América Latina muestra el camino de cómo se debe tratar a los refugiados

América Latina muestra el camino de cómo se debe tratar a los refugiados

febrero 25, 2016
in Category: Entrevistas
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América Latina muestra el camino de cómo se debe tratar a los refugiados

María Clara Martín, representante de ACNUR en Ecuador, considera que los refugiados son los migrantes más vulnerables que necesitan una atención especial por parte del Estado. Se trata de ciudadanos que tienen que dejar sus hogares por conflictos armados, por sus posiciones políticas, por asuntos de etnia o religión, entre otras razones. Para ofrecer una mejor atención, no es suficiente que los estados actúen, las sociedades deben participar procurando una acogida lo más humana posible. Con respecto a las crisis que se vive en Europa, plantea que el continente debe mirar su historia y aplicar las covenciones internacionales sobre refugio.

¿Hay alguna nueva comprensión de lo que significa refugio, sobre todo ahora que el mundo está viviendo esta coyuntura tan penosa con respecto a la migración, en especial, en Europa?

Desgraciadamente no hay una nueva comprensión y lo que estamos viendo en Europa es la antesala de una crisis humanitaria. Afortunadamente existen muchos ciudadanos que tienen la concepción tradicional y los valores por los que Europa siempre se ha caracterizado: de refugio, de humanidad, de fraternidad. Sin embargo, vemos cada vez más trabas para que los refugiados lleguen, estamos hablando de un millón de personas que llegaron el año pasado, más de 150 000 este año, 80 por ciento de las cuales se pueden considerar refugiadas.

Europa cuenta con una buena legislación. Todos los estados han firmado la Convención de 1951 sobre el refugio y el Protocolo del 67, no obstante, están, como dice nuestro alto comisionado, a riesgo de violar el derecho internacional y las mismas convenciones.

¿Por qué cree que los gobiernos han reaccionado de esta manera frente a la gente que está intentando llegar a Europa?

Es muy difícil entenderlo cuando Europa siempre se ha caracterizado por recibir refugiados y porque también ha sido beneficiaria de la solidaridad de otros países, en particular, después de la segunda guerra mundial, en el Siglo XX. Hay una xenofobia creciente, hay una deshumanización del otro y eso hace que se mire como una cuestión de números y no de seres humanos.

¿Cuáles son las principales trabas que ponen los países a los refugiados? O ¿a qué le temen? 

Bueno, hay una crisis económica y en ese contexto le temen a más gente, le temen a las culturas diferentes, es un poco el miedo al otro.

¿Es xenofobia?

La xenofobia es en general producto del miedo más que de otra cosa.

¿Hay una dosis fuerte de ignorancia frente al extranjero?

Es claro que hay una dosis fuerte de ignorancia. Los ataques terroristas que han ocurrido, sobre todo en Francia, no ayudan a que la gente sea más tolerante. Sin embargo, es interesante la reacción de muchos europeos que se han mostrado abiertos a recibir a los refugiados sirios; hay todo un movimiento para que se les conceda el premio Nobel de la Paz a los griegos que han estado en las islas, esa petición está circulando en las redes sociales.

Entonces, ¿si habría un nuevo repensar sobre el refugio?

Yo creo que no hay que repensar nada, hay que volver a los principios humanitarios que siempre se han defendido en Europa y en el mundo. Solo hay que mirar la Declaración Universal de Derechos Humanos para ver que todas las personas tienen derecho a ser tratadas con dignidad, a ser tratadas humanamente, tienen derecho a un debido proceso y eso ni si quiera se está cumpliendo.

¿Cómo se ha comportado América Latina frente a esta situación?

América Latina tiene una larga tradición de asilo y de refugio, y ha sido siempre pionera en estos temas. La Región no ha recibido grandes cantidades de refugiados sirios, pero hay programas interesantes para esta causa en Brasil y en Uruguay.

En este momento América Latina está mostrando el camino de como se debe tratar a los refugiados y ahí entro en el terma Ecuador: es un país que ha abierto sus puertas a los refugiados colombianos en particular, son cientos de miles los que han venido. Si comparamos como está tratando Europa a los refugiados, en este momento creo que Ecuador tiene mucho para mostrar.

¿La legislación cuánto tiene que ver en posibilitar el refugio?

Ecuador tiene una Constitución altamente garantista, es una de las mejores en el mundo, que reconoce el derecho al refugio y al asilo, y que de una forma muy importante reconoce que los refugiados tienen los mismos derechos que los ciudadanos ecuatorianos.

Al contar con estos derechos en la Carta Magna, las legislaciones y las políticas llegan en cascada. Es mucho más fácil implementar medidas que les permita a los refugiados trabajar, ir a las escuelas, a los centros de salud del estado, etc.

¿Ecuador cómo se encuentra frente a los otros países de América Latina?

Es el país que más refugiados tiene. Por su proximidad con Colombia, Ecuador tiene entre 57 000 y 60 000 refugiados reconocidos, además, hay una gran población de solicitantes de asilo, gente que necesita protección internacional.

Argentina tiene entre 5000 y 6000 refugiados, Brasil cuenta con programas de asentamiento importantes, pero no tiene la cantidad de refugiados que tiene el Ecuador.

Ecuador ha sido, en estos últimos 20 años, el pionero y el país que más ha sido afectado por las cuestiones de refugio en América.

Entonces, no solamente hablamos de la necesidad de un marco normativo, sino de la voluntad política de los gobiernos para acoger a los refugiados.

Absolutamente y en eso tenemos que reconocer que Ecuador ha facilitado mucho el trabajo. Tienen la Constitución, hay un marco legal y hay una voluntad política de asistir y abrir las puertas a los refugiados; es una voluntad que no encontramos en los otros lados.

¿Qué tienen que hacer las sociedades para romper el miedo y superar la xenofobia?

La sociedad necesita mucha empatía, ponerse en los zapatos del otro, imaginarse lo que significa tener que salir de su casa porque la están destruyendo o lo que significa hablar un determinado idioma o tener un determinado color de piel y que solo por eso le persigan, le discriminan, le amenacen e  incluso puedan llegar a matar a su familia.

La gente tiene muchas veces ideas erróneas, de que un colombiano es “delincuente” o que un musulmán es terrorista y no va más allá, ver, por ejemplo, el por qué esa persona salió de su país, qué le pasó, cuál es su historia, cómo alimenta a sus hijos, qué aspiraciones tiene, etc., etc. Creo que cuando la sociedad pueda realmente ponerse en los zapatos de otras personas, las cosas van a cambiar. Es un gran trabajo de concientización, de explicación, de campañas, de sacarle a la gente lo que realmente tiene adentro: la empatía.

Hay un papel muy importante que juegan los medios de comunicación masivos al generar o reafirmar estereotipos discriminatorios que inciden en la percepción negativa que las personas tienen sobre los extranjeros.

Así es y eso lo estamos viendo en Europa constantemente con la prensa amarillista. Recuerdo que hace unos años, unos periódicos ingleses titularon que los solicitantes de refugio eran esponjas, que llegaban a absorber todos los beneficios de los países. Los medios de comunicación tienen un rol importante, pero es muy difícil lograr un equilibrio. Llega un momento en que estamos vacunados de las tragedias humanas, como la imagen del niño que murió en la playa en Grecia que impactó a mucha gente, lloramos, pero luego pasó. La pregunta es ¿cómo hacemos para que lo que publica la prensa nos lleve  a la acción y no nos inmunice ante todas estas calamidades?

¿Cuál sería la respuesta?

Creo que hay que mantener la presión sobre la opinión pública, sobre los gobiernos, y tratar de proponer soluciones, demostrarle al ciudadano que también puede hacer algo para cambiar esa situación. Si el ciudadano se siente totalmente incapaz de hacer algo va a decir basta, pero la prensa puede mostrarle que hay una forma de ayudar, puede contar las historias de personas que acogen en sus casas a refugiados, mostrar que ha sido una experiencia positiva.

¿Cuánta gente está necesitando de refugio?

A nivel mundial estamos hablando de casi sesenta millones de personas que han tenido que salir de sus hogares forzadamente.

¿Y dónde están esas personas?

Están en todas partes del mundo. La mayor cantidad evidentemente está saliendo de Medio Oriente, no obstante, en Colombia, sin ir mucho más lejos, hay más de seis millones de desplazados internos y hay probablemente unos trecientos mil refugiados colombianos a nivel mundial.

En América Latina, ¿cuántos refugiados tenemos?

Entre refugiados y personas que están en una condición similar que han tenido que huir de sus países tenemos unos 620 000.

Hay otra realidad de los refugiados cuando están legalmente en un país: son víctimas de explotación laboral, no tienen acceso suficiente a los servicios de salud, de educación. ¿Qué opina sobre esto?

Pasa en muchos países. Los refugiados están entre los grupos más vulnerables, no conocen las leyes, no conocen sus derechos y hay gente que se aprovecha de su situación, en especial, cuando los refugiados todavía no cuentan con su carnet que legaliza su estancia.

En Ecuador tenemos la suerte que todos esos derechos están codificados en la Constitución y en las leyes, con lo cual los refugiados tienen acceso a los servicios públicos. Y, ahora, con la Ley que se votó el 10 de diciembre sobre la identidad, también tienen derecho a una cédula.

Probablemente el proyecto de UNASUR, de la ciudadanía sudamericana, les convenga a muchos  ciudadanos que estén en riesgo, como a los colombianos.

Les va a convenir siempre y cuando se reconozca que hay ciertos individuos que tienen necesidad de protección internacional.

¿Cuáles son las razones por las que la gente se ve forzada a dejar su país?

Se debe a razones de persecución por raza, religión, origen, idioma, género, puede ser también por un conflicto interno o externo, por una guerra evidentemente o por violaciones masivas de derechos humanos.

¿La guerra es la causa que genera la mayor cantidad de refugiados?        

En cantidad sí, pero hay mucha gente que tiene que salir debido a sus opiniones o actividades políticas, o por su origen étnico o por su raza, orientación sexual, género, etc., incluso cuando los países están en paz.

El Ecuador tiene la Constitución y algunas leyes que protegen a los refugiados, la pregunta que falta es ¿cómo se ha portado la sociedad ecuatoriana con estos ciudadanos?

Creo que la sociedad ecuatoriana se ha comportado muy bien, no podemos negar que hay instancias de discriminación y de racismo como hay en todas partes del mundo, pero cuando yo hablo de que el Ecuador ha abierto sus puertas, no hablo solo del gobierno, ni del Estado, hablo de todo el Ecuador en su conjunto

¿Cómo mira ACNUR los procesos de integración de América Latina en el contexto de la movilidad humana? ¿Qué puntos de avance hay, qué puntos de estancamiento o retroceso?

Lo vemos de una forma muy positiva. Lo que sí nos preocupa es que un refugiado no es un migrante cualquiera, siempre va a necesitar de una protección especial, pues se trata de alguien que tiene que salir de su casa porque su vida corre peligro.

La Defensoría ha conocido casos de ciudadanos extranjeros que intentan ingresar al Ecuador como refugiados, pero se han quedado en las zonas estériles de los aeropuertos internacionales. ¿ACNUR sabe de este tipo de casos?

Ahí es donde valoramos enormemente el trabajo de la Defensoría Pública, porque ustedes se han apropiado de ese problema para asegurarse que esa gente pueda tener acceso al refugio. Se trata de un problema a nivel mundial, los refugiados no tienen derecho al debido proceso, por eso trabajamos con las instituciones nacionales.

Otro tema delicado es el de los menores no acompañados, ¿cómo mira este fenómeno en América Latina?

Es un problema grande y lo tenemos que mirar en toda su dimensión. El rol que tienen las defensorías públicas, de representación de los menores, de asegurarse que el mejor interés del menor sea respetado y considerado, es crucial. También es importantísimo el trabajo que están haciendo las defensorías a nivel Latinoamericano, particularmente en Ecuador estamos realmente muy contentos, la colaboración con la Defensoría Pública es vital.

Amelia Ribadeneira

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