Castigar o reconciliarnos, dos opciones que marcan la justicia

Castigar o reconciliarnos, dos opciones que marcan la justicia

octubre 20, 2015
in Category: Perspectivas
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Castigar o reconciliarnos, dos opciones que marcan la justicia

Cuando una persona ingresa al sistema penal, por cualquier circunstancia, es de particular importancia que para el juzgador su prioridad sea conocer las causas de su personalidad criminal y así, en el momento de impartir justicia, se constituya en el elemento imprescindible que permita lograr el éxito de la reconciliación con la sociedad y viceversa. Además, que se camine hacia evitar la reincidencia o la ejecución de otras conductas consideradas como criminales. Se trata de concretar el ideal de una sociedad libre de violencia y de respeto de los derechos humanos de todos sus integrantes.

Esta utopía ha ido sufriendo un profundo desplazamiento por el requerimiento de seguridad ciudadana y la respuesta que los estados tienen para combatir el delito, siendo esto socialmente aplaudido y avalado por los medios de comunicación, fundamentalmente, en la construcción de la noticia y su presentación. Es entonces cuando lo que se obtiene de la colectividad es que su percepción varíe en función de la noticia criminal, el conjunto de loas y la cantidad de acciones delictivas que fueron reprimidas fuertemente a pesar de que en la tarea de construir una sociedad incluyente y solidaria es altamente riesgoso cuando se considera como único mecanismo de contención y, hasta de prevención, a la prisión incluida para los delitos menores. Se olvida así el análisis de la realidad y el entorno de las personas que están siendo procesadas. En los países de la región la mayor cantidad de personas que se encuentran privadas de libertad cumplen penas por delitos contra la propiedad y tráfico de sustancias sujetas a fiscalización, lo cual convoca a que los agentes aprehensores y los operadores de justicia lleven en sus hombros una enorme responsabilidad de gerenciar la libertad de estas personas a sabiendas de que los regímenes de rehabilitación han sido poco exitosos y en su lugar se han convertido en submundos en los que subsisten los más fuertes y los débiles se ven obligados a sumirse en ese tejido social perverso aprendiendo a sobrevivir, incluso, con nuevas herramientas que no conocían. Todo esto, además, con una población carcelaria en edades consideradas como económicamente activas, jefes de hogar o el principal sustento de sus hogares disfuncionales y con necesidades apremiantes.

La idea de reforzar el orden no permite estudiar individualmente que el joven que comete una infracción penal puede venir de una familia que omitió afecto, que omitió normas, que consumía drogas dentro del proceso de embarazo, que constantemente estaba en conflictos, entonces esas personas van adquiriendo conductas que afectan su integración social. Así creen que funciona todo, con un poco o mayor violencia y van aumentando su idea de fuerza porque en sus colectivos son aceptados de esa manera, hoy robaste y te convierte en el líder de la pandilla para que cometas algo más fuerte y va creciendo su poder y por ende se desarrolla su conducta delictiva. En estos entornos se relacionan con el delito a muy pronta edad en la que aún no pueden entender la magnitud de sus procederes en las calles, no sabemos en qué punto de esa relación madre e hijos, hermanos, vecinos, compañeros o amigos influyó la mala decisión que tomaron para cometer delitos. Las primeras alertas que deben ser atendidas inmediatamente son las de inasistencia o deserción escolar, este solo hecho ya nos anuncia que algo malo está ocurriendo en su entorno.

Los jóvenes que ingresan al sistema penal, deben ser vistos como víctimas, a pesar de que la aplastante mayoría de las personas quizás piensan que son victimarios, porque para llegar a hacer lo que hicieron es que hay una historia detrás de ellos. Al juzgarlos por el hecho final que los inserta en el sistema penal caminamos muy en la superficie porque afortunadamente muchos no tenemos las carencias que ellos tienen y es importante que nos pongamos en la realidad que les tocó vivir. Lamentablemente ocurre lo contrario, porque la sociedad aplaude que en el sistema penal y en el sistema penitenciario pasen a ser los sin voz, usted se calla, usted se merece estar en la cárcel, ni pedir ni solicitar. Entonces sus rostros se llenan de violencia, de desesperanza.

Por las razones expuestas se trata de resolver un cuestionamiento: ¿castigar o reconciliarnos?, debemos cambiar su narrativa y su realidad de agresión, de violencia, de carencias por una de esperanza, de ganas de estar en una comunidad incluyente con un formato de ser aceptados pero sin etiquetas. Estamos en la obligación de acercarnos a su realidad y son la educación y las políticas públicas inclusivas las únicas herramientas que nos quedan para reconciliarnos como seres humanos para convivir o enjaularnos para vivir incomunicados y de espaldas a la realidad.

El profesor Boaventura de Sousa Santos, acertadamente señala en su artículo titulado, Para leer en el 2050: “(…) Se desarrolló el modo a través del cual los envases inventaron sus propios productos y de no haber productos fuera de ellos. Por eso, los paisajes se convirtieron en paquetes turísticos y las fuentes y manantiales tomaron la forma de botella. Cambió el nombre de las cosas para que estas se olvidaran de lo que eran. La desigualdad pasó a llamarse mérito; la miseria, austeridad; la hipocresía, derechos humanos; la guerra civil sin control, intervención humanitaria; la guerra civil mitigada, democracia. La propia guerra pasó a llamarse paz para poder ser infinita (…).

(…) Con el tiempo, el pueblo se transformó en el mayor problema, por el simple hecho de haber tanta gente demás. La gran cuestión pasó a ser qué hacer con tanta gente que en nada contribuía al bienestar de quienes lo merecían. La racionalidad se tomó tan en serio que se preparó meticulosamente una solución final para los que producían menos, por ejemplo, los viejos. Para no violar los códigos ambientales, cuando no fuese posible eliminarlos, fueron biodegradados. El éxito de esta solución hizo que después fuese aplicada a otras poblaciones descartables, como los inmigrantes, jóvenes de las periferias, tóxicodependientes, etcétera (…)”.

Julio Ballesteros Vaca

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1 comment

  1. jonathan chavez salazar
    Reply

    Muy bien Julio Ballesteros

    Es alentador leer y oir sus pensamientos plasmados en letras que ayudan a entender la realidad de la vida

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