El derecho humano a derrotar el dolor y la desesperanza

El derecho humano a derrotar el dolor y la desesperanza

febrero 16, 2017
in Category: Perspectivas
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El derecho humano a derrotar el dolor y la desesperanza

Considerado el texto bíblico más antiguo, posiblemente escrito entre los siglos VI y V a.C., el célebre libro de Job -profeta conocido como el prototipo humano de la paciencia- en su Cap. 7, desafía de forma impresionante a Yahvé, su Dios, dando cuenta no solo de la relación entre el atávico sufrimiento humano y la fe metafísica, sino de la contigüidad  sempiterna del dolor en el entorno cotidiano del ser humano, esa fuerte y vulnerable criatura, a la que el zoólogo inglés Desmond Morris, en su obra clásica “El mono desnudo” (1967, Ed. Plaza & Janes,) definiera como ‘cazador, territorial, cerebral, muy parlanchín, sumamente curioso, con el cerebro más desarrollado de los primates, que a sí mismo se ha puesto el nombre de homo sapiens y que sigue llevando en la cartera el retrato de su mujer y sus hijos, mientras navega a toda velocidad rumbo a la Luna’.

Casi tres milenios atrás, Job le expone, y nada menos que a Dios, esta conmovedora desolación que, sin nombrarlo explícitamente, nos recuerda a ese remoto compañero del ser humano, el dolor: “¿No es acaso brega la vida del hombre sobre la tierra? Así he recibido meses de calamidad. ¿Cuándo me levantaré? La noche es larga y estoy lleno de inquietudes hasta el alba. Mi carne está vestida de gusanos y de costras de polvo; mi piel hendida y abominable. Mis días fueron veloces y fenecieron sin esperanza. Acuérdate que mi vida es un soplo y que mis ojos no volverán a ver el bien. Por tanto, no refrenaré mi boca; hablaré en la angustia de mi espíritu y me quejaré con la amargura de mi alma… ¿Por qué me pones por blanco tuyo, hasta convertirme en una carga para mí mismo? Ahora dormiré en el polvo y si me buscares de mañana, ya no existiré”.

La enfermedad como ‘épica del sufrimiento’

Susan Sontag, una de las intelectuales más destacadas de los Estados Unidos, fallecida en el 2004 de un cáncer, en su intensa obra “La enfermedad y sus metáforas” (Ed. Muchnik 1980, Cap. IV), tras contrastar la diferente reacción cultural ante la tuberculosis y ante los cánceres o el sida, sostiene que ‘La literatura sentimental y, de manera más convincente, los historiales clínicos de los médicos escritores, han afirmado que la enfermedad puede ser no sólo una épica del sufrimiento, sino la oportunidad de lograr algún tipo de trascendencia propia’. Tantas veces nombrado por la humanidad entera, ‘dolor’ es más que un breve sustantivo masculino, formado por cinco concisas letras y que lo puede experimentar todo ser vivo que cuente con sistema nervioso central.

Derivado del latín doleo, en el inicio de los tiempos y del lenguaje-, aludía al sentimiento de “ser despedazado”, pero en el siglo XX tuvo una definición apta solo para los expertos en Algología (la ciencia que estudia el dolor). Así, el Subcomité de Taxonomía de la International Association for the Study of Pain, IASP, en 1979 lo definió como: “Una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada a una lesión tisular, presente o potencial, o que se describe en términos de dicha lesión”. Así, sobriamente, lo describen los catedráticos de la Universidad de Salamanca, Clemente Muriel Villoria y Gines Llorca Diez, en su texto ‘Conceptos Generales en Dolor’.

En la poesía -‘única prueba concreta de la existencia del hombre’ al decir del escritor guatemalteco Luis Cardoza y Aragón- el milenario dolor humano se transfigura, debido a la alquimia de la palabra, logrando definiciones menos complejas pero igual de profundas. Un poeta de la talla del peruano César Vallejo, logra nombrarlo en ‘Los nueve monstruos’ (“Poemas Humanos”, 1939), donde dimensiona la universalidad de la antipoética ‘lesión tisular’ –lesión en los tejidos, causa de todo dolor físico, según los ya citados médicos Muriel Villoria y Llorca Diez: ‘Y, desgraciadamente / el dolor crece en el mundo a cada rato, / crece a treinta minutos por segundo, paso a paso (…) / Jamás, hombres humanos / hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera, / en el vaso, en la carnicería, en la aritmética. / Jamás, señor ministro de salud, fue la salud más mortal. / Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer? / ¡Ah! desgraciadamente, hombres humanos, / hay, hermanos, muchísimo que hacer’.

¿Por qué, me pregunto, existiendo abundante literatura, científica e incluso ficcional, sobre el dolor -el físico, en particular-, se cuenta con escasa referencia poética sobre el dolor de un cáncer o, más todavía, de una metástasis? La respuesta no ‘está en el viento’, parafraseando el título de una célebre canción de Bob Dylan; sino que quizás se halla en la sensibilidad, sentido de la vergüenza propia, pudor o ética, e incluso en el natural temor humano que un poeta puede sentir, al abordar un tema tan complejo.

Por eso, cuando los poetas aborden el tema, será desde el profundo dolor por lo perdido, o por lo que está por perderse. Así, el poeta mexicano Jaime Sabines, en el conmovedor verso dedicado a su padre, “Algo sobre la muerte del Mayor Sabines”, imprecará en su estrofa IV:

“Vamos a hablar del Príncipe Cáncer,
Señor de los Pulmones, Varón de la Próstata,
que se divierte arrojando dardos
a los ovarios tersos, a las vaginas mustias,
a las ingles multitudinarias.
El Señor Cáncer, El Señor Pendejo,
es sólo un instrumento en las manos obscuras
de los dulces personajes que hacen la vida…”

Los padres fundadores de la medicina ya nombraban esta enfermedad con su nombre actual: cáncer. Etimológicamente cáncer significa ‘cangrejo’. Desde su origen, siguen en pugna todavía los motivos del nombre de este crustáceo, del orden de los decápodos, para haber bautizado así a tan extraña y letal enfermedad.  Se conjetura que obedecería a la extrema dureza de un tumor, tan parecida a la del caparazón de un cangrejo; pero también se presupone que se debería a la espantosa idea de un cangrejo horadando las entrañas, debido a los agudos dolores de un paciente terminal, comparables a los que provocarían las pinzas y tenazas de un cangrejo que nos devora por dentro. Y otros mencionan que es por el ahínco y tenacidad con que este crustáceo no suelta su presa. (Documental “El hombre que atrapó al Cangrejo”, 02.06.2015).

Los médicos de tiempos remotos atribuían todas las enfermedades a las conjunciones de los astros, pero sólo el cáncer ha conservado, en todas las lenguas, su nombre astrológico: el pavor sigue intacto”, recuerda en su novela ‘Samarcanda’, el autor libanés Amin Maalouf. En la actualidad, cáncer designa un amplio grupo de enfermedades que pueden afectar cualquier parte del organismo y una de sus características es la multiplicación rápida de ‘células malignas’ que se extienden más allá de sus límites habituales y que pueden invadir lugares adyacentes del cuerpo, o propagarse a otros órganos, en un proceso científico conocido con otra palabra cuya sola mención produce pánico: metástasis.

La mundialización de Brueghel

Fotografía: César Acuña Luzuriaga

Una estremecedora pintura medieval, “El triunfo de la muerte”, del artista holandés Pieter Brueghel -que retrata el avance de la peste en la Europa de la época-, hoy en día puede ser relacionada con el imperio mundial del cáncer en la vida moderna. Esta enfermedad es una de las principales causas de muerte en todo el mundo: sólo en 2013 causó ocho millones de defunciones, siendo los que más muertes causan anualmente los cánceres de pulmón, hígado, estómago, colon y mama.

La organización que lidera la investigación oncológica a nivel mundial, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la Organización Mundial de la Salud, elabora cada cinco años un informe planetario acerca del tema. Su último informe quinquenal, de 632 páginas, publicado en el 2013, señaló que los nuevos casos de cáncer pasaron de 12,7 millones en 2008 a 14,1 millones en 2012. Para el año 2030, la cifra anual mundial se elevará a 22 millones de nuevos casos y 13,1 millones de muertes.

Más del 60% de los casos de cáncer y el 70% de las muertes, se producen en África, Asia, América Central y Sudamérica. Los tres continentes representan el 70% de las muertes por cáncer en el mundo. ‘El mayor impacto de su aumento afectará a los países pobres, mal equipados para afrontar el incremento de los cánceres’, citó en aquel informe global, dado a conocer en París el 3 de febrero de 2014, Margaret Chan, la directora general de la Organización Mundial de la Salud -OMS-. Si casi la mitad de los 14 millones de nuevos casos fueron diagnosticados en Asia; América Latina y el Caribe registran el 7,8% de la totalidad de casos. En India se reportó más de un millón de nuevos casos en un año; en Centroamérica la mortalidad de cáncer de cuello uterino es de 18 muertes por 100.000 personas, cuando en Norteamérica es de 2 por 100.000.

El 6 de mayo de 2013 la Sociedad Latinoamericana y del Caribe de Oncología Médica, SLACOM, con sede en Buenos Aires, Argentina, publicó su propio informe analítico del cáncer en el continente, citando que un millón de personas morirá de cáncer anualmente en América Latina para el año 2030 y que la incidencia anual total de los tumores malignos en la región llegará a los 1,7 millones, en tanto que la mortalidad seguirá siendo más alta en nuestro continente que en EEUU o Europa, fruto de la detección tardía de los tumores malignos, especialmente en las comunidades pobres, rurales o indígenas.

Ese informe señala al diagnóstico prematuro, como el problema clave ante los intentos de reducir la mortalidad por causas oncológicas en Latinoamérica. Un ejemplo: el 60% de los casos de cáncer de mama en EEUU son diagnosticados en las primeras fases, mientras que en Brasil sólo el 20% de los casos se detecta prematuramente y en México el 10%. Es más, el 75% de las mujeres con resultados de una citología, ‘no recibieron un seguimiento adecuado debido al hecho de residir en un lugar remoto’.

Tánatos en la Línea Ecuatorial

Según la Organización Panamericana de la Salud -OPS-, en el Ecuador se registran 4.000 muertes anuales, solo por cáncer de mama, y se presentan 10.200 casos nuevos. El cáncer de mama es la primera causa de muerte en el país con un 35,4%, seguido del cáncer de piel con un 32%. En Quito las cifras aumentan: 8 de cada 100 mujeres de entre 25 y 64 años, mueren por esta causa, según un informe del INEC. (Diario La Hora, 14.10.2013).

En América Latina y el Caribe el cáncer de mama y el de próstata son los que tienen mayor incidencia en hombres y mujeres. Entre los hombres se diagnostica cáncer más a menudo en los pulmones (16,7% del total de casos en el sexo masculino) y le siguen el cáncer de próstata (15%), el colorrectal (10%), de estómago (8,5%) y de hígado (7,5%). Entre las mujeres, el más frecuente es el cáncer de mamas (25,2%), seguido por el colorrectal (9,2%), de pulmones (8,7%), útero (7,9%) y estómago (4,8%).

Existe una triple brecha oncológica que la OMS ha detectado: la disparidad de sobrevivencia de cáncer de mama entre las zonas rurales y urbanas. Por ejemplo, esa disparidad ha sido registrada por el IARC en China, India o Tailandia y entre las poblaciones negras y blancas de los Estados Unidos. En tanto que, en la India, la gran diversidad de estilos de vida se muestra como el factor decisivo de la brecha oncológica. En tal sentido, Silvana Luciani, asesora en prevención y control del cáncer de la Organización Panamericana de la Salud, OPS, señala que las disparidades de los servicios de salud en Latinoamérica también resultan en tasas de mortalidad desequilibradas.

Para rematar, el mundo desarrollado  detenta casi un monopolio en el consumo de los medicamentos innovadores del cáncer, es decir de las medicinas patentadas en los últimos cinco años: el 90% de ellos se receta y se toma exclusivamente en EEUU, Europa occidental y Japón, según el referido análisis de la SLACOM. (D’Almeida, Batalla contra nueva pandemia de cáncer se libra en el Sur, IPS, 16.04.2014)

“Yo soy el dueño de mi dolor”

Fotografía: César Acuña Luzuriaga

Antonin Artaud, escritor, actor, cofundador del surrealismo y creador del ‘teatro de la crueldad’, considerado como uno de los ‘poetas malditos’ de Francia, murió de cáncer colorrectal el 4 de marzo de 1948 en el manicomio de Ivry-sur-Seine, donde se le trataba su demencia a punta de choques eléctricos. En un notable artículo titulado “El lápiz de Artaud”, publicado en la Revista de Filología Románica (2007, anejo V, 153-164), Francisco González, profesor del Departamento de Filología Anglo-germánica y Francesa de la Universidad de Oviedo, relata:

A pesar de sus cincuenta y un años, Artaud es ya un anciano al que le quedan pocos meses de vida. En su rostro está escrita toda una existencia de dolor extremo. En su cuerpo está escribiendo un último mensaje, testamento apenas legible. Un rayo de luz crepuscular oportunamente ilumina su mano en la que sostiene un lápiz que clava en un punto preciso de su espalda. (…) El lápiz como instrumento de acupuntura para aliviar el dolor crónico, para hallar los puntos que rigen la sensibilidad del cuerpo. Pero también el lápiz como cuchillo con el que descarnar las viejas llagas, escalpelo con el que abrir el cuerpo a todo su verdadero sufrimiento”.

A la hora matinal en que la enfermera pasaba con una taza de café y un pan para los enfermos, fue hallado el cuerpo de Artaud en el suelo de su habitación, con su zapato en la mano. Una versión antigua, perdida de tan añeja, decía que se lo halló arrodillado en el piso, al borde de su cama, mordiendo el zapato, intentando tragárselo, de dolor. La última carta que dejó escrita -entre otras cosas- decía: “Sé que tengo cáncer (…) Yo padecí cincuenta electroshocks, es decir, cincuenta estados de coma. Durante mucho tiempo fui amnésico. Había olvidado incluso a mis amigos”. Uno de ellos, Jean Marabini, quien lo visitó una semana antes, escribiría que Artaud le confesó que tenía cáncer y para aplacar sus sufrimientos debía tomar fuertes dosis de cloral [empleado en medicina como hipnótico y sedante desde 1869].

Veintitrés años antes, en su Carta al señor Legislador de la ley sobre Estupefacientes, había escrito: “La ley sobre estupefacientes pone en manos del inspector-usurpador de la salud pública el derecho de disponer del dolor de los hombres, en una pretensión singular de la medicina moderna de querer imponer sus reglas a la conciencia de cada uno. Todos los balidos oficiales de la ley no tienen poder de acción frente a este hecho de conciencia: a saber, que -más aún que de la muerte- yo soy el dueño de mi dolor. Todo hombre es juez, y juez exclusivo de la cantidad de dolor físico o cantidad de vacuidad mental que pueda honestamente soportar”. (‘El Ombligo de los Limbos’, 1925)

A propósito del cloral, a inicios del siglo XX, uno de los líderes de la que el cronista Raúl Andrade llamó “Generación Decapitada”, el poeta ecuatoriano Ernesto Noboa y Caamaño, escribió un verso prohibido y congelado en el tiempo: ‘Ego Sum’ (Yo soy), contra otros tipos de dolores y sufrimientos: “Tan sólo calmar pueden mis nervios de neurótico / la ampolla de morfina y el frasco de cloral”.

Los primeros anestesistas

Fotografía: César Acuña Luzuriaga

De tanto oírla se cree que nació con la humanidad, así de tan antigua. Pero la gente olvida que no siempre la tuvimos cerca, ni en los maletines de los médicos o los anaqueles de los boticarios, ni en los estantes de las casas. De tanto haberla sentido, visto actuar en otros u oído hablar de ella, aunque sea para mitigar el agudo dolor de muela, se puede inferir que la anestesia es tan añeja como el mismo dolor. Pero no fue así siempre, pues apenas fue descubierta a mediados del siglo XIX. Antes, podían considerarse paliativos para resistir el dolor, desde morder un palo de madera, una sábana o una barra de metal, hasta orar, oír chistes o beber alcohol.

Durante el medioevo, por ejemplo, al carnaval de Venecia llegaban, con tenazas en sus manos, los sacadores de muelas, acompañados de los fieles ‘anestesistas’ de la época. Eduardo Galeano, el escritor uruguayo, cuenta: “Los anestesistas no dormían a los pacientes: los divertían. No les daban adormidera, ni mandrágora, ni opio; les daban chistes y piruetas. Y tan milagrosas eran sus gracias que el dolor se olvidaba de doler. Los anestesistas eran monos y enanos, vestidos de carnaval” (‘Espejos, Una historia casi universal’. 2008, Siglo XXI Editores).

La primera intervención quirúrgica con anestesia general fue en 1842 y la realizó el médico y farmacéutico estadounidense Crawford Long, que extirpó un par de quistes en el cuello de un paciente anestesiado, al que se lo mantuvo inhalando éter de una toalla durante toda la cirugía. En el siglo XIX también fue desarrollado el cloroformo y tuvo un uso más difundido al usarse para facilitar los partos, aliviando tan dolorosa carga a miles de mujeres. Quien lo usó por primera vez fue el obstetra escocés James Y. Simpson, desatando una polémica en Gran Bretaña sobre si ‘el alivio de los dolores de parto no contravenía las leyes divinas’. El problema se resolvió cuando John Snow, médico de la Corona, aplicó con éxito este producto a la reina Victoria mientras estaba en labor de parto, dando a luz al príncipe Leopoldo y aprobándose desde entonces su uso general por parte de la monarquía. (Martín R. Banqueri, Jefe de Servicio de Anestesia, Reanimación y Terapia del Dolor en el Servicio Andaluz de Salud, 2008, Blog Anestesia2)

Los pastores escoceses que se oponían al descubrimiento de James Simpson, afirmaban que la analgesia inventada por el obstetra, “menoscabaría la maldición original lanzada contra la mujer”; y un pastor de Nueva Inglaterra hasta llegó a decir: “El cloroformo es un señuelo de Satanás que en apariencia se ofrece para bendecir a las mujeres, pero acabará por integrarse en la sociedad y le robará a Dios los profundos y desgarradores gritos que se producen en momentos de aflicción pidiendo ayuda”. (Bárbara Walker, Magia y religión, 1973). Por eso cabe recordar que ‘paciente’ significa “aquel que padece”, término que a su vez proviene de otra raíz etimológica: ‘sufrimiento’.

De la ‘Crono-historiografía de la Anestesia’, del mexicano Luis Federico Higgins, (www.anestesia.com.mx), destaco que en 1851 Charles Gabriel Pravaz inventa la jeringa en Francia, pero en 1853 Alexander Wood, médico de Edimburgo, cuya esposa padecía cáncer incurable, inventa la aguja hipodérmica, precisamente para inyectarle morfina. En 1855 el químico alemán Friedrich Gaedecke separa el alcaloide cocaína de las hojas de la coca. En 1884 se demuestran los efectos anestésicos locales de la cocaína en el Congreso de Oftalmología de Heidelberg. En 1888 se administra la primera anestesia en el Ecuador, con cloroformo. En 1902 M. J. Seifert cita la palabra ‘Anestesiología’ como la ciencia que incluye los métodos y recursos para producir insensibilidad al dolor, con hipnosis o sin ella. En 1908 August K. G. Bier, de Alemania, introduce la anestesia regional endovenosa, usando procaína.

Ahora bien, en el período 1939-1945, debido a la cantidad devastadora de muertos, heridos y mutilados, la II Guerra Mundial traerá también, como efecto inevitable, un crecimiento geométrico de los conocimientos médicos, que permitirá el desarrollo del estudio y tratamiento del dolor, así como el mejor conocimiento y descripción de los síndromes dolorosos crónicos.

La ciencia del dolor

Fotografía: César Acuña Luzuriaga

Existe, sí. Y se llama Algología. Se cree que casi un tercio de la población mundial sufre algún tipo de dolor, bien sea persistente o recurrente y, desde que el dolor fue admitido como inherente a la vida y a la realidad cotidiana de la humanidad, ésta no se ha cansado de buscar su alivio. La planta de amapola, por ejemplo, fue cultivada en Egipto, en Persia y en Mesopotamia, y una primera referencia escrita que se conozca sobre la amapola ya aparece en un antiguo texto sumerio, 4.000 A.C.

En ‘La Algología como Proyecto Académico de la UNAM’, se menciona que a mediados del siglo XX se establecieron en Estados Unidos las clínicas para el estudio y tratamiento del dolor, las cuales se han multiplicado simultáneamente gracias a grupos y asociaciones que comparten el mismo interés: aliviar el dolor. (Morales y Cravioto, 2013).

La publicación “Guía para el Manejo del Dolor en condiciones de bajos recursos”, editada por la AIPED y elaborada por Andreas Kopf & Niles Patel, advierte: “La creencia de que el tratamiento del dolor es un derecho humano ha sido aceptada por muchos, desde hace largo tiempo, pero en 2004 la declaración de que ‘el alivio del dolor debería ser un derecho humano’, fue sentida con la importancia suficiente para ser publicada durante el lanzamiento de la primera Campaña Global Contra el Dolor en Ginebra en 2004 por la Asociación Internacional del Dolor (IASP), la Federación Europea del Dolor (EFIC), y la Organización Mundial de la Salud (OMS)”.

Y remata esta constatación: “Un gran número de personas que sufren dolor no reciben tratamiento por dolor agudo y dolor crónico. Hay varias razones para ello: la carencia de profesionales de la salud suficientemente entrenados, la falta de disponibilidad de medicinas, sobre todo opiáceos, el miedo a usarlos porque hay una creencia errónea de que, inevitablemente, el uso de esas medicinas causa dependencia y adicción”.

En la mayoría de ocasiones, el dolor oncológico es crónico. Para una correcta valoración del dolor es conveniente conocer varias cuestiones como su variación temporal: agudo o crónico; patogenia e intensidad. El dolor oncológico sigue unas normas de tratamiento según las pautas recomendadas por la OMS. Los pacientes que reciben tratamiento radioterápico con intención radical o paliativa, presentan con frecuencia toxicidad en diferentes grados, dentro del área del tratamiento, que se manifiesta con dolor. (Revista ‘Oncología Radioterápica’, Instituto Madrileño de Oncología Sn. Francisco de Asís, Madrid).

Dado que los cuidados paliativos pueden aliviar los problemas físicos, psicosociales y espirituales de más del 90% de los enfermos con cáncer avanzado, vale la pena abordar este dolor desde una dimensión de derechos, porque cáncer, metástasis, pacientes oncológicos y familias son temas que deben tratarse con una perspectiva de derechos humanos, intercultural y de género, debido a la feminización creciente del cáncer y a su invisibilidad en poblaciones indígenas, afrodescendientes, etc.

Para ello, debe quedar claro que:

  • Existen derechos humanos de los pacientes y familiares con cáncer.
  • Hay protocolos de atención médica para los pacientes oncológicos.
  • Hay estándares y normativas internacionales en Salud y DDHH.
  • El acompañamiento es determinante para terminar los tratamientos.
  • El ejercicio de los derechos de los pacientes es constante.
  • El derecho a la salud involucra un acceso oportuno, con calidez y calidad humana.
  • El derecho a decidir las formas y tratamientos para superar el dolor, entre las cuales está no solo la medicina tradicional, sino otras alternativas, ya probadas en el mundo y autorizadas en algunos países para mitigar el dolor.

Cannabis: un paliativo al dolor

Fotografía: César Acuña Luzuriaga

Desde hace mucho tiempo y en varias latitudes del mundo se ha legislado y se  permite el uso medicinal y terapéutico del cannabis como paliativos para el dolor oncológico, los dolores crónicos de una metástasis,  epilepsias y ciertas discapacidades intelectuales. Ya en octubre de 1999, el diario argentino La Nación informaba que, contra el dolor, en el hospital La Charité de Berlín se empezaron a usar tabletas de marihuana y se abrió una investigación para estudiar  en 300 personas con cáncer, si el cannabis alivia el dolor y abre el apetito. Las propiedades de apaciguar el dolor y estimular el apetito interesaron a los científicos que elaboraron el protocolo de uso del cannabis. El director de esta experiencia fue el anestesiólogo Gernot Ernst.

Diecisiete años más tarde, el 20 de junio de 2016, la Liga del Cáncer de Seno entregó una solicitud formal al Defensor Público General del Ecuador, para que propusiera a la Asamblea Nacional Legislativa reformas al Código Orgánico Integral Penal -COIP- ‘a fin de lograr de manera expedita y segura el uso terapéutico, medicinal y paliativo del cannabis para personas con cánceres, epilepsias, dolores metastásicos, dolencias crónicas y casos de niñas y niños con discapacidad intelectual más convulsiones’.

Así respondió Ernesto Pazmiño a las pacientes oncológicas:

“Gracias por su carta que me alienta a seguir luchando y defendiendo los derechos de las personas. Me motiva que a ustedes no les una solamente el dolor por la enfermedad que enfrentan con decisión, sino el amor a sus familias y la solidaridad de quienes se encuentran en similar lucha. Por supuesto que en el proyecto de Reformas al COIP que presentaré la semana entrante a la Asamblea Nacional Legislativa, incorporaré la necesidad de autorizar el uso medicinal y terapéutico del cannabis – marihuana, porque es un derecho que no se puede negar a quienes pueden aplacar el dolor. El pedido de ustedes como pacientes oncológicos me alienta para dar esta hermosa pelea por los derechos de las personas y demuestra que cuento con el apoyo de ustedes en este tema, que no estoy solo. No olviden que con fuerza, voluntad y decisión se superan las más grandes adversidades y las enfermedades se vuelven temporales por más duras que sean. Con un abrazo, Ernesto Pazmiño Granizo, DEFENSOR PÚBLICO GENERAL DEL ECUADOR”.

El 6 de julio de 2016, la Defensoría Pública, en documento firmado por la citada autoridad, dirigió a la Asamblea Nacional Legislativa una vigorosa propuesta de reformas al COIP, que incorporó el tema del dolor humano y el derecho a paliarlo con la planta de marihuana y sus derivados: “Los derechos humanos de los pacientes y familiares con cáncer, dolores crónicos o metastásicos, discapacidad intelectual y epilepsia, deben ser prioridad pública. Y la solidaridad social y el apoyo estatal son determinantes para prolongar las esperanzas y mejorar la calidad de vida

En su exposición de motivos, el Defensor Público argumentó realidades irrebatibles: “Muchos países de América Latina reconocieron las propiedades del cannabis para fines terapéutico y medicinal, tales como México y Colombia, los cuales han iniciado procesos de licenciamiento para su adquisición y dispensación en casos oncológicos y de epilepsia, así como otras enfermedades para paliar el dolor”. En Ecuador no está penalizado el consumo de marihuana; sin embargo, muchos medicamentos derivados del cannabis, se consiguen de manera reservada o clandestina, pues su adquisición, tenencia o posesión, son consideradas como delitos. Así, pues, la propuesta del Defensor Público, presentada hace más de siete meses a la Asamblea Nacional Legislativa, intenta lo que en el Ecuador del siglo XXI sigue siendo impensable: la derrota del Dolor humano.

Cánceres, candidatos y política pública del dolor

Algunas organizaciones de la sociedad civil han presentado a los candidatos a la Presidencia de la República una propuesta para mejorar la calidad de vida de  los pacientes y sus familias. Uno de sus ejes es la creación de un Consejo Nacional de Control del Cáncer. Los candidatos presidenciales que han firmado ese acuerdo son, hasta el momento, cuatro: Paco Moncayo, Abdalá Bucaram, Patricio Zuquilanda y Washington Pesántez.

Un año antes, el 13 de enero de 2016, el ex–presidente de los EEUU, Barack Obama, dio al mundo y a su pueblo un ejemplo al decidir convertir la lucha contra el cáncer en política integral de la agenda de Estado, y en razón para una meritoria ‘alianza público-privada’, con el fin de intentar derrotar este flagelo en una década. Tan histórica decisión se esperaba que fuera emulada por otras naciones del planeta, pero ni Rusia, ni China, ni los BRICS, ni CELAC, y peor aún el Ecuador, la aplicaron. Y de eso se trata todavía: de abordar los cánceres de manera abierta y convertir al tema en agenda estratégica. No se puede seguir ignorando por más tiempo que el cáncer pasó al primer lugar como causa de muerte en varios países y que disminuye año tras año la edad de padecerlo: de adultos mayores se pasó a adultos jóvenes y luego a adolescentes, mientras hospitales de algunas sociedades industriales, empiezan a construir ergonómicas salas infantiles de Oncología. Y si muchos gobiernos no han admitido en público esta nueva realidad, es porque saben la alarma que suscitaría en millones de personas conocerla. Por eso, al ser la salud un derecho humano, se debe privilegiar recursos para indispensables prioridades: combatir y paliar enfermedades catastróficas de la humanidad como el cáncer, y contribuir a dar calidad de vida a niños y adultos con discapacidad intelectual severa. Ni el cáncer ni las discapacidades intelectuales severas tienen ideología, no son de ‘derecha o izquierda’. Ambos temas debieran juntar a la humanidad para enfrentarlos unidos en el planeta entero. Hasta tanto, el temible ‘Cangrejo’ avanza, mientras el mundo sigue actuando por separado en tantos temas complejos.

Un epílogo mundial

Fotografía: César Acuña Luzuriaga

¿Cuántas personas en el mundo habrán recibido, durante el tiempo en que escribí este texto, su diagnóstico fatal? ¿Cuántas habrán leído, o les estarán leyendo, el difícil término ‘carcinoma’? ¿Cuántos, al usted acabar su lectura, entrarán a una sesión de Quimioterapia o saldrán  de una Radioterapia?

Ellas y ellos tienen derecho a derrotar el dolor. Porque la torturada frase de Oscar Wilde, que la escribió en prisión en 1897 (‘De Profundis’), continúa vigente: “Detrás de la alegría y la risa, puede haber una naturaleza vulgar, dura e insensible. Pero detrás del sufrimiento, hay siempre sufrimiento. Al contrario que el placer, el dolor nunca lleva máscara”.

Alexis Ponce – Defensor de los derechos humanos

 

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7 comments

  1. Martha Gines
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    Estoy de acuerdo sobre el derecho humano a derrotar el dolor y la desesperanza, con cuidados y medicación tradicional y no tradicional paliativa, pero, y, cuando ya no surta efecto, a que recurriremos. Mi opinión personal, yo recurriría a la “Eutanasia”.

  2. Antonio Torres
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    Acabo de leer tu artículo, te cuento que hace un mes falleció una prima mía por un cáncer de seno el cual la acompañó por más de 10 años hasta que hace 4 meses migro a su columna, dolores que hicieron temblar a todos los que estuvieron a su lado. Trabajé 14 años en cuidados intensivos y hasta el momento no entiendo ni puedo ponerme en los zapatos de estas hermosas personas con tanto tanto sufrimiento corporal y emocionall igual que no imagino siquiera el dolor de sus amadas familias. No sé si el Buen Señor Jesús se fue con la era de cáncer para abrir la de acuario cuando veo tanto dolor. Solo te puedo decir querido amigo que en ese más allá (aunque estuve por unos minutos) el mágico bienestar es sinónimo de verdadera paz. Un abrazo fraterno y de alguna manera procuro entender tu dolor.

  3. Freddy Lituma Carrillo
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    Es verdad solo a quienes vivimos con un familiar con esta enfermedad silenciosa, que cuando está avanzada sentimos que algo no está bien y recurrimos al médico quien nos dice: “ya no hay nada que hacer, llévenle a la casa y espere la muerte”, pero qué hacer, uno como hijo no se resigna a perder un ser querido y es ahí cuando se investiga, se busca una alternativa que nos devuelva a nuestro ser querido a la vida y en esa lucha estoy junto con mi familia trayendo medicamentos del extranjero para que este ser querido esté a nuestro lado todavía, que no sufra, que viva pero en plenitud, esperemos que estas reformas se hagan realizadad para que de alguna manera se pueda encontrar a precios adecuados medicamentos para tratar esta enfermedad del cancer y así a nuestros seres queridos darles esperanza de vida y una muerte digna…. Saludos amigos.

  4. EDISON
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    Buen artículo, felicitaciones. Sin embargo, no sólo el cáncer o enfermedades a fines causa dolor. La falta de atención social a los sectores más vulnerables del Ecuador, el incumplimiento de los gobiernos de turno a sus promesas de campaña, la falta de empleo para millones de familias pobres imposibilitando satisfacer sus necesidades básicas, etc., también causa dolor, de ahí, como dice la doctrina, es dolor sufrido o dolor infligido, y ¿cuál de esos dos tipos de dolor duele más al ser humano?.

  5. Andrea Marín
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    Buen artículo!
    El dolor es una de las situaciones humanas más complejas y que nadie quisiera pasar por ella, sin embargo en algún momento de la vida nos vemos abocados a él y ahí queremos que nos den algo para aliviarlo. Los pueblos y culturas han desarrollado prácticas que desconocemos y que deberíamos implementar. Pues de lo que se trata es de acceder a un derecho: no sufrir dolor!

  6. Ruth Ofelia Muñoz Arce
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    Excelente artículo Alexis, todas las personas debemos demandar a los gobiernos del mundo el derecho que tenemos los setes humanos a combatir y desechar de nuestras vidas el dolor, debemos exigir al gobierno que exista una ley sobre el uso de canabis y otras plantas, sustancias que puedan aliviar el dolor oncologico, discapacidades, epilepsia, dolores musculares y en fin toda esa patología llamada dolor.
    Quienes amamos a nuestros semejantes y muchas veces les hemos visto llorar de dolor debemos formar una gran asociación para exigir al gobernante de turno una política no de gobierno sino de Estado para conseguir que esta ley se generalice y que pueda ser usada en casos terapéuticos.

  7. Dra. Hilda Maria Arguello López
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    Es un articulo fabuloso Cónducente a. Mejorar la calidad de vida de los pacientes no sólo de esta enfermedad sino de cualquier otra. Aliviando esos dolores que deben ser terribles en un ser humano. Felicito a todos los intervinientes sobre la preocupación demostrada y al Dr. Pazmiño al haber tratado que la forma de alivio al dolor sea aceptado también en Ecuador.

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