“Hay un interés genuino del estado por disminuir la impunidad”

“Hay un interés genuino del estado por disminuir la impunidad”

agosto 31, 2015
in Category: Entrevistas
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“Hay un interés genuino del estado por disminuir la impunidad”

Moni Pizani es la representante de ONU Mujeres en Ecuador desde abril de 2014. Para ella existen importantes avances en temas de género, no solo a nivel de país, sino en toda la región. Sin embargo, hay todavía grandes desafíos, los principales son el acceso de las mujeres a la justicia y la lucha contra la impunidad de sus causas.

¿Cómo mira la situación de las mujeres en la región?

Se están cumpliendo 20 años de la Plataforma de Acción de Beijing, de la IV Conferencia Mundial de la Mujer, celebrada en 1995, por lo tanto, tenemos datos recientes: se hizo un estudio donde todos los países reportaron el avance en temas de género. Es información bastante fresca y, sobre todo, relevante.

Esta es una región con progresos sumamente importantes: tenemos las constituciones más avanzadas del mundo, son género sensitivas y reconocen todas las convenciones internacionales, están muy alineadas con los derechos humanos. Son fantásticas en temas de igualdad.

Hay legislación muy de avanzada, particularmente, en el tema de violencia contra la mujer. Esta es la región donde 15 países ya tipifican el femicidio o la muerte por razón de género.

¿Qué hay de otros temas como la participación política de las mujeres?

En temas de participación política también existen avances muy importantes. Actualmente tenemos un 25 por ciento de mujeres en los parlamentos o asambleas, mientras la media en el mundo es de 20.

Sin embargo, estamos lejos del 30 por ciento que nos propusimos en 1995, y mucho más lejos aún del 50 por ciento, que es por lo que vamos ahora, porque estamos hablando de paridad, igualdad sustantiva, ya no podemos hablar de cuotas de 30 por ciento. En un mundo donde la mitad somos mujeres tenemos derecho a la mitad de los espacios de toma de decisión.

¿Se mantiene la diferencia salarial entre hombres y mujeres?

Hemos observado que también existe una disminución en la brecha salarial. Antes era de hasta un 30 por ciento, en este momento es de un 24 en la región. En el caso particular de Ecuador es de un 13 y un 24 por ciento, dependiendo del sector, si es zona urbana o rural.

Por otra parte, vemos que esta es la región donde tenemos varias mujeres presidentas. Esta región tiene muchos avances y podemos estar muy contentos en temas de reducción de la pobreza. Pero aún hay grandes desafíos.

¿Cuáles son?

Yo diría que empiezan precisamente con el tema de acceso a la justicia, porque vemos que la impunidad es tremenda. A pesar de que existe una maravillosa legislación, las tasas de impunidad son bastante altas, esa es una situación a la que hay que atacar y revertir. Hay países donde hay 99 por ciento de impunidad, es decir, de cada 100 casos que se denuncian solamente uno llega a sentencia. Eso es realmente impresionante.

En muchos casos pasa porque la gente desiste, en otros porque las pruebas no están bien presentadas, en otros es también porque hay mucho desconocimiento del tema judicial y porque tratamos de actuar de la misma forma en un caso que en otro. Por eso, la oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos y ONU Mujeres preparamos un protocolo facultativo para atender los casos de femicidio y estamos promoviendo que sea adoptado por el Ecuador como una herramienta de trabajo.

¿Y cuál sería su aporte?

Es un protocolo muy completo, incluye todos los pasos que hay que dar cuando ocurre un femicidio, cómo deben actuar los distintos niveles a los que les corresponde atender esta situación. Realmente es muy importante porque es una herramienta construida con los propios países, con grupos de mujeres, con expertos en el tema, tanto de Europa como de América Latina. Está perfectamente adecuado para que responda a la situación del femicidio.

¿Podemos decir que los principales avances son la participación política de las mujeres, disminución de la brecha, el tema de derechos, y el gran pendiente es el acceso a la justicia?

No, en participación política hay avances pero todavía hay mucho por hacer, no estamos graduados. La conclusión a la que llegó la Comisión del Estatus Jurídico y Social de la Mujer, celebrada en marzo en Nueva York, donde se presentaron los informes de todos los países, es que ningún país del mundo está graduado en temas de género, es decir, que todos los países tenemos tareas por hacer.

Tenemos desafíos en todas las áreas porque no es justo que una mujer trabaje igual que un hombre y gane 20 por ciento menos. Se ha disminuido bastante la brecha, sin embargo, falta mucho para que tengamos un mundo de iguales, es decir, un mundo 50 – 50.

17¿Cómo está la situación de Ecuador frente a la región?

En temas de participación política estamos por encima de la media de la región, porque en el Ecuador tenemos un 41 por ciento de mujeres en la Asamblea Nacional, sin embargo, en el Ejecutivo, que en algún momento fue casi paritario, la conformación del gabinete es de un 23 por ciento de mujeres que participan a nivel de secretarias o de ministras.

Por otro parte, a nivel local, en los gobiernos municipales y prefecturas, el porcentaje de mujeres disminuye, pues tenemos dos mujeres prefectas y 17 viceprefectas, pero en realidad no está bien. El binomio es hombre y mujer, ese es un avance porque antes no era así. Lo que aspiramos para las próximas elecciones es que tengamos 50 por ciento de mujeres prefectas, 50 por ciento de viceprefectas y, obviamente, 50 por ciento de hombres prefectos y 50 por ciento de viceprefectos.

Apuntamos a un país donde la igualdad sea una realidad vivida para todas las mujeres, tanto en los espacios de toma de decisión, como en los ingresos, que no haya impunidad y no se ejerza violencia en contra de las mujeres.

¿Un país y un mundo de iguales?

Nosotras estamos hablando de un mundo donde todas y todos realmente tengamos las mismas oportunidades y los mismos derechos, y vivamos en una cultura donde se respete tanto al hombre como a la mujer, no que se respete más al hombre o que lo que dice él importe más; donde en los medios de comunicación no se discrimine a la mujer, ni se utilice una imagen estereotipada de ella.

Hablamos de un mundo, yo no diría ideal, sino un mundo de verdad. En el que exista respeto, sea democrático, donde la igualdad sea algo cotidiano y no la excepción. En este momento nosotros vivimos en un mundo donde tenemos dos países que tienen el 50 por ciento de mujeres en el parlamento y eso no debería ser una excepción, debería ser lo cotidiano. Falta mucho para llegar a ese mundo, pero es al que queremos llegar en el 2030.

¿Qué nos falta para llegar a ese mundo de verdad?

No es fácil, porque hay un tema cultural muy profundo que no se modifica con leyes. Para eso hay que hacer un trabajo de todas y todos, desde la casa, en la educación desde la primera infancia, en la currícula universitaria, en la vida cotidiana, en las relaciones, entonces es un trabajo que nos compromete a todas y a todos y que tenemos que hacerlo porque sino ¿a quién se lo vamos a dejar? El momento es ahora.

Yo tengo muchos años involucrada en estos temas y siempre les comento a las colegas que son más jóvenes, que cuando yo estuve en Beijing, para aprobar la Plataforma de Acción, yo era sociedad civil y nosotras tomamos las escaleras, protestando porque nos parecía que esa agenda era demasiado limitada y resulta que 20 años después, nosotras estamos luchando para no perder lo que conseguimos en Beijing y que todavía no se ha cumplido.

¿Por qué cree usted que el momento es ahora?

La humanidad tiene una deuda histórica con las mujeres y yo creo que el momento de cambiar esa realidad es ahora, porque hay mucha más conciencia. Hace 100 años las mujeres ni siquiera votaban, ahora la realidad es completamente distinta, las mujeres elegimos presidentes y asambleístas, entonces debemos tener las mismas posibilidades que los hombres.

Ahora están dadas unas condiciones distintas de hace 100 años o hace incluso 20 años. Las mujeres se educan más, se gradúan con las mejores notas, pero cuando salen al mercado laboral ganan menos que los hombres, no puede ser. Esa es una injusticia que no podemos continuar tolerando y por eso es que también nosotros estamos desde hace un tiempo involucrando mucho a los hombres.

¿Con qué fin se involucra a los hombres en este proceso?

Las mujeres hemos estado luchando, toda la vida, solas por nuestros derechos, pero en realidad no son solamente los derechos nuestros, nosotras estamos luchando por los derechos a una vida más sana, respetuosa, de igualdad. Entonces, estamos luchando por la humanidad, pero lo estábamos haciendo solas porque éramos mujeres peleando por los derechos de las mujeres y siempre nosotras y siempre en minoría, no podíamos lograr los grandes cambios.

¿Cómo pueden contribuir los hombres para lograr esos cambios?

En el tema de violencia contra la mujer, desde el 2008, estamos en una campaña que se llama “Únete para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas”, lanzada por al Secretario General y lo hace él mismo porque la violencia es una pandemia: una de cada tres mujeres sufre violencia en algún momento de su vida. Entonces, el Secretario General hace un llamado a todos los estados, a las agencias de Naciones Unidas, a los medios de comunicación y todos los ciudadanos y ciudadanas para hacer algo. No podemos permitir que siga esta situación que es la violación más frecuente de los derechos humanos y que ocurre todos los días.

Allí empezamos a involucrar a los hombres porque necesitamos que ellos se unan para combatir la violencia contra la mujer. Es una toma de conciencia desde ellos: ¿cómo son las relaciones que yo quiero con las mujeres? Deben ser de esta forma. Trabajamos con nuevas masculinidades, el relacionamiento, los jóvenes en el noviazgo. Hay tanto por hacer.

En ese sentido, ¿Qué ha hecho Naciones Unidas para que los hombres se involucren?

19Mirando todo esto, el Secretario General con la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres y la actriz Emma Watson, nuestra embajadora de buena voluntad, lanzaron la campaña “Él por Ella” dirigida a los hombres. Queremos que los hombres que creen en la igualdad se sumen a este movimiento voluntario y hagan un compromiso que puede ser desde algo personal, hasta compromisos a nivel institucional, del país, de  la comunidad, etc.

Este momento están dadas una serie de condiciones, los hombres están mucho más conscientes de lo injustas que son las relaciones patriarcales de poder que existen entre hombres y mujeres, los jóvenes están mucho más alertas a estas relaciones desiguales. En definitiva, hay mucha más conciencia colectiva sobre el tema, ahora es el momento para hacer los cambios y tener un mundo mejor.

¿Qué ganan los hombres al involucrarse en esta construcción?

En la realidad estamos trabajando para un mundo mejor para todas y para todos, porque así como las mujeres hemos perdido cosas en la vida por estas relaciones desiguales, también los hombres han perdido.

Nosotras hemos perdido la oportunidad de espacios. Cuando éramos pequeñas quizás nos decían, “cállese, no hable”, lo varones son los líderes, los que hacen todos los discursos.

Pero los hombres se han perdido también todo el tema del afecto, el poder demostrar sus sentimientos, disfrutar más de la vida cotidiana, familiar, de sus hijos e hijas y de tener que aparentar siempre que son los bravos, fuertes, duros.

Esta ha sido una construcción de la sociedad donde todos hemos perdido y nosotras estamos apuntando a una sociedad donde todos ganemos.

¿Ha perdido también la familia?

Todos perdemos porque en esas relaciones donde hay tantas desigualdades, injusticias, hay cosas que no se corresponden en realidad con una relación de respeto. Muchas veces les digo a los hombres: “¿cómo tratas tú a tus amigos?, ¿por qué tienes que tratar a una mujer de forma diferente?”. A veces son cosas tan pequeñas, pero que tienen un impacto tan grande en la vida de una mujer, como el descalificar su opinión, simplemente porque es mujer y lo que ella dice tiene que validarlo un hombre. Realmente es una estructura de la sociedad que nos ha hecho mucho daño.

Nosotras estamos imaginando un mundo donde las niñas no sean violadas, donde no haya embarazo en la adolescencia, donde no mutilen a las niñas (la mutilación genital femenina pasa incluso en algunos lugares de América Latina).

Un mundo donde las mujeres tengamos las mismas oportunidades, acceso a la educación, a los servicios, a la propiedad de la tierra, a los créditos, al empleo digno, a los mismos ingresos por el mismo trabajo. Ese es el mundo que nos imaginamos nosotras y que esperamos que construyamos un Ecuador así, pronto.

Hablando del acceso a la justicia, las condiciones han mejorado, pero en el caso concreto de Ecuador ¿qué ha mejorado?

En el Ecuador observamos que han habido avances importantes, por una parte, en todo el sistema judicial, donde hay capacitaciones para el personal. Nosotras estamos apoyando al Consejo de la Judicatura en estos procesos de capacitación de género. Además, yo creo que hay un interés genuino del Estado ecuatoriano por mejorar y por disminuir esos niveles de impunidad tan altos.

Por otro parte, pensamos que es muy importante que se promueva la incorporación de la perspectiva de género en la actuación de las instituciones a cargo de la investigación, sanción y reparación de la muerte de mujeres. Se está haciendo un esfuerzo significativo con la construcción de la ruta crítica que se sigue para la investigación del femicidio, donde también estamos apoyando al Consejo de la Judicatura. Además, hay mesa del sector justicia con la participación de varios actores, en la que se busca determinar dónde están los nudos críticos para dar mejores respuestas. Tenemos los juzgados especializados que son como 30, en todo el país. Existen cerca de 100 jueces que están capacitados para poder responder a todas las denuncias por casos de violencia contra la mujer.

Se han dado avances sumamente importantes, pero eso necesita consolidarse y evaluarse. Es necesario monitorear y hacer los ajustes. Eso es lo que nosotros hemos observado en el Ecuador, tomando en cuenta lo que dicen las personas que son beneficiarias de los servicios.

¿Qué le falta al Ecuador en materia de acceso a la justicia?

A pesar de todos estos avances la impunidad sigue siendo el gran tema, eso lo hemos conversado con el Presidente de la Judicatura en varias ocasiones y realmente hemos observado que tenemos toda la apertura y que es de la mayor preocupación del Estado ecuatoriano mejorar esos procedimientos.

Es necesario que se garantice el acceso de las mujeres a la justicia. Este es un tema pendiente que tiene que ver con un derecho fundamental. Por eso es tan necesario que la justicia sea género sensitiva para que se entienda las particularidades específicas, porque muchas veces las mujeres no acceden a la justicia porque no se atreven.

¿Qué se puede hacer para que las mujeres se atrevan?

Hay que realizar un trabajo con los sistemas de justicia, pero también con las propias mujeres para empoderarlas y que demanden justicia, no que la miren como un favor que se les hace.

Es un trabajo de dos vías: las mujeres necesitan entender que tienen derecho a la justicia en el caso de que sufran algún tipo de agresión o violación a cualquiera de sus derechos y, por otro lado, el Estado tiene que garantizar las condiciones para que las mujeres se sientan en un ambiente acogedor. Veo que el Ecuador está trabajando en esa dirección, por supuesto hay mucho por hacer todavía.

¿Por qué les resulta hostil la justicia a las mujeres?

Las descalifican, no toman en cuenta lo que ellas plantean, tratan de confundirlas porque piensan “seguro es solo que esta señora se peleó con el esposo”, es decir, no hay un entendimiento de la situación por la que está pasando la mujer. Por eso es tan importante todo ese trabajo de sensibilizar y de capacitar a las personas que intervienen: desde el policía que recibe la denuncia, hasta el portero que le puede registrar el número de cédula, porque esa primera impresión puede hacer que la mujer no se atreva.

Puede ser que usted y yo vayamos y no tengamos ningún problema porque tenemos una preparación, porque hemos estado relacionadas con la justicia en algún momento o porque hemos ido a oficinas públicas muchas veces, pero imaginemos una mujer del sector rural o una mujer que no ha tenido la posibilidad de tener una educación, que está en su casa atendiendo a sus hijos y que la agreden o violentan alguno de sus derechos. Hay que ver el esfuerzo tan grande que tiene que hacer esa mujer para primero hablar de ese asunto que la hace sentir muy mal y luego, si no tiene las condiciones para que ella se sienta acompañada y respetada, es muy seguro que va a desistir.

Existen personas que piensan que atender a mujeres que sufren de violencia es un desperdicio de recursos justamente porque muchas veces ellas desisten de sus procesos por todo lo que usted ha explicado anteriormente. ¿Qué les diría usted a esas personas?

20Yo estoy trabajando en acceso a la justicia para mujeres de pocos recursos desde hace 40 años, trabajando justamente en asistencia jurídica desde que era estudiante. Siempre pensé que hay que darles todas las facilidades y todas las condiciones, no pensemos que siempre van mujeres preparadas y, más allá de eso, a mí me ha tocado acompañar a amigas mías que han tenido un problema y se sienten absolutamente desprotegidas.

El tema de la violencia contra la mujer es un tema muy complejo y es muy fácil decir “no, es que las mujeres desisten porque el marido les da unas flores, un caramelito y eso las endulza”. Puede ser, a veces pasa eso, pero también pasa muchas veces que terminan matándolas.

Como instituciones tenemos responsabilidades que son ineludibles, y por mucho que de 100 mujeres desistan 99, el Estado tiene la responsabilidad ética de seguir atendiéndolas.

¿Qué se puede hacer para que esa atención no sea hostil para ellas?

Lo que hay que hacer es buscar las estrategias, hay que pensar y hay que repensar, para determinar qué estamos haciendo, que no le estamos brindando todas las condiciones para que ella realmente salga de una situación de violencia, que no es solamente el tema judicial, es el tema económico, de salud, educación, ingresos. Sí, el problema de la violencia es complejo, y debemos pensar que también la repuesta es compleja.

Podemos brindar la mejor respuesta desde el tema judicial, pero si la mujer no tiene con qué darle de comer a los hijos o no tiene a donde irse, no tiene trabajo, ¿cómo hace? Hay que crear todas las condiciones, toda la red necesaria para que esa mujer pueda salir de una situación de violencia, con el menor costo para ella. No podemos pensar que la solución está solo en lo judicial, es una parte muy importante, pero una parte.

¿Cómo mira usted los cuerpos legales que hay en el país y la tipificación del femicidio en el COIP?

La tipificación del COIP, desde un punto de vista penal, es bastante avanzada. Lo que está faltando son temas de prevención y las faltas que no llegan a ser delitos. Hay que buscar una complementariedad con algún tipo de norma para atender esta otra parte que está pendiente, para que quede completo el marco jurídico.

¿Cómo está en Ecuador el acompañamiento de las políticas públicas para que exista un adecuado respaldo a las mujeres?

Tenemos varias cosas. Tenemos el COIP que es el marco legal del tema de violencia, luego tenemos la política pública que es el Plan de Erradicación de la violencia de Género, es una política de estado, creada por decreto presidencial en el 2007 y acaba de readecuarse porque hay una nueva Constitución y un nuevo código. Entonces, se están retomando acciones, se está dando más fuerza al Plan como tal y eso es fundamental, el trabajo articulado.

Si atendemos muy bien todo lo que es justicia y desatendemos las otras áreas, no vamos a tener los resultados que esperamos de reducción de la violencia contra la mujer y reducción de la impunidad.

El Plan, además, es intersectorial, atiende distintos niveles, y el gran paso que ha dado es la territorialización. Ahora se están creando mecanismos en cada una de las provincias para aterrizar el Plan, pero además para capitalizar las acciones de las distintas instituciones como parte de algo más. El reto de mayor importancia, ahora, es difundir todo lo que se está haciendo como parte del Plan.

También se han sumado como aliados del Plan, el Consejo de la Judicatura y la Asamblea Nacional, precisamente para combatir la impunidad. Entonces, se están dando pasos sumamente interesantes en el tema de consolidar el trabajo de erradicación de la violencia contra las mujeres, porque se están tomando en cuenta todos los distintos aspectos.

Nosotros estamos apoyando todo el tema del Plan en el monitoreo, en los indicadores, para contar con un registro de lo que se está haciendo.

¿Qué hay de las campañas que se han producido contra la violencia?

Yo creo que son indispensables, porque estamos hablando de que en el fondo lo que tenemos son problemas culturales y la única forma en la que se puede llegar masivamente es a través de campañas.

Mi recomendación es que se hagan campañas que se puedan sostener más en el tiempo. Tres o seis meses es muy poco. Necesitamos campañas que estén pasándose todos los días, varias veces, porque llega un momento en que ya empiezas a verlo como natural. Han habido varias, recuerdo que cuando estuve la vez pasada se hizo “El Machismo es Violencia”. Fue súper impactante y tuvo mucha acogida, después se replicó en Paraguay. Ahora se hizo la de “Infórmate, Habla, Actúa”, pero el tema es que las campañas cuestan mucho dinero y se necesitan muchos recursos para poder mantenerlas en el aire. Ojalá los medios de comunicación privados destinarán un porcentaje de su tiempo para transmitir este tipo de campañas, porque ellos son fundamentales para cambiar los patrones culturales.

Finalmente, ¿cómo mira usted la labor que hace la Defensoría Pública con las mujeres?

Con la Defensoría hemos tenido algunos apoyos y hay algunas cosas importantes que se están haciendo, precisamente, en el caso particular y específico de la violencia contra las mujeres.

La Defensoría está atendiendo a las mujeres y brindándoles un acompañamiento que es fundamental. La labor de apoyo que hace la Defensoría Pública es extraordinaria para ayudar a las mujeres en estos procesos que son tan difíciles para ellas por todo lo que hemos hablado.

María José Lasso

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