No se trata solo de desentrañar el alcance de los nuevos contenidos

No se trata solo de desentrañar el alcance de los nuevos contenidos

noviembre 18, 2012
in Category: Análisis jurídico
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No se trata solo de desentrañar el alcance de los nuevos contenidos

“Olvido lo que escucho, Recuerdo lo que veo, Entiendo lo que hago”

Confucio 451 AC.

Los pedagogos consideran que hay aprendizaje cuando se ha provocado un cambio susceptible de reflejarse en la conducta del alumno. Este cambio debe ser ostensible, es decir, capaz de constatarse mediante una demostración.

El cambio debe ser significativo para el papel social de cuyo desempeño trata el aprendizaje.

En este sentido, memorizar el Código de Procedimiento Penal, por ejemplo, resultaría un objetivo poco significativo para el cumplimiento del papel de juez, de fiscal o de abogado defensor privado o público. Frente a ese objetivo, hay otros que claramente son más importantes: dictar una sentencia en el momento que culmina la audiencia de juicio, fundamentar un dictamen o construir un argumento utilizando las disposiciones del Código de Procedimiento Penal, en forma oral.

Lo que caracteriza a un objetivo educacional es su relación con la conducta. Se trata siempre de acciones y por eso suelen describirse mediante el empleo de verbos en infinitivo: recitar, comparar, construir, escribir, dibujar, pintar.

También distinguen los pedagogos a los objetivos en función del ámbito de la personalidad en el que inciden. Una formulación completa debería comprender tanto el domino o ámbito de lo cognitivo, como el plano efectivo y el nivel psicomotor.

Estar solamente ante un cambio de normas no es el camino adecuado para la formación de futuros abogados. Ante un cambio de sistema, los objetivos educacionales deben apuntar tanto hacia la caracterización teórica del nuevo enfoque, como a la manera en que los autores del proceso realizan su trabajo.

Ninguno de los niveles queda satisfecho con el estudio pormenorizado de los contenidos normativos.

Ni el cambio en los paradigmas teóricos ni el cambio en la conducta son el resultado natural del cambio en las normas. Como todo abogado sabe, hay muchas barreras y obstáculos entre la intención del legislador y el comportamiento de los destinatarios de las normas.

Así, cuando lee21-1mos en el Código de Procedimiento Penal la palabra “audiencia” o la expresión “interrogará al testigo” posiblemente el peso de nuestra experiencia nos llevará a atribuirles significado a estas expresiones a partir de lo que conocemos. Y existe el peligro de que reproduzcamos nuestra manera tradicional de hacer las cosas en el sistema procesal.

Esta especie de resistencia al cambio no solamente se promueve en el mundo de las normas, sino que afecta a todas las actividades sociales.

Para evitar que los viejos paradigmas desnaturalicen el sistema oral, la formación jurídica debe procurar mostrar cuál es la nueva manera de hacer las cosas. Y no solamente mostrarla, sino lograr el aprendizaje por medio de la experiencia, es decir, poner a los participantes en la situación de que aprendan haciendo. Además del indicado para el nivel teórico, el curso deberá en consecuencia desarrollar en los estudiantes las destrezas y habilidades necesarias para que puedan desenvolverse competentemente dentro del sistema acusatorio oral.

Para conseguir este objetivo, la clase debería asumir la forma de un taller, tomando en cuenta que un taller es el lugar en el que se hacen cosas y con una buena comunicación permitir una adecuada comprensión de la temática analizada. La planificación, en consecuencia, girará en torno a las actividades que los participantes deben hacer.

La diferencia entre el aprendizaje activo y el meramente receptivo comienza desde el planteamiento mismo de los objetivos y se concreta, en primer lugar, en la planificación o elaboración del programa. Si al preparar un programa se piensa más en el orden de los temas y en lo que deberá decir el profesor, habrá muy poco margen para la introducción de técnicas de enseñanza activa. Si, por el contrario, la planificación ha sido pensada en función de lo que se espera que los estudiantes hagan, la intervención del profesor tenderá a ser complementaria y orientada a un aprendizaje significativo. Es así que el profesional del derecho que, como antecedente, tiene al estudiante de Leyes, se dedica a memorizar y no a razonar, motivo por el cual no utiliza la lógica; y por lo que sus intervenciones en el foro son llenas de errores contextuales, no estudian los casos para presentarlos ante los tribunales con otra mentalidad, sino la memorística, aprendida en las aulas universitarias. Es esta enseñanza inadecuada la que da como resultado que el egresado experimente vacíos por falta de conocimientos prácticos y destrezas necesarias en la praxis diaria, como son habilidades para interrogar y para contra interrogar, saber el momento apropiado para objetar una pregunta inadecuada, cómo introducir la prueba en la Audiencia del Juicio, diferenciar en qué consiste la prueba documental y la prueba documentada, cómo realizar un alegato oral apropiadamente fundamentado en Derecho, indicar al Tribunal el valor procesal de las circunstancias alegadas por las partes, de qué forma o con qué pruebas presentadas durante la audiencia se ha justificado el hecho punible y el grado de responsabilidad penal del procesado. Aspiro que con esta propuesta se puedan romper escuelas clásicas y cambiar mentalidades a nivel esencialmente andragógico de los docentes que imparten Procedimiento Penal y Clínica Jurídica en las escuelas de Derecho, porque el problema generalizador de la asignatura es la deficiencia en la aplicación del Código de Procedimiento Penal vigente, teniendo como habilidad rectora defender una posición sea como asesor legal en el libre ejercicio, o en las funciones ejecutiva, Legislativa o Judicial, teniendo habilidades secundarias organizadas en sistema secuencial, como la de planificar, recopilar, organizar, relacionar, solicitar, sintetizar, analizar, valorar y demostrar el hecho punible que constituye el ejercicio de la acción penal, haciendo efectiva la pretensión y restitución del orden jurídico violado por el infractor, a través del sistema del método casuístico que nos permit, por medio de la presentación de casos, jugar con diferentes roles (sujetos de la relación procesal), realizando simulaciones y en una discusión plenaria llegar a conclusiones lógicas, que vayan de la inducción a la deducción, teniendo como actividades principales: formar grupos que representen a los sujetos procesales, tanto principales como accesorios, y que cada uno exponga, previa lectura pormenorizada de sus papeles, la mejor solución en la administración dentro de un proceso, en el contexto cotidiano, para llegar a una discusión plenaria; y, dentro del sistema de solución de problemas siguiendo un orden establecido en el Código de Procedimiento Penal, teniendo como pauta casos previamente establecidos, ya sea de la vida real, relatados en libros de literatura o películas comerciales.

No se trata solo de desentrañar el alcance de los nuevos contenidos normativos más allá de los obstáculos que puedan surgir de la tradición procesal. La incidencia de ésta no es únicamente conceptual, sino que se manifiesta con mayor radicalidad en las conductas, en la forma de hacer las cosas. Además, como la formación profesional de jueces, fiscales y abogados nunca abordó sistemáticamente ni la relación teórica, ni el desarrollo de habilidades, por regla general, no forma parte de la cultura jurídica la memoria acerca de la otra forma de hacer las cosas. En este orden de cosas, los desafíos más evidentes tienen que ver con el desempeño de los actores procesales el momento de la presentación oral del caso que se investiga y luego se prueba.

Patlova Guerra

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