La violencia contra las mujeres es una pandemia que requiere atención

La violencia contra las mujeres es una pandemia que requiere atención

junio 27, 2016
in Category: Análisis jurídico
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La violencia contra las mujeres es una pandemia que requiere atención

La violencia de género contra las mujeres es una de las violaciones a los derechos humanos más sistemáticas y preocupantes. Las mujeres sufren una situación de discriminación y violencia estructural, ante lo cual, el Estado, y de manera especial el sistema de justicia, deben adoptar medidas eficaces y efictivas, lo que implica acciones adecuadas ante las causas que generan esa violencia institucionalizada.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Relaciones Familiares y Violencia de Género (INEC, 2011), 6 de cada 10 mujeres entre 15 y más años de edad afirmaron haber vivido una o más formas de violencia de género (física, sicológica, sexual o patrimonial) por parte de cualquier persona conocida o extraña en los espacios donde se desenvuelve. De este grupo, el 76% señala como responsables de las agresiones a sus esposos, enamorados, novios o convivientes, ello demuestra que el ámbito familiar, del que se espera que sea el más seguro, es precisamente donde más se violentan sus derechos.

La violencia de género es un problema social de gran magnitud. Afecta a mujeres de todas las edades, tanto de zonas urbanas como rurales, de diversos grupos étnico-culturales, de todos los estratos socioeconómicos y de las distintas regiones del país, lo que confirma que el principal riesgo es ser mujer. Sin embargo, hay ciertos factores que añaden mayor vulnerabilidad. Existen mujeres que sufren una doble o triple discriminación. En el caso de las mujeres indígenas y afroecuatorianas, de escasos recursos económicos y con alguna discapacidad, la probabilidad de sufrir violencia se incrementa enormemente. Por ello, es importante que la defensa a las mujeres víctimas de violencia tenga en cuenta que hay diversos factores que pueden incrementar el nivel de riesgo, lo cual implica considerar desde el registro inicial y en todo el proceso de asesoría y patrocinio de qué manera, en el caso concreto, a más del género inciden otros factores: étnico-culturales, la clase social, la discapacidad, la edad, el estado civil, la orientación sexual, el nivel educativo, entre otros. Gloria Camacho Zambrano, en su investigación “La violencia de género contra las mujeres en el Ecuador (…)” de 2014, señala que solo una de cada 10 mujeres agredidas han presentado una denuncia y de este grupo solo dos ha continuado con el proceso judicial, y solo una de ellas informó que se sancionó al agresor. En otras palabras, apenas el uno por ciento de los hombres que violentan a su pareja ha recibido una sanción legal.

Para comprender mejor esta información, es importante conocer los resultados más relevantes que arrojó la investigación de campo sobre las concepciones de las mujeres usuarias de la Comisaría de la Mujer de Cuenca sobre la justicia y el acceso a ella, también elaborado por Gloria Camacho y otras investigadoras en 2010. En general, las concepciones de la mayoría de usuarias no coinciden con la noción formal de acceso a la justicia que se basa en la tríada protección-sanción-reparación, que casi da prioridad exclusiva a la sanción, la cual no soluciona el problema. Las mujeres que denuncian la violencia en el ámbito familiar tienen otras expectativas y comprensiones de justicia. En especial, para aquellas de escasos recursos y de zonas rurales tener acceso a la justicia no significa necesariamente que se le castigue con el encierro al agresor, lo que desean es que no se les agreda más. Muchos factores de orden económico, emocional y cultural entran en juego para no privilegiar este tipo de sanción. La mayoría de mujeres usuarias asocia la idea de acceso a la justicia con el poder contar con una protección frente a las agresiones; acceder a la justicia también significa que alguien con autoridad las escuche sin juzgarlas, que crean en lo que ellas les dicen y, especialmente, que les ayuden a ver que ellas no son culpables de lo que está sucediendo y que tienen razón de defenderse. Además, relacionan el acceso a la justicia con la reparación del daño que se vincula a la idea de que se le obligue al agresor a que pague por los perjuicios causados y que las mujeres agredidas y sus hijos(as) queden protegidos económicamente. Si bien es un porcentaje menor, hay algunas mujeres que sí conciben el acceso a la justicia con la imposición de una sanción al agresor.

De todas maneras, el estudio de Camacho resalta que “estas diversas formas de concebir la justicia y el acceso a ella muchas veces se superponen, o entran en conflicto, o se entrelazan marcando matices propios al interior del imaginario de cada mujer. Lo que se hace evidente es que para la mayoría de mujeres encuestadas y usuarias la lucha en contra de la violencia y la defensa de la unión familiar no son, necesariamente, dos aspectos opuestos, de ahí que ellas desearían conciliar una alternativa de mantención de la familia con la eliminación de las prácticas agresivas”.

Otro elemento, como destaca la investigadora Judith Salgado en el Protocolo para la actuación de la Defensoría Pública en los casos de violencia contra la mujer y miembros de la familia, son los diversos caminos que recorren las mujeres para poner fin a la violencia en el ámbito familiar. “Lamentablemente, dice Salgado, estas acciones no han sido ni visibilizadas ni reconocidas suficientemente, lo cual alimenta la aún extendida opinión social de que las mujeres son víctimas pasivas y hasta “cómplices” de la violencia, ignorando tanto la capacidad de acción como todos los aspectos que entran en juego y que inhiben o impulsan a estas mujeres a tomar una determinada decisión/acción para hacer frente a estas agresiones”.

Salgado también subraya que las mujeres no son víctimas pasivas de la violencia en el ámbito familiar sino que son actoras en permanente resistencia y lucha por tratar de enfrentar esta situación. Varios son los obstáculos en este camino que tienen que ver con aspectos económicos (como mantenerse y mantener a sus hijos). Están también las barreras culturales que tienen que ver con la desconfianza en las instancias judiciales, el desconocimiento de la ley y los mecanismos de protección, las concepciones familistas que privilegian el mantener la unidad familiar aún a costa de la integridad de la mujer, las presiones sociales y familiares, etc. Las barreras institucionales que incluyen la deficiencia en la atención, demora en los procesos, prácticas de operadores de justicia que reproducen la discriminación, etc. Finalmente, están las barreras personales que tienen que ver con las concepciones de género prevalecientes y su propia historia de violencia.

Bajo este entendido, es decisivo que los defensores públicos que brindan atención a víctimas de violencia contra la mujer entiendan las concepciones de justicia que tienen las mujeres que buscan su asesoría y/o patrocinio, y de los diversos obstáculos y cargas emocionales por los que han pasado antes de llegar a una oficina de la Defensoría. Ciertamente, una adecuada actuación defensorial puede contribuir a que la persona violentada se sienta escuchada, apoyada, informada y que identifique a esta institución como una aliada para erradicar la violencia.

En este marco, ¿cuáles son los factores que desencadenan la violencia? La encuesta del INEC 2011, señala a los celos en un 47.4 por ciento; el consumo de alcohol o drogas en un 37.4 por ciento; que él tenía otra relación amorosa en un 37.2 por ciento; problemas económicos en un 36.4 por ciento; pérdida de empleo en un 17.1 por ciento; y que la mujer comenzó a trabajar en un 12.5 por ciento. En porcentajes menores al siete por ciento aparecen el nacimiento de un hijo, el embarazo, el no embarazo, que la mujer tenía otra relación amorosa y que otra persona llegó a vivir al hogar.

El que los celos sea el principal desencadenante, como dice Camacho, “refleja en qué medida los hombres conservan la noción de propiedad sobre las mujeres, la necesidad de afianzar su honra o su virilidad mediante el control del cuerpo y de la sexualidad femenina. Desde este punto de vista, la violencia es un mecanismo para “educar” a las mujeres y evitar cualquier desafío al orden de género establecido”. Entonces, es fundamental insistir en que son múltiples los factores que aparecen como responsables de la actuación violenta de los maridos, novios o convivientes; pero que no la explican ni la justifican, en tanto su origen se encuentra en las relaciones desiguales de poder que colocan a las mujeres en una situación de desventaja o de irrespeto de sus derechos.

Por lo mismo, consideramos fundamental que en el servicio de asesoría y patrocinio a mujeres víctimas de violencia es imprescindible que los defensores   públicos  partan de la premisa de que no existe justificación alguna para la violencia contra las mujeres y cuestionar el uso por parte de operadores de justicia de este tipo de argumentos falaces.

Es crucial que la defensa pública tenga en cuenta los efectos devastadores que produce en ellas la violencia ejercida por su pareja y que son de carácter físico, emocional y social. La combinación de estos efectos, sostiene Salgado, “resquebraja la autovaloración de las mujeres, afecta su estado anímico, las aísla y limita sus posibilidades de contar con recursos y apoyo para detener las agresiones y poner fin a la relación maltratante”. Por ello, la adecuada y profesional intervención del personal misional de la Defensoría Pública puede marcar una diferencia crítica. Resulta indispensable abrir un diálogo basado en la escucha activa, en una respetuosa acogida y en una guía técnico-jurídica.

La pregunta que surge es por qué si se han logrado muchos avances en cuanto al reconocimiento de derechos de las mujeres y en el acceso a ámbitos educativos, laborales, políticos, culturales, la violencia contra las mujeres perdura. Comparto el criterio de la investigadora Judith Salgado, sobre que la principal razón es que persiste una desigual distribución de poder entre hombres y mujeres y que ciertas concepciones tradicionales de género siguen arraigadas en el imaginario colectivo.

Ernesto Pazmiño Granizo

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13 comments

  1. Carlos Gavilanes T.
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    Concomitante con aquello, es importante considerar que el nivel socio educativo de las personas también influye en el que se pueda entender o comprender que las condiciones de ser hombre o ser mujer son las mismas, y que no existe diferencia alguna; el marcado machismo y el creer que por ser hombre puedo tener el poder sobre la mujer y hacer lo que quiera, estos hechos devienen asimismo a mi entender que la cultura del machismo se encuentra enraizada en los pensamientos de algunos hombres. Por otra parte además es menester señalar que la violencia del tipo que sea viene acompañada de otros hechos como el alcohol, drogas y otras sustancias, que bloquean la razón del ser humano, y al ser recurrente su uso se hace habitual, de hecho es importante fomentar campañas de concientización sobre muchos aspectos inherentes a la violencia, y que poco se ha hecho sobre las mismas.

  2. MARITZA VERA RAMIREZ
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    En muchas ocosiones es la prepotencia y la posesión del hombre machista que ejerce sobre la mujer, a quien la considera de su propiedad y la mujer sumisa,callada dedicada a la crianza de sus hijos y por ser pequeños no pueden dejarlos solos. esto hace que permnezan en sus hogares sin una fuente de ingreso dependiendo únicaemente de su esposo, contribuyendo esta dependencia económica a soportar todo clase de agresiones físicas , psicológicas y sexual, obligandose en muchos casos a callar y no denuncia. Otros casos son las mujeres profesionales que también son violentadas pero por verguenza no presenta denuncia . Creo que es hora de despertar , de salir de ese letargo y denunciar al causante de dichas agresiones.

  3. Elizabeth
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    A cada persona de la sociedad nos hace falta tomar conciencia de este gran fenómeno social y decir basta ya de actos violentos o agresión, basados en una situación de desigualdad

  4. Felicita Jimenez
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    La violencia contra las mujeres en cualquier àmbito no debe permitirse atenta contra los derechos humanos, no puede ser que exista el maltrato, afecta en el hogar y en el desarrollo de sus integrantes, màs que nada cuando existe hijos, la afectaciòn va màs allà, niños que se crecen inseguros de sì mismo, aùn màs las mujeres llegan a una afetaciòn psicològica que puede llegar a desencadenar consecuenicas atroces, es por ello que como sociedad debemos atacar èste fenòmeno social, y concientizar la cultura de paz, para el mejor desenvolvimeinto y convivencia de las personas

  5. Mariela Ruiz Ramón
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    Muchas mujeres son victimas de violencia porque crecieron en un ambiente hostil, observando la violencia entre sus padres, lo que las lleva a normalizar la violencia, el principal problema es que la educación de la mayoría de las mujeres victimas de violencia no les permite visibilizar el problema y someterse a tratamiento sicológico para trabajar este tema y poder tener estrategias para su protección y defensa.

  6. Israel
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    Es acertado el hecho de que la violencia de género se genera por el silencio de aquellas que son víctimas, pero no es menos cierto que la insatisfacción de las víctimas por la inoperancia del sistema ante estos hechos de violencia (1 de 10 sancionados) ayuda a generar esa imagen de desconfianza hacia el sistema de justicia, sistema en el que somos parte activa quienes actuamos como defensores; debemos siempre apuntalar en la mente de las victimas que sus derechos se encuentran ahí para ser respetados y nosotros para hacer que ser los respete, y no porque se busca solo castigar a quien actué con violencia, sino con la meta de erradicar esta problemática nacional, misma que se lo hará desde una verdadera concientización de los marcos jurídicos y sociales que encierra esta temática.

  7. Monica Flores
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    Mi Estimado Doctor

    A pesar de que los derechos se encuentran para defender a la mujer, es lamentable que a veces son ellas las que no se dejan ayudar, sea por ignorancia, sea porque el miedo que tienes de sus parejas, sean porque dependen económicamente de ellos, por todos esos factores permiten de ellos crean que tienen el poder y una otra vez puedan abusar de sus esposas ya que se creen dueños de elllas.

    Es el camino es difícil pero no imposible, poco a poco se logrará hacer entender a esas mujeres que no quieren dejar sus cadenas de romperlas por completo y ejercer sus derechos.

  8. ESTARMAN CASTILLO GUERRERO
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    Los datos constantes en la encuesta realizada por el INEC en el 2011, nos lleva a la conclusión que en Ecuador, la violencia de género es un problema grave. El impacto de la violencia contra las mujeres y la familia y sus consecuencias es inmediato y en muchos casos de largo alcance, afectando negativamente a estos grupos e impidiendo su participación en la sociedad.

  9. oscar
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    No puede permitirse que hasta estos momentos de la “civilización” se sigan desarrollando actos contrarios a los derechos de las mujeres. A través de la historia las mujeres han recibido maltratos por parte del sistema “machista” al que hemos justificado por la idea equivocada que las mujercitas, necesitan al hombre para vivir y sobrevivir. Como es evidente esto no tiene base lógica ni racional. A diario vemos que la mujer es autosuficiente para afrontar tanto su area laboral sin descuidarse de la familiar, desde dar el desayuno a los hijos antes de que partan a clases, como pensar a que dedicarse para que no falte el aspecto económico en su hogar. Complemento del marido a veces, y en la gran mayoría siendo padre y madrea la vez. Por lo expuesto la mujer es conveniente para la sociedad por su misión. Es injusto que se siga maltratando a un ser que solo brinda amor sin recibir a veces más que un gracias. La defensoría pública debe comprometerse a brindar una mejor ayuda a las “heroinas silenciosas” de esta sociedad.

  10. Juan Pupiales Carlosama
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    Estimado Doctor
    Una vez mas, me he permitido leer uno de los tantos articulos publicados por su persona; hecho lo cual, me parece que el tema de la violencia de género en un problema social grave, si bien se han logrado importantes avances an cuanto a reconocimiento de Derechos a favor de la mujer, no se ha podido erradicar la violencia de género, todo aquello que a mi humilde concepción, deviene de la educación del hogar, de formar grandes hombres con cultura, repseto y valores; las leyes no corrigen lo que el nucleo familiar con ejemplo de vida, formó un buen ser humano, una calidad de persona. Por lo expuesto esimperiosamente necesario trabajar en valores.

  11. Jenniffer Machado
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    Interesantes los datos de la encuesta del INEC; considero que debemos cuestionarnos el cómo estamos criando a nuestros niños, con que principios y valores. Debemos tener presente que nuestros niños son reflejo de lo que ven en casa, si están rodeados de violencia sin duda alguna esta se convierte en un círculo vicioso.

  12. Jenny Moya
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    Estimado Doctor

    Una vez más, me he permitido leer uno de los tantos artículos publicados por su persona; en la actualidad el maltrato tiende a naturalizarse y lamentablemente se torna cotidiano, puesto que en muchos casos esto es algo cultural ya que en muchas ocasiones lo han visto desde muy pequeños, padres que maltratan a sus parejas, a sus hij@s, pues para mi criterio esto es un trauma que es trasmitido de generación en generación a través del tiempo por medio de las familias, comunidades, instituciones, y cultura y sobre todo a través de conductas violentas que no necesariamente son golpes, el maltrato sicológico es mucho más cotidiano de lo que se cree, pues las personas que lo realizan son considerados como de mayor poder hacia quienes lo reciben. En este sentido la violencia hacia los niños y las mujeres, estadísticamente es mayor, en cambio los hombres maltratados son por lo general hombres mayores y debilitados tanto físicamente como económicamente respecto a sus parejas mujeres sin que esto justifique el maltrato. Los administradores de justicia debemos entender las razones por las que una víctima acude en busca de ayuda, ya que en algunos casos lo que desean es ser escuchas, que esa pesadilla para ella y sus hijos se termine y que el agresor cambie y comprenda que no debe hacerlo, aunque este es el principal error de la víctima pues cree que no se volverá a repetir la agresión y perdona a su agresor en muchos casos por miedo, por amor o porque él es quien sostén de su hogar, creando un circulo de violencia para la ella misma y sus hijos del cual es muy difícil salir y en muchos casos lo hacen solamente cuando mueren.
    No basta solamente con regular jurídicamente la violencia familiar sino que existe la necesidad de encontrar mecanismos para proteger los derechos fundamentales de la familia frente a los maltratos, insultos, humillaciones y agresiones sexuales que se producen en el ámbito de las relaciones familiares. La violencia familiar constituye un grave problema de nuestra sociedad que exige una respuesta global y coordinada por parte de todos los poderes públicos siendo necesario tomar distintas acciones las cuales puedan prevenir esta lacra de la sociedad, ya que si en el entortó escolar se fortalece la enseñanza de valores éticos y humanos, de relaciones humanas igualitarias entre niños y niñas se podría prevenir que se sigan reproduciendo las relaciones de jerarquía al creer que por ser niños son más que las niñas. Se debe dar ayuda tanto a las víctimas como a los agresores, pues ambos necesitan tratamiento sicológico la víctima para entender que esto no es su culpa ser agredida y el agresor para poder romper con este trauma que en muchos casos puede estarlo llevando desde muy pequeño.

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