Malú Camacho: “Mi testimonio puede ser que ayude a otras mujeres”

Malú Camacho: “Mi testimonio puede ser que ayude a otras mujeres”

junio 27, 2016
in Category: Entrevistas, Género
10 47380 5
Malú Camacho: “Mi testimonio puede ser que ayude a otras mujeres”

Malú Camacho es una mujer que salió de la oscuridad, ese hoyo negro en el que cayó por la violencia física y sicológica de la que fue víctima durante tres años. El autor: el padre de sus hijos, el hombre en el que creyó encontraría la felicidad. Hablar con ella es una lección de vida alentadora, es encontrar a una mujer que decidió luchar por sí misma y por sus hijos, es una ecuatoriana que salió del infierno por sus propios pies y hoy está empeñada en ayudar a otras mujeres que están atrapadas en el círculo brutal de la violencia.

A primera vista, es difícil creer que vivió el amargo de ese mal que ha destruido la vida de miles de mujeres, pues es capaz de contar su historia con altivez, porque es consciente de que probablemente servirá a otras víctimas e inclusive a los agresores, para que reaccionen y pongan fin a esa vida miserable en la que están cautivos. Malú Camacho es una mujer empoderada, decidida, llena de coraje, está comprometida consigo misma y con los suyos, es una luchadora que volvió a vivir y que tiene mucho que enseñarnos.

¿Por qué decidiste hacer pública tu historia de vida?

Todo empezó un 4 de marzo (de 2016) cuando leí en el muro de Facebook, de Alexis Ponce, una persona que no conozco directamente, una nota en la que hablaba de los femicidios de dos turistas (las jóvenes argentinas asesinadas en Montañita). Él llamaba a que el 8 de marzo, desde las ocho de la mañana, todo el mundo bombardee las redes sociales con el hashtag “ni un femicidio más”. Pensé que era una interesante propuesta, la compartí y escribí que es necesario que se acabe con el machismo y con la violencia, que necesitamos una nueva sociedad. Un par de días después, manejaba por la ciudad y me dije: voy a contar mi testimonio, puede ser que ayude a otras mujeres, puede ser que ayude a otros hombres a darse cuenta de que están actuando mal.

¿Cómo se escribe un testimonio de violencia contra una misma?

Fue el 7 de marzo, lo publiqué cerca de la medianoche, después de que mis hijos ya dormían. Yo llego a la casa alrededor de las seis de la tarde y desde ese momento hasta que mis hijos van a dormir, es tiempo para estar con ellos. A las 23:15 empecé a escribir: sabía qué foto utilizar y lo que quería decir; el primer escrito empezó con una definición de la violencia de género, pues para entonces sabía mucho sobre el tema, necesitaba conocer los procesos legales y sicológicamente qué pasaba con las mujeres que sufren violencia, sin embargo, parecía un ensayo científico de la situación y no me gustó. Luego me dije esto no va a llegar absolutamente a nadie, esto podrá leerlo un sicólogo y decir que buena apreciación de alguien que no es un sicólogo, así que borré el texto y dije lo voy a contar desde mi ser. Me salió del alma lo que puse porque así lo sentí, creo que ni siquiera era mi cerebro el que estaba planificando cada palabra que venía, solamente mis dedos recibían el mensaje directamente desde mi alma, cuando terminé de escribir, leí, no cambié nada, ni si quiera una coma y lo publiqué en Facebook.

Pedí a la gente que compartiera mi historia, que era necesario que más gente abriera los ojos, que reaccionara, que creyera que hay vida después de la oscuridad. Ese momento empezaron a compartir, me dije veamos si supera las 30 o 40 comparticiones y me desconecté; a las seis de la mañana me desperté con la novedad de que algo pasaba en Facebook y así era: 820 veces se había compartido mi relato, tenía 300 mensajes públicos y 400 mensajes internos, 2000 likes. Era sorprendente.

¿Qué decía la gente?

Fueron comentarios muy positivos, varias mujeres decían “a mí me pasó lo mismo”, “yo también salí”, “te aplaudo”, “eres valiente”…  En los mensajes internos me contaron las penas, los dolores, los sufrimientos, los casos de los que no podían huir.

¿Qué hiciste con esos mensajes?

Leí todos los mensajes y contesté cada uno para darles apoyo, guiarles qué hacer, qué tipo de ayuda buscar. Yo creía que la violencia de género era muy común, pero no sabía la magnitud de lo común.

¿Qué relatos te impresionaron?

Hubo tres casos que me conmovieron. Uno de ellos fue la situación de una chica de Riobamba casada con un policía, él le pegó cuando tenía seis meses de embarazo y el resultado fue la muerte de la criatura, ella quiere irse y cada vez que lo intenta, él saca la pistola y la amenaza con matarle a ella y a su familia. Otro caso fue en Guaranda: una señora me preguntó ¿qué se hace cuando el hijo es el agresor? Su hijo de 19 años estuvo preso seis meses y cada vez que se acuerda, le dice que ella le envió a ese infierno y le golpea. Otra muchacha me contó que su pareja le rompió la pelvis y le amarró a la cama, pero los jueces le absolvieron porque no hubo pruebas.

¿Qué vas hacer con esos casos?

Estoy armando una red de terapistas para brindar ayuda y conversando con organismos sin fines de lucro para que se unan a la campaña y financiar a especialistas que trabajen con las víctimas. Es increíble cómo se replican las cosas, la violencia es a todo nivel, está en todo lado y aunque las leyes están bien, las sanciones, que son justas, no se cumplen.

¿Por qué crees que ocurre eso?

Creo que hay dos razones: la una es que las cabezas de la justicia son machistas y violentas en su casa, ese es su modo de vida y lo ven como natural; y la otra es que pude tratarse de gente vendida, gente que está al mejor postor, no hay más alternativas.

¿Qué se debe hacer frente a esta compleja realidad?

Me escribió una señora que trabaja en la Judicatura, me dijo que quería saber lo que se debe hacer para mejorar esos procesos. Le respondí que primero hay que sanear la cabeza de los jueces, hacer un examen sicológico y quien tenga un ápice de machismo –sea hombre o mujer- debería estar fuera. Lo otro es que habría que investigar las cuentas, conocer si recibieron depósitos, porque es imposible pensar que se burle así de la Ley.

¿Podemos hablar de este tiempo tormentoso de tu vida?

Empecé una relación en el 2009, salimos por más de un año antes de creer que se trataba de algo serio, él comenzó a hablar de familia, de no tener distancias, sonaba bonito eso de tener hijos, una casa en el campo, la felicidad, la tranquilidad, la paz y el amor. Sonaba bien para mí tomando en cuenta que trabajo desde los 16 años y siempre estuve de un lado al otro, arreglándomela para salir adelante, porque además de relacionadora pública soy animalista, ahora mismo tengo 17 perros y 11 gatos.

¿Están en tu casa?

La mitad está en una propiedad de mi hermano en Puembo (Quito) y la otra mitad en el Empalme (Guayas), donde mi mamá. En mi casa tengo dos perras y dos gatas. Rescatar animales es una actividad que hago desde que tengo uso de razón, un tiempo llegué a tener 40 perros, los recogía en la calle y no podía darles en adopción, porque me preguntaba a dónde van a ir, quién les va a cuidar, quién les va a querer como yo les quiero, así que tuve que trabajar para mantenerlos.

¿En ese tiempo trabajabas en Quito? ¿Estabas bien?

Sí, tenía un programa de radio, y, además, organizaba eventos, conciertos, hacía relaciones públicas para películas como “A tus espaldas” por ejemplo, representaba artistas… Tenía una vida muy agitada, hacía de todo, estaba en todo lado cuando él salió con las ideas románticas.

¿Por qué renunciaste a esa vida?

Porque lastimosamente nos configuran desde chiquitas, no solamente en la casa, sino en la televisión y en todo lo que vemos, a la idea de que la vida feliz es en pareja. Cuando trabajaba en la radio tenía una sicóloga que iba al programa de las trillizas, un día le comenté un sueño que tuve y me respondió que mi reloj biológico me estaba pidiendo un hijo, y coincidía con las cosas que él me decía, “quiero familia”, “vamos a Guaranda”, yo acepté y dejé todo. Le comenté a un amigo y lo primero que me dijo es que con la ropa que usaba no podía ir a Guaranda porque ese era otro mundo.

¿Y cambiaste tu forma de vestir?

Claro, pero no por la gente de Guaranda, sino por mi pareja, porque cuando llegamos allá brotaron las primeras muestras de machismo: me decía “esa ropa no es para aquí”, “así no te puedes vestir”, “para qué te maquillas tanto”, luego empezó con las uñas, como a mí nunca me han crecido usaba uñas postizas, ante lo cual él me decía que las uñas largas solo usan las prostitutas, así que chao uñas postizas.

Cuando él iba haciendo estas cosas, ¿no te decías que algo andaba mal?

Yo decía a lo mejor él tiene razón, tal vez estoy actuando mal, y dije bien, le voy a dar gusto, no me cuesta nada tener las uñas pequeñas, estoy en Guaranda, quién me va a ver. Cuando estuve allá, trabajaba en el Municipio, hicimos muchas cosas en equipo porque él estaba a cargo del periódico municipal.

Y ante los despuntes machistas ¿qué hiciste?

No les daba importancia, hasta me sentía complacida. En una ocasión, una amiga me hizo una entrevista para una sección que se refería a la vida de los famosos, fue una entrevista lindísima en la que le contaba mis proyectos de vida, llegué feliz a la casa con la publicación y la reacción de él fue muy negativa, básicamente me reclamó el porqué expongo nuestra vida así, cuando yo no veía nada de malo porque no estaba engañando a nadie. Ese hecho pasó y me quedé embarazada de una niña deseada, buscada por los dos, pedida por él, mi hija nació en enero del 2012, pero ya tenía la sospecha de que algo no estaba bien en la relación.

Y ¿qué era?

Sospeché que él tenía otra relación, pero él me lavó el cerebro diciéndome que las hormonas del embarazo me volvían loca, que me hacían ver donde no hay, que estaba dramatizando, que estaba enferma de celos, que él vivía para mí, yo le creía, le creía y le creía, hasta que al final de la relación pude comprobar que siempre tuve razón.

¿Por qué no escuchaste a esa mujer que te estaba hablando desde tu interior, esa mujer que eras tú misma?

Porque se apodera el miedo, el miedo te gana.

¿Miedo a qué?

Miedo a estar sola con mi hija, a estar embarazada, pensaba que si regresaba a Quito no me iban a dar trabajo, ¿quién contrata a una mujer embarazada? Tenía miles de miedos y me decía que no podía irme.

Cuando estabas embarazada, ¿seguías trabajando en el Municipio de Guaranda?

Sí. Unos días antes de que mi hija cumpliera un año me separé del Municipio porque él no me dejaba ir a reuniones de trabajo, no me dejaba ir a la inauguración de obras, si me demoraba un poco él decía que se debía a que yo tenía un amante.

De pronto un día se llevó mi computadora, me quitó mi cuenta de facebook, las claves de mis correos electrónicos, me tocó cambiar el chip del celular, porque si alguien me llamaba era mi amante… Mujer que era mi amiga era mi alcahueta, ¡imagínate! ¡Qué nivel de enfermedad!

Cuando dices enfermo le estás quitando responsabilidad.

Es una enfermedad, porque yo no entiendo cómo una persona que no tenga una enfermedad pueda vivir en una realidad paralela, pueda crearse tanta ficción y vivirla como real. Luego me enteré de que él tenía problemas maniacodepresivos, que tenía que estar medicado, yo nunca lo supe, porque hay muchos hombres que maltratan a las mujeres y no son depresivos. De hecho los violentos con las mujeres son encantadores por fuera, es gente que tiene mil amigos, que ayudan a todo el mundo, que tiene causas sociales, así era él.

¿Fue una relación muy violenta?

Te describo como era la relación: yo mido 1,57, él mide 1,82, es un tipo grande, ancho, fuerte. Hubo peleas en las que yo le hacía frente, ponía sillas de por medio, me encerraba, él botaba las puertas, yo trataba de defenderme lanzando golpes, claro que mi golpe debe haber sido como que un mosco le pique, porque su fuerza física es descomunal. Era imposible que yo pudiera defenderme, y las peleas solo se fueron incrementando.

¿Había tiempos de paz?

Sí hubo un tiempo de paz, en todos los escritos sicológicos que he leído se llama el período de luna de miel, que es una simple línea recta donde hay pasividad, pero lo que viene después es el doble de la violencia. Así me quedé embarazada de mi segundo hijo.

¿Al menos económicamente fue responsable?

En una ocasión me llamaron para trabajar en un ministerio con un súper sueldo y yo estaba muy agradecida, dije se acabó, no más deudas, no más pobrezas, pero él se dio el tiempo de llamar por teléfono para insultar a la gente que me ofreció el trabajo.

Y ¿qué argumentaba?

Según él, yo estaba abandonando mi rol de madre, estaba desentendiéndome de mis hijos, sin embargo no me ayudaba con nada, él pensaba que dándome 20 dólares semanales era suficiente para comprar pañales, comida y demás cosas que necesitaba.

¿Cómo hacías para sobrevivir?

Empecé a vender bolsos hechos por mujeres artesanas. Salía con la mochila llena de bolsos, mi hijo cargado en el canguro, mi hija de dos años, ocho meses cogida de la mano, y me iba a ofrecer los bolsos en las oficinas públicas de Guaranda. Era un pequeño ingreso con el que medio pagaba las cosas, ante mi realidad, ya era algo.

La situación empeoró cuando mi hijo se enfermó del riñón, debían operarlo, pero estaba atrasada en las cuotas del seguro y le dije que me ayude, entonces empezamos a tener un montón de problemas y peleamos nuevamente, le dije que no podía más, que no podía seguir con él, que me dejara abrirme en paz, que ya no había relación ni amor ni nada. Reaccionó muy mal, dijo que me quería ir con otro y me lanzó por las gradas. Igual vine a Quito para hacerle los chequeos a mi hijo y a la vez me prometí recuperar mi vida porque yo no miento, no engaño, no traiciono, no soy infiel, no tengo porqué esconderme. Sin embargo, él me convenció bajo la promesa de que esta vez sí seríamos una familia de verdad, que aceptaba que volviera a trabajar y a recuperar a mi familia y a mis amigos, y regresé a Guaranda, a la segunda parte de este infierno.

¿Cuánto duró esta luna de miel?

Casi nada. Un viernes quedamos en almorzar juntos, pero a las doce del día me llamó a decir que estaba complicadísimo, que nos encontráramos a las tres en el parque de Guaranda, fui al parque –en Guaranda todo gira al alrededor del parque- le esperamos hasta las cuatro (con sus hijos), le llamé y me dijo que fuera a la casa, que a las siete nos veamos, pero dieron las nueve y no llegaba, cuando finalmente apareció, él estaba con la vena hinchada, la cara deforme de las iras que tenía, yo estaba dando de lactar a mi pequeño y mi hija estaba dormida en la cama, a un lado, y me dijo: “ya empezaste a prostituirte en el facebook ¿no?”. Mi reacción fue reírme, su respuesta fue una paliza de la que casi no salgo viva, empezó a las nueve de la noche y terminó a las cuatro de la mañana.

¿Cómo estás viva?

No tenía fuerzas para levantarme, para respirar… cuando vio que yo ni si quiera podía reaccionar, me amarcó, me puso en la cama, me limpió la sangre que tenía en la boca hinchada, me abrazó, y me dijo María, -porque Malú para él es nombre de puta-, María eres la mujer de mi vida, yo te amo, no me hagas esto, yo no puedo vivir sin ti, no me dejes nunca. Ese rato entendí que él está enfermo y que la próxima vez me iba matar.

¿Cuánto tiempo duró todo este infierno?

Desde el 2011 hasta el 2014 en que me separé.

¿Por qué aguantar así?

Cuando entras en el círculo de la violencia, tú eres una enferma más, la víctima es una enferma, el victimario es un enfermo y si ninguno de los dos busca ayuda terminan matándose, por eso se llega al homicidio.

Generalmente mueren las mujeres. Mueren o por defenderse matan. ¿Cómo saliste de este horror?

Fue el 5 de septiembre del 2014, después de esa brutal paliza me levanté, cogí la ropa de mis hijos, la guardé en la mochila que andaba a cargar todo el tiempo, él se despertó y me preguntó que adónde voy. Le respondí: mira mi cara, mírame como estoy, mira como está mi pelo, me mata el dolor, me voy a bañar, me voy a curar, me voy a comprar algo para el dolor, y él me dice, “no te demores que tenemos que escribir un artículo para el alcalde”.

Cuando mi hija me vio, me dijo: “mamita ¿qué te pasó?”. Mi amor, le respondí, nos vamos a una fiesta de disfraces en la que yo soy el monstruo. Nos fuimos a la casa de mi nana, ella se puso a llorar al ver mi estado, “no aguante más, váyase, qué hace aquí”, me dijo. Le encargué a mi hijo más pequeño y me fui con mi hija a la Fiscalía, pusimos la denuncia, me hicieron el examen médico, me dieron 16 días de inhabilidad, el Código Penal dice que a partir del cuarto día ya se puede considerar intento de homicidio. Les llamé a mis papás, les conté lo que me pasó esto, les advertí que si él me encontraba en ese momento, me mataba, así que vinieran de inmediato. De Quito a Guaranda son cinco horas de viaje, mi papá hizo tres.

En Quito me desaparecí, no quería que nos encontrara, incluso, a sabiendas de que a mi hijo le tenían que operar del riñón y yo necesitaba dinero. Él empezó a buscarme, a llamar a mis tías, a mis amigas, les decía que había sido una simple pelea, un error de pareja, que nosotros juntos somos un equipo, que nos amamos. Yo pedí que nadie le contestara, dije a todos que yo no quería saber nada de él. Sin embargo, la víctima tiene culpa, ese es el primer síntoma.

¿Sentiste culpa?

Yo decía, creo que estoy haciendo mal, creo que no debí denunciarlo, creo que solo debí separarme, que de gana le voy a meter preso y cosas así. Un día le pedí a mi abogado que quitara la denuncia, por suerte, el Código Integral Penal establece que las denuncias no se pueden retirar.

No sé cómo se enteró lo de la operación de mi hijo, un día se apareció en el hospital, se arrodilló, lloró, temblaba, me rogaba que no le quitara el derecho de estar con mis hijos, que no le quitara la posibilidad de cuidarme, de amarme, “no me alejes de mi familia”, me decía. Estuve a dos segundos de abrazarle y decirle yo también te amo, pero justo sonó mi celular que estaba en la cama y se lanzó a cogerlo. “Aquí está la prueba de que eres una puta, aquí está la prueba de tus amantes”, dijo. Ese rato llamé a enfermería, les expliqué que tenía una boleta de auxilio contra él y llegó la seguridad para sacarlo, él quiso pegarles.

¿Y se acabó tu relación con él?

Justo se cumplía un mes de la denuncia y debía volver a la Fiscalía para mantener en firme lo que había dicho, así lo hice y seguí con el proceso. Estando en Guaranda fui al lugar donde vivía a sacar mis cosas, me acompañó mi papá y de pronto apareció él, amenazó a mi padre, se armó otro escándalo, yo pedí que llamaran a la policía, llegaron patrulleros, motos y entre cuatro lograron detenerlo y se lo llevaron preso. Como no me rompió la cara de nuevo, ni me dejó morados, lo procesaron como violencia sicológica, le dieron 45 días de prisión y le pusieron 400 dólares de multa, se escondió los 45 días y nunca pagó la multa.

Su abogado puso un escrito diciendo que él ya había sido juzgado y que no se podía juzgar dos veces por la misma situación, y no era la misma situación, eran dos ataques distintos. Me llamaron a rendir un testimonio como si yo fuera alguna mentirosa que se inventó todo, la sicóloga reconoció que estaba contando la verdad, el juez dio la autorización para que el fiscal levantara los cargos. Eso fue entre abril y mayo del 2015, llegó diciembre y no pasaba nada.

Entre la última semana de enero y la primera de febrero de 2016 llamaron a la audiencia y maravillosamente la sentencia fue la disolución del caso, porque no se puede juzgar dos veces por la misma cosa, mi abogado quiso apelar, pero yo le dije, hasta aquí llego, sin embargo, el fiscal sí apeló.

¿Es posible que le sentencien con la apelación?

Más que la prisión, se le debe obligar a que haga terapia, porque en la próxima pareja que tenga va a repetir lo mismo. Está bien el castigo, pero se necesita curar a la sociedad y se cura de individuo en individuo, así como yo busqué ayuda, hice terapia y me reconstruí literalmente.

En la terapia, ¿qué aprendiste?

Entendí que estaba enferma, que yo fui víctima y, sin embargo, que yo decidí quedarme en la relación, que nadie me obligó, y que también fue mi decisión salir, curarme, entender que no era mala suerte, sino mi decisión.

¿Crees que las mujeres que se quedan en estas relaciones violentas tienen su dosis de culpa?

La palabra justa sería responsabilidad. Eso es más justo, porque a más de ser víctima, ser también culpable, es de terror. Sin embargo , creo que tenemos un grado de responsabilidad, porque la mujer está aceptando el maltrato, la mentira, la traición, la violencia…

¿Por qué crees que lo aceptamos?

Porque vivimos con miedo.

¿O crees que nos criaron para eso?

Sí, hay mucho de crianza, por supuesto. Hay muchos paradigmas que vienen inclusive heredados. No es que tu mamá o quien haya estado al cargo de la crianza te dice así es la vida y tienes que aguantar y punto. No, es lo que ves, lo que aprendes, lo que tienes alrededor. Yo preguntaba por qué a mí me tocó vivir violencia, si yo no vi este tipo de violencia en mi casa, mi papá jamás maltrató a mi mamá, al contrario, mi papá es un hombre que se faja por su familia, mis padres llevan 38 años de casados y son una pareja que anda cogida de la mano hasta ahora.

¿Qué respuesta encontraste?

En mi terapia entendí que era una necesidad de sentir afecto, una necesidad de ser querida, yo siempre fui una persona fuerte, siempre fui la que amparaba al resto, era la persona a la que le pedían ayuda o consejo, la que estaba haciendo siempre algo por los demás. Entonces, en esta relación encontré la oportunidad, pues había alguien que me iba a cuidar, era la oportunidad para descansar, no ser más la fuerte, que había alguien más que iba a ser el fuerte por mí, y al principio así fue.

¿Hiciste demanda de alimentos?

Esa es otra historia. La jueza de niñez y la familia (de Guaranda) fijó una pensión de casi 300 dólares mensuales, yo dije está bien, con eso puedo pagar la guardería, alcanza para los refrigerios y el resto ocupo en cosas para los niños, ropa, zapatos o medicinas. Pero apeló el monto, llegó el caso a la Corte Provincial y el juez desestimó la sentencia del anterior juez y fijó una pensión de 80 dólares por cada uno con carácter retroactivo.

¿Tenías que devolver el dinero?

No, porque nunca pagó. La primera sentencia fue noviembre de 2015 y la segunda fue en febrero de 2016.

Y ahora ¿qué es de tu vida, qué haces, cómo llevas los días?

Cuando regresé a Quito, en septiembre de 2015, vine con un trauma terrible, sin embargo, como la gente se enteró de que estaba aquí, me llamaron en diciembre de una radio y me propusieron empezar en enero. Me pareció increíble, pero tenía secuelas de la violencia, no era capaz de decir mi nombre sin tartamudear, no era capaz de decir cuatro palabras juntas, me trababa, no sabía qué decir, era espantoso, espantoso. Mis compañeros me apoyaban, trataban de darme fuerzas, da darme valentía, pero al final no lo logré y la radio no podía sostenerme.

¿Y qué hiciste?

Empecé una terapia súper agresiva, porque necesitaba recuperar mi voz inmediatamente. La terapista me llevaba a un semitrance donde veíamos las situaciones desde fuera, yo no como protagonista, sino como espectadora y fui entendiendo muchas cosas.

¿Cómo qué?

Entendí que yo no era Cristo y que no tenía por qué sufrir como él, que ese complejo -se llama complejo de Cristo- viene dado por la culpabilidad, por el miedo, te encierra, te ahoga. Empecé a soltar todos los miedos, a buscar en mi pasado, desde mi niñez, y descubrí muchas cosas que me hicieron entender lo que me pasaba. Vi el amor que había alrededor mío y empecé a sentir que estaba viva, que mis hijos estaban vivos, que no había razón para seguir triste y dije ¡no más! Tengo independencia, tengo libertad. Es momento de recuperar mi alegría, de volver a ser feliz, de volver a interactuar con mi mundo, de volver a ser yo. De inmediato me salió un trabajo en otra radio, logré hacer el programa y estuve de vuelta, mis antiguos compañeros de radio mandaban mensajes en los que celebraban que la Malú está otra vez en la radio, que regresó para quedarse.

¿Recuperaste tu vida o esta es otra vida?

Es una vida mejorada, volví a ser la Malú feliz, la Malú alegre, la Malú que ayuda, la Malú que es amiga, la Malú que es hija, pero la ventaja más grande que tengo ahora, es que soy la Malú mamá y mis hijos son mi fortaleza más grande.

Y profesionalmente, ¿te reconectaste con tu mundo?

Sí, profesionalmente ya me reconecté, ahora tengo un programa con auspiciantes, tengo un montón de gente que me sigue y eso mismo es la catapulta para las otras cosas, hago eventos, relaciones públicas, me contacto con empresas…

Lo estás haciendo tú sola, con tu voluntad de acero…

No hay soledad en mi vida, primero están mis hijos, está mi familia.

Es que también nos han enseñado a creer que las mujeres debemos tener a alguien a lado.

Esa es una gran mentira, es una de las cosas más terribles que la sociedad nos ha enseñado a las mujeres. Sería bueno llegar a un equilibrio y decir tengo una pareja que me apoya, que sea un buen tipo; sería bueno compartir la vida con alguien, pero no es necesario, no es que si te quedas soltera o eres una mujer independiente que no tiene tiempo para tener una pareja te vas a morir triste, sola y abandonada.

Mentira, la felicidad no se consigue en pareja, una tiene que ser una persona feliz primero, para encontrar a  otra persona feliz y tener una convivencia feliz en pareja. Si eres una persona que busca la felicidad en otra persona vas directo al fracaso, es un Titanic que se hunde. El momento en que una mujer decide ser feliz y decide amarse, solitas vienen todas las demás cosas… y así mismo sé que va a llegar una persona a mí, que será mi compañero en la vida.

Amelia Ribadeneira

, ,

10 comments

  1. jessica jimenez
    Reply

    Bonita la historia. Me ha hecho llorar. Felicitaciones a esta mujer valiente que ha tenido la valentia de contar toda su amarga experiencia en una sociedad machista mas por tradicion de madres a hijos que por la misma naturaleza del hombre.
    Esperemos que este paso de contarlo anime a otras mujeres a contar y a denunciar estos hechos para que la sociedad cambie.

  2. DENIS GUERRERO
    Reply

    LO HE LEÍDO CON ATENCIÓN, CONTENTO DE SABER QUE HAY GENTE MUY VALIENTE QUE HA ENFRENTADO ESTE TIPO DE COSAS, AUN ASI HA SALIDO ADELANTE, NINGÚN ABUSO DEBE SER CALLADO, MÁS AUN CUANDO LA VICTIMA ES UNA MUJER.

    SALUDOS

  3. Dayris Estévez
    Reply

    Despues de leer la historia de Malú que es muy conmoverdora y ejemplo a seguir para que ninguna mujer permita, soporte atropellos de ninguna naturaleza mucho peor por parte de su pareja como en el presente caso; Situaciones como estas se las debe denunciar a tiempo, para que se sancione a los agresores y no terminen como en muchos de los casos en femicidio

  4. mayra caviedes
    Reply

    Una historia muy conmovedora,…me identificó mucho con esa historia porque igual tuve que salir de mi ciudad donde una se siente más vulnerable , mi caso no es agresión física sino psicológica, por celos donde él miedo que te impone es lo que no deja salir de ahí…

  5. William Chela
    Reply

    Malu mujer guerrera quiero felicitarla por sus experiencias compartidas con nuestra sociedad y el mundo en especial con las mujercitas que han vivido y siguen viviendo las escenas que usted vivió he leído detenidamente de su vida tan dura a la vez cegada de amor pero La valentía que Dios le dio fue mas grande, tus hijos fueron tu motor a cambiar de vida pues en lo personal aprendí con tu historia a valorar, respetar y a pensar antes de actuar gracias que las palabras sabias solo leyendo aprendemos gracias y Dios te bendiga día a día MALU…

  6. Yesenia Lara
    Reply

    Malu admiro tu fortaleza y te entiendo porque yo tanbien vivi algo similar, la diferencia es que en mi caso no termina. Quisiera poder entablar comuniacion porque nos sentimos desprotegidas ya que la ley ampara al agresor y no se que hacer

  7. Galo Santiago Guzmán G.
    Reply

    Malú, es un ejemplo para muchas personas de sexo femenino que deben si temor a pensar quedarse solas o el temor a la reacción de su agresor, a denunciar por las múltiples agresiones verbales, físicas que pueden ser víctimas dentro de un núcleo familiar; este tipo de historias impactan y nos hace reflexionar que cuando estamos frente a un caso de esta naturaleza debemos realizar una defensa técnica y buscar que la víctima sea resarcida y reparada su daño, en el sentido psicológico con terapias para que la víctima de violencia, sea reinsertada a la sociedad y pueda llevar una vida normal sin ningún rencor o secuela y de esta forma no afecte dentro de la familia, ámbito laboral; etc.; se debe recalcar que este tipo de delitos de violencia intrafamiliar debe ser analizados con mucha cautela, en consideración que la persona de sexo masculino también puede ser víctima de acontecimientos verbales o psicológicos que son en menor rango, a diferencia de los altos índices de violencia que sufre la mujer.

  8. Felicita Jimenez
    Reply

    Bien Malù

    La historia de Malù, es impactante y uno leyendo su historia de horror, se puede imaginar como una vida llena de aspiraciones, se iba acabando, por la violencia de la cual era objeto , pero es tambièn muy importante el hecho de que Malù, mujer de triunfos no desmayò y supo salir adelante y poner fin a ese mundo de horror para ella y sus hijos, gran decisiòn que haya tenido la valentìa de contar su historia que sera ejemplo a seguir de muchas mujeres que se identifiquen con Malù, està en la fortaleza que tenga una mujer en creer en sì misma, tener el coraje de luchar, cerrar esa pàgina y continuar con su vida, sus proyectos, no hay obstaculos si se lo proponen, como lo hizo Malù, dificil le ha sido màs no imposible. Actualmente la vida le sonrie y puede continuar con su vida

    Es de conocimiento general que las mujeres adultas, las niñas y niños, las ancianas y ancianos, son las personas más afectadas por la violencia intrafamiliar.
    la autora Leonor Walker señala que, el ciclo de violencia tiene tres fases: la primera denominada aumento de la tensión, la segunda denominada incidente agudo de agresión y la última denominada arrepentimiento y comportamiento cariñoso. Estas etapas se repiten una y otra vez, disminuyendo el tiempo entre una y otra.
    En la primera.- Ocurren incidentes de agresión que las mujeres califican de menores: gritos, peleas pequeñas, insultos, la mujer procura calmar a su pareja, hacer lo que le complace
    La segunda.- En el que se da una descarga incontrolable de las tensiones que se han venido acumulando en la fase anterior a través de la violencia física, la golpiza, La mujer sufre un fuerte trauma, puede permanecer aislada, deprimida, sintiéndose impotente
    La tercera.-En esta fase se da una reconciliación, dura más tiempo que la segunda y es más corta que la primera fase. En esta etapa entra a funcionar una serie de normas sociales con respecto a las relaciones entre los hombres y las mujeres. “Ella ha aprendido, por medio de la socialización, que debe soportar para mantener el matrimonio unido. Que una mujer “sola” o divorciada puede ser “mal vista”, que los hijos e hijas necesitan un padre
    Es necesario que el Estado, sociedad y familia coadyuven a que la violencia de gènero no continue, es tan dañino que no sòlo destruye la vida de una mujer sino del hogar, tanta violencia que desencadenan en femicidios, las mujeres maltratadas, deben creer que no estàn solas en su lucha y los operadores de justicia aplicar una justicia màs humana, sin discriminaciòn, por ningùn motivo raza, condiciòn social, etc.
    Se debe propender al buen vivir y a desarrollar una cultura de paz, en todos los àmbitos sea pùblico o privado, con la finalidad de que las mujeres no sufran màs violencia y se respete su condiciòn de mujer y de ser humano

  9. MARITZA VERA
    Reply

    MALU, escribo su nombre con letras grandes porque se lo merece, por ser un digno ejemplo a seguir especialmente las mujeres maltratadas por su pareja dentro de su hogar y a veces fuera en muchas ocasiones nos unimos o contraemos matrimonio con personas violentas (machistas) sometiendo y dominando a la mujer prohibiéndoles todo, incluso si trabajan que renuncien para que dediquen el tiempo a permanecer en el hogar y es ahí donde comienza el viacrusis o el tormento con golpes, agresiones verbales o puede ser el abuso sexual, en fin una serie de padecimientos que tiene que soportar a veces por la ausencia de familiares ya no estan sus padres han fallecido, otras por los hijos. Debemos analizar merece la pena soportar tanto sufrimiento creo y estoy convencida que no, hay que reconocer que somos mujeres dignas,valientes que pueden valerse por si sola que no necesita estar acompañada por ningún hombre golpeador. Si se padece cualquier tipo de violencia o conocemos a alguien (mujer) que sufre en su hogar maltratos de esta naturaleza hay que orientarlas para que no se mantengan en silencio y denuncien estos abusos, la mujer por el solo hecho de ser mujer es digna de respeto.
    Quiero agradecer a Malú por habernos contado su vida y el motivo que la obligó a tomar la decisión de salir de ese entorno violento.

  10. Beatriz Vivar
    Reply

    MALU, felicitaciones por salir de la violencia, bien por usted pero no todas tenemos la oportunidad del apoyo de la familia o de un trabajo para independisarse y salir adelante con el estudio de los hijos. y si alguien te ofrece ayuda es a cambio de algo, todo mundo quiere hacer leña del arbol caido, yo no se como voy a salir adelante, lloro y lloro pasan los dias y no encuentro la salida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *