al proceso de integración como un todo y que, finalmente, podamos sumar conjuntamente.

¿Estas alianzas pueden subsistir conjuntamente? ¿ALBA y Mercosur?

Cada región tiene unos aportes muy importantes que hay que preservar. Por ejemplo, Mercosur sacó la visa de residentes para trabajar durante dos años, esa visa se va a convertir casi en la visa de Sudamérica. Unasur tiene una experiencia en manejo de políticas públicas, en temas muy específicos como drogas, defensa y derechos humanos. El ALBA tiene una experiencia muy importante de contactos con el Caribe, además, ha trabajado en proyectos de solidaridad importantísimos con Petrocaribe. La Alianza del Pacífico es un concepto más moderno de integración que ayuda a compartir facilidades de espacios democráticos, de defensa de los ciudadanos en el exterior. Entonces, cada uno de los procesos tiene una serie de aportes que deben ser tomados en cuenta dentro de un programa de convergencia.

A futuro, ¿Unasur puede unificar a todos o tal vez hasta reemplazarlos?

No, nosotros somos como el gran estadio de fútbol, nosotros no jugamos partidos, ni tenemos equipos, tenemos el estadio y señalamos las reglas para que se jueguen los partidos, ese estadio es la democracia, la paz y el respeto a los derechos humanos, pero ya el público, los partidos, las organizaciones y los distintos campeonatos se juegan en cada proceso de integración.

Una de las críticas que ha habido es que Unasur está respaldando a los gobiernos y no a los ciudadanos, por ejemplo el caso específico de Venezuela. Los medios de comunicación informan sobre violencia en materia de derechos humanos…

Son dos realidades distintas, una cosa es la realidad mediática, de las denuncias, de los señalamientos, y otra es la realidad institucional en la que se mueve Unasur.

Unasur no es un gobierno, es una unión de países y cada país fija sus políticas exteriores soberanamente. Nosotros nos reunimos cuando vemos amenazas, precisamente, para tratar de conjurar. Nuestro papel no es atizar sino apagar incendios, que es lo que estamos haciendo. Preservar un espacio para las próximas elecciones, que se respete el debido proceso de las personas que en este momento están involucradas en procesos judiciales, no solamente los que han sido señalados mediáticamente, como dirigentes políticos, sino todos los ciudadanos pues tienen derecho al debido proceso y a una garantía de defensa. Eso es lo que nosotros estamos propendiendo.

Finalmente, estamos trabajando en una asesoría muy estrecha con Venezuela para que se resuelvan ciertos problemas puntuales de abastecimiento que están haciendo muy difíciles las circunstancias sociales. Estamos tratando de llegar al mismo objetivo, algunos lo hacen a través de los medios, de las ONG y eso es válido, pero nosotros estamos llegando a través de los canales institucionales y eso supone partir de unas premisas básicas como que hay un gobierno que fue democráticamente elegido, que hay unos canales a través de los cuales se deben respetar los derechos humanos, que es mejor el diálogo que la confrontación. En fin, nosotros estamos en un plano diplomático, institucional, discreto, pero creo sinceramente, más eficaz.

Estamos en un tiempo más movido en la región: las protestas en Brasil, Argentina y un poco en Ecuador, más la situación en Venezuela ponen los ojos sobre UNASUR para ver cómo va a acompañar estos procesos para que en efecto las democracias no se debiliten y que los países resuelvan democráticamente sus problemas.

Hay fenómenos distintos. En algunos países hay un explicable ánimo de precalentamiento electoral, están en vísperas de elecciones, esta es la época donde se calientan los ánimos, se radicalizan las propuestas. Hay un claro fenómeno de judicialización de la política que se vive en casi todos los países del mundo y es que quizás, la controversia política ha abandonado los escenarios de la democracia como los foros, los congresos, las asambleas, los consejos y, lamentablemente, se ha trasladado la política a los estados judiciales.

Temas que antes se resolvían en la libre confrontación democrática ahora se están trasladando a los juzgados y a los fiscales para que sean ellos los que limen los conflictos. Me parece que esa no es una estrategia sana y en el fondo lo que está señalando es el debilitamiento de los partidos y las organizaciones políticas como representantes de la comunidad.

Refiriéndonos al tema exclusivo de la integración regional, ¿qué falta para que se concrete la ciudadanía suramericana?

La palabra que más corresponde a la integración es la movilidad. De lo que se trata es que haya movilidad de personas, movilidad de capitales y movilidad de bienes y servicios; en eso consiste la integración.

17El proyecto que estamos trabajando -el de ciudadanía suramericana- tiene muchísimo que ver con el reconocimiento de una serie de derechos: el derecho a migrar, a regresar, a trabajar en cualquier parte de la región; lo mismo que el derecho a estudiar, a que los títulos profesionales sean reconocidos en todos los países; el derecho a recibir protección jurídica a través de los consulados suramericanos. Este proyecto debe terminar en el derecho a votar y a ser elegidos cuando lleguen a existir escenarios de representación en la región.

Estamos siguiendo unos lineamientos que fueron trazados por un grupo que trabajó por un par de años en el diseño de lo que serían los grandes derechos del ciudadano suramericano y el símbolo de esa ciudadanía es un pasaporte. Queremos llegar a que exista el pasaporte suramericano sin que desaparezcan las nacionalidades de cada uno, que además de esa nacionalidad que nos une, haya una gran nacionalidad hemisférica que nos una como suramericanos.

¿Se ha puesto un plazo para que este pasaporte entre en vigencia?

No, en estos temas como en el amor es mejor no hacerse plazos, sino uno puede caer en el despecho. Pero sí estamos trabajando todas las semanas con grupos de técnicos para mirar otras opciones.

En este contexto, hay una serie de prejuicios contra el migrante, que es visto por la ciudadanía en general como alguien peligroso, y eso ha llevado a que los países adapten una serie de restricciones.

Es que hemos tratado al migrante como un problema de la policía. Actualmente, la excepción es permitir o autorizar que la gente pueda migrar, nuestro objetivo es exactamente al revés, que la regla general sea que las personas puedan moverse dentro de la región libremente y que la excepción sea que no lo puedan hacer cuando haya de por medio órdenes judiciales o situaciones de arraigo jurídico decretado por jueces.

El otro gran tema de la integración es la parte económica. Hay importantes diferencias de desarrollo entre los países suramericanos. ¿Qué ha pensado la Unasur sobre esta situación que puede afectar?

Usted lo ha dicho muy bien, somos una región totalmente asimétrica, tenemos una gran diferencia entre clases, entre personas, entre remuneraciones laborales.

Precisamente nosotros nos movemos alrededor de tres principios o tres agendas: una es la agenda social que está basada en la inclusión frente al problema de la desigualdad; otra es la agenda económica que está basada en el problema de la competitividad, en cómo mejoramos las cadenas de valor que existe en la región; y una tercera agenda es la política, que está basada en la participación ciudadana y que tiene que ver esencialmente en cómo construimos el concepto de nuevos ciudadanos dentro de la democracia.

¿Cómo ve la participación o el interés de Brasil en la Unasur? Brasil fue el primer gran entusiasta y de pronto parece que ahora está más interesado en el grupo de los BRICS.

Brasil tiene una excelente relación con Unasur, es un socio grande, pero actúa siempre democráticamente y creo que a Brasil ese reconocimiento de ser uno de los hermanos mayores dentro de la familia suramericana, le permite tener hacia afuera una interlocución. Nosotros creemos que la regla de oro debe ser aceptar un regionalismo abierto en lo económico para que cada cual haga sus alianzas hacia afuera, pero fidelidad en lo político, es decir, aceptamos la multirrelación para lo económico, pero en lo político, en lo fundamental, exigimos fidelidad.

¿Por qué es fundamental en lo político? ¿Qué significa?

Porque este es un escenario político en el que debemos estar de acuerdo en lo fundamental: en que Suramérica es una zona de paz, en que hay valores que defender y que nuestras diferencias se solucionan democráticamente.

 Amelia Ribadeneira es docente universitaria

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