Rossana Viteri: “la situación de las niñas es de mayor vulneración”

Rossana Viteri: “la situación de las niñas es de mayor vulneración”

diciembre 4, 2015
in Category: Entrevistas
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Rossana Viteri: “la situación de las niñas es de mayor vulneración”

Rossana Viteri es directora de Plan Internacional Ecuador, una organización no gubernamental que trabaja para mejorar la calidad de vida de los niños y niñas. Viteri explica la situación de las niñas en el país: por las investigaciones y el trabajo de campo hecho por Plan desde hace 52 años, en más de diez provincias, considera que las niñas son las más vulnerables de los vulnerables. Aquí sus razones.

¿Cuál es la situación de violencia que viven todas las mujeres, las niñas en especial?

Desde el año 2007, Plan Internacional ha publicado, año tras año, diferentes reportes, similares a lo que hacía UNICEF, sobre temáticas de las niñas, su situación penal, la educación, las niñas en contexto de guerra (antes, durante y después de la guerra); las niñas y la economía, las niñas en emergencias, las niñas en contextos urbanos; las niñas y las nuevas tecnologías. Es decir, una gama amplísima de temas y la conclusión de todos ellos es que las niñas sufren un nivel de discriminación único, diferente de los niveles de los niños.

No dice la investigación que solamente las niñas son discriminadas, pero sí dice que las niñas sufren situaciones diferentes de discriminación en todo el planeta, que las ponen en una situación de desventaja.

¿Por qué es necesario este tipo de investigaciones temáticas focalizadas, si probablemente la conclusión nos lleva al mismo lugar?

La conclusión puede llegar al mismo lugar o al lugar que uno ya conoce, pero con datos, porque de otra manera es fácilmente desvirtuada. En el contexto de los países de América Latina, la situación de las mujeres ha mejorado sustantivamente en el acceso a la educación, al empleo, tienen mayores niveles de autonomía, aunque persisten algunos problemas. Sin embargo, hay otras preguntas pendientes sobre la situación de las mujeres, como por ejemplo, ¿qué pasa con la educación de las poblaciones indígenas? Ahí se encuentran las desventajas: el analfabetismo es mucho mayor en poblaciones indígenas de mujeres adultas. En el tema del empleo hay mayor acceso, pero nunca a la par que el de los hombres. Es decir, las mujeres todavía siguen ganando menos, creo que en Ecuador estamos en un 25 por ciento de salario menos con el mismo currículum y con la misma experiencia.

Si la situación ha mejorado en comparación con años anteriores, ¿qué es lo que está pasando?

Desde el punto de vista de todas las investigaciones de Plan, que hemos hecho en Ecuador, sobre trabajo infantil doméstico, tanto el trabajo pagado como el no pagado, los patrones culturales de la violencia que sufren las niñas no han cambiado a la par de otros avances económicos, educativos, incluso, sociales.

¿Por qué esta diferencia entre niños y niñas?

Porque en los niños y niñas, desde que son concebidos, desde que están en la etapa de gestación, empiezan las diferencias. En Estados Unidos había un estudio muy interesante sobre cómo los familiares tratan a las niñas y a los niños en el hospital, una vez que nacen y ya, desde ese momento, se podían demostrar tratos diferentes. Por ejemplo, a las niñas hay que cargarlas con mucha suavidad, porque son niñas, pero los niños son más resistentes. Entonces, son conceptos que están detrás de un imaginario social que ubican a las mujeres y a las niñas en una posición de poca valoración.

Cuando se revisa el escáner social, ¿dónde se ubica a las niñas?

En las más bajas escalas sociales. ¿A qué lleva esa poca valoración de las mujeres? A que puedan ser consideradas objeto de violencia. Es decir, a que no exista un respeto, una consideración de esa otra persona como igual a mí, y con ello, es mucho más fácil incurrir en violencia.

Plan Internacional lanzó la campaña “Por ser niña”, que aborda cuatro barreras principales: la violencia; el embarazo adolescente, que está muy ligado al tema de la violencia, porque las niñas de 13 y 14 años, lógicamente, no se han embarazado por su gusto. Es decir, lo mínimo que han sufrido es mucha presión, cuando no abuso; también están el trabajo infantil doméstico; y el acceso y la calidad de la educación. Para dar soporte a esta campaña presentamos tres iniciativas: “Cartas de niñas”, “Sueños de niñas” y ahora “Cantos de niñas”.

Sistematizamos alrededor de dos mil cartas hechas en 18 provincias. Esas cartas nos han costado lágrimas, porque una cosa es ver las escalofriantes estadísticas y otra cosa es escuchar con nombre y apellido lo que una niña cuenta, los horrores que vive en su casa, en su familia, en su comunidad. En resumen, las niñas viven miedo y violencia. En la casa, la mayoría de las personas que las violentan son conocidos o personas que dicen quererlas y el otro espacio es la calle, que tampoco es seguro.

En Plan Internacional vemos con mucha preocupación la normalización de esa violencia, aunque sabemos bien que no es solamente en nuestro país, yo creo que es un fenómeno, por lo menos, latinoamericano. Están “acostumbradas” a esa violencia, las niñas saben que no pueden moverse con la misma autonomía con la que se mueven los chicos porque siempre está en riesgo su seguridad.

¿La violencia tiene que ver con el estrato social, el nivel de educación, la condición económica de vida de las niñas?

Las cartas que nosotros hicimos son en grupos de alta vulnerabilidad, son las niñas que pertenecen a los estratos más pobres de esta sociedad. Sin embargo, los estudios en el mundo y los estudios en el Ecuador, dicen que la violencia no discrimina clase social, nivel educativo, etnia, es decir, las mujeres con altos niveles de educación y carreras, a veces altamente exitosas, siguen siendo víctimas de violencia.

¿Por qué es necesario cuando hablamos de violencia separar niñas de mujeres?

Esa es una pregunta sumamente interesante. Por un lado, las organizaciones de mujeres han trabajado fuertemente por las reivindicaciones de las mujeres adultas y quizás han llegado hasta el embarazo adolescente que es un problema que le preocupa no solo al Ecuador, creo que es un problema de toda la región, somos la primera región del mundo con el mayor número de niñas adolescentes embarazadas.

Pero, por otro lado, las niñas se quedaron invisibilizadas. Lo mismo les pasa a las niñas en las organizaciones de infancia y en el territorio de las políticas públicas. Las organizaciones de infancia hemos trabajado con la mejor intención al igual que las organizaciones de mujeres como si niños y niñas fueran iguales. El tema de género ha sido muy difícil de ser incorporado en la política pública, en la normativa, en el imaginario social, muchas veces se piensa que es un tema que está por demás.

Entonces, ¿en la escala de la violencia les va peor a las niñas?

Definitivamente, si los países entendiéramos eso tendríamos otras situaciones, porque tendríamos muchos más programas abordando ese tema. Tendríamos más legislación, más políticas, sociedades menos tolerantes a la violencia. ¿Cómo es posible que se tolere con tanta facilidad la violencia, que toleremos que niñas pequeñitas sean violadas? Durante el último mes tuvimos tres o cuatro casos publicados en los periódicos de niñas que fueron violadas y asesinadas. Entonces, hay que preguntarse qué es lo que está pasando, porque no es solamente desde el lado público, desde el lado del Gobierno, ese es un tema de la sociedad, un tema que nos involucra absolutamente a todos. Hay que saber qué es lo que estamos haciendo en nuestras casas para educar a esas niñas y a esos niños, para que esas niñas soporten la violencia y para que esos niños crean que cuando son adultos están en una posición que pueden ser violentos con una mujer o ser violentos desde pequeñitos.

Las cartas de las niñas muestran como está esta relación de violencia desde la escuela, quizás antes eso se veía un poco menos porque estaban separadas las escuelas de las niñas con las escuelas de los niños. Ahora estas problemáticas, que tal vez son nuevas, se dan en la escuela donde las niñas tienen muy poca privacidad, donde las niñas son molestadas sexualmente en los baños, en la salida del colegio, en cualquier espacio donde los niños les dicen y les hacen cosas muy feas.

De la violencia que sufren, ¿cuál es la peor violencia?

Yo creo que la peor violencia es la sexual. Sin embargo, las niñas a veces dicen que de los golpes se olvidan, pero de las ofensas no se logran olvidar nunca. A veces uno piensa que la violencia sicológica no es tan grave, sin embargo, cuando las niñas conversan con nosotros dicen que la violencia sicológica es aún mucho más grave, porque nunca se van a olvidar de las palabras que les dijeron.

Por otro lado, creo que la violencia sexual tiene implicaciones muchísimo más graves para una niña que no tiene las herramientas para digerir la violencia sexual -me parece que nadie tiene estas herramientas-, menos ella. Además, si la niña se queda embarazada es muy probable que repita el círculo vicioso de la pobreza.

Cuando existe violencia sexual, ¿los casos llegan a tiempo al Sistema de Justicia?

Estimo que llegan más que hace diez años. Comparativamente también hay mejores capacidades, quizás esa es una de las razones por las que vemos continuamente un aumento en las cifras de denuncia de violencia. Creo que en el Sistema de Justicia, la resolución de los casos deja todavía mucho que desear y es un proceso tremendamente difícil de sostener para las familias. Recordemos también que en nuestro país tenemos algunas otras situaciones, por ejemplo, la justicia indígena, cuando ocurren estos casos las familias pueden acudir a la una o a la otra justicia y no necesariamente funcionan bien, pero la niña víctima sí puede estar en peores condiciones y, a veces, en la justicia indígena aun más.

Las familias hacen un acuerdo económico entre las familias o le imponen un castigo al muchacho, sin embargo, la niña no recibe apoyo sicológico, la niña no recibe ningún tipo de restitución de sus derechos. En la justicia ordinaria, los relatos dicen que no se da mucho crédito a lo que ocurre, al relato de las chicas, porque vuelve a funcionar ese imaginario patriarcal, machista, sobre que ella lo habrá provocado, ella lo habrá querido, quizás fue por su propio gusto, lo aceptó. No obstante, yo no puedo creer que una niña de 12, 13 o 14 años acepte algo así.

En su experiencia, ¿qué opina de la declinación de competencias para delitos sexuales contra niñas y adolescentes? La justicia indígena pide el caso a la justicia ordinaria para tratarlo, ¿cree que hay alguna posibilidad de justicia?

Personalmente pienso que no. Respeto mucho a la cultura indígena, pero cuando hay temas de justicia y cuando hay delitos creo que lo menos que se le puede devolver a una niña es justicia. ¿Cómo se repara a una niña que ha sido víctima de violencia sexual?

En lo que conoce el Plan, ¿qué pasa con la justicia ordinaria, con el tratamiento de estos delitos?

Vemos demoras y complicaciones durante el proceso, vemos presiones a las familias y a veces por montos económicos se retiran las demandas y la justicia se queda sin ninguna capacidad de hacer algo.

Vemos muchas dificultades en las familias de sostener este proceso, desde lo económico porque son tiempos muy alargados de duración del juicio, de tal manera que, yo sí creo que más allá de los esfuerzos realizados para encontrarse con una justicia más eficiente, todavía hay brechas muy importantes.

Entonces, ¿la pobreza incide en la falta de acceso en la justicia?

Claro que sí.

¿Cuáles son los grandes pendientes del Estado y de la sociedad?

Desde el lado de la sociedad necesitamos un proceso de sensibilización para salir de esta normalización de la violencia. Desde el Plan Internacional siempre repetimos que ninguna violencia es justificable, que toda violencia puede ser prevenible, la primera prevención está en la familia, desde el lado educativo, desde el lado de la salud.

Yo diría que necesitamos, urgentemente, en los centros educativos, fortalecer el tema de convivencia, de la manera en como conviven los niños en ese mismo centro escolar.

Desde el lado de la justicia, necesitamos una justicia mucho más dispuesta a proteger a la infancia, mucho más comprometida con el daño que sufre un niño o una niña que ha sido víctima de violencia y cómo eso tendría que ser reparado a la brevedad posible y de cómo las sentencias muestran una sanción ejemplificadora que haga que otro se desanime de ir por ese camino.

¿Por qué?

Porque si es tan fácil, si no pasa nada, si la persona cree que no le van a denunciar, no se detendrá.

¿Y qué pasa con los varones, con los niños?

Cuando uno habla de abuso sexual piensa que es exclusivo de las niñas, pero no es así, los niños también sufren abuso sexual. Es muy difícil para ellos cumplir con este imaginario de la sociedades machitas y patriarcales de que los hombres tienen que ser fuertes, valientes, que no tienen que llorar ni mostrar sus sentimientos, de que tienen que ser duros y ser los proveedores de la familia.

Tenemos un estudio que se llama ¿Y los niños qué? muestra que los papás que están más involucrados con sus hijos crían niños menos violentos y son papás no violentos. Las hijas de estos papás son más seguras, más autónomas, tienen más sueños en su vida, tienen más seguridad, entonces las ganancias de la equidad y de la no violencia, son inmensas para la sociedad y para el propio Estado.

Amelia Ribadeneira

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