16 años de lucha de Blanca Carvajal Figueroa, una mujer invencible

16 años de lucha de Blanca Carvajal Figueroa, una mujer invencible

febrero 16, 2017
in Category: Casos
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16 años de lucha de Blanca Carvajal Figueroa, una mujer invencible

Tenacidad, constancia, firmeza, tesón, persistencia, fuerza… son calificativos para definir a Blanca Carvajal y aún se quedan cortos. Ella es una mujer de lucha incansable y ejemplar. Nunca ha querido deberle nada a nadie, pero tampoco renunciar a lo que por derecho le corresponde. Pensando así es que se enfrentó a ese monstruo llamado Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), empecinado en ahorrarse cualquier centavo de su enorme caja, aunque eso signifique violentar derechos. Sin embargo, con Blanca Margarita Elvia Carvajal Figueroa, nacida el 24 de abril de 1930, se equivocó si creyó que con resoluciones, información confusa, procesos largos y agotadores iba a quebrar la voluntad de esta quiteña invencible.

Un día de abril de 2001, ella le dijo al IESS que quería jubilarse. Tenía 71 años y creía que era tiempo de cosechar el sacrificio de años y años y ¡oh, sorpresa! La respuesta institucional es que no podía porque 139 aportaciones -más del 80% del total aportado- fueron declaradas indebidas, es decir, en las palabras de doña Blanca, no servían para nada. La razón: durante siete meses no pagó de manera consecutiva la afiliación al seguro social. Ella reconoce que así fue, que esto ocurrió entre octubre de 1989 y abril de 1990, pero en mayo se puso al día cancelando toda su deuda de contado y siguió aportando durante diez años más. Nadie en el IESS le dijo “ya no puede pagar” o “búsquese un patrono que le afilie” o “incumplió el reglamento”, nada, ni media palabra, sin embargo, el IESS continuó recibiendo su platita como si nada. Es más, durante todo ese tiempo recibió atención médica.

Como cualquier ciudadano racional que le gusta resolver los problemas por las buenas, la señora Carvajal intentó que el propio IESS arreglara su caso. Fue de ventanilla en ventanilla escuchando irrepetibles y absurdas recomendaciones de los funcionarios, el más “lúcido” le dijo que fuera a trabajar y aportara durante seis meses consecutivos para que recuperara su derecho a la jubilación. No faltó el malcriado que le rompió los papeles en la cara y otro para quien ella era una molestia porque no se cansaba de decirles que le jubilaran, estaba convencida de que no se trataba de un favor sino de un derecho ganado honradamente.

En ese momento, con la impotencia y la indignación sobre los hombros, no podía concebir la crueldad del sistema; en su corazón bueno, no le cabía la idea de que la institución a la que le confió su vejez, fuera incapaz de ver el horror en el que la había envuelto. Pero ella, generosa, es capaz de reconocer que también hubo funcionarios que le quisieron ayudar, otros que le tuvieron compasión, “porque no toda la gente es mala, ni todos tienen corazón de piedra”; sin embargo, de la buena voluntad no se vive y en este caso no alcanzó para hallar una solución. Ella, una mujer humilde, sin padrinos ni amigos, tenía todas las de perder, así que en 2011, cuando tenía 81 años, fue a limpiar una casa y a cuidar niños en Conocoto. La dirección no importara sino fuera porque vive en el barrio San Carlos, cerca de la avenida Occidental, y Conocoto es uno de los valles de Quito, lo cual implicaba que a su edad, con los riesgos en cada esquina, debía cruzar la ciudad de un costado al otro, en bus, en un largo y solitario viaje de cerca de tres horas entre ida y vuelta.

Con sus huesos cansados, con las enfermedades que traen los años, doña Blanca no trabajó seis meses sino ocho, por si acaso, bajo un patrono que le afilió haciéndole un favor. “¿Quién iba a asegurar a una mujer de mi edad?”, reflexiona con profundo dolor, como si la vejez fuera una carga y no una evidencia de tenacidad y de experiencia.

A ella nunca le ha importado trabajar, lo ha hecho desde que tenía 14 años y tuvo a su primera hija: ha lavado, planchado, cosido, cocinado, vendido en la calle, cualquier actividad decente que pudiera darles sustento a ella y a sus hijos, nueve en total, era buena, pues ella tenía que criar a los chicos sola, con una viudez a cuestas, bajo el amparo de sus valores y de su fe en Dios, hay que decirlo, porque no deja de nombrar a su Jesusito y a su Dolorosita que testifica le han acompañado durante los dieciséis años de batallar por sus derechos. En su pequeño departamento tiene su altar, dos grandes imágenes de Jesús y de la Virgen María, incrustadas en la pared, dan la bienvenida a cualquier humano que llega preguntando por ella. Su devoción es tan fuerte, que lo primero y lo último que hace en el día es rezar a ese “Dios bendito que hace justicia”.

Con el orgullo de haber cumplido semejante proeza -trabajar ocho meses, ¡a los 81 años!-, se presentó ante el IESS para decirle que había hecho caso del consejo brindado por el ilustre funcionario y que ahora sí no había excusa para negarle la jubilación. Sin embargo, en el IEES le dijeron que no era así, que le han informado mal, que lo sentían mucho y que hiciera lo que hiciera las resoluciones administrativas debían cumplirse y punto, incluso, en ese momento en que ya regía la Constitución más progresista del mundo que reconoce derechos hasta a las plantas que no pueden decir esta boca es mía. “No me oían. Yo reclamaba mis derechos, mal hiciera estar rogando para que me regalen, yo he trabajado. Tengo derecho a conseguir mi pensión”.

De ser otra, doña Blanca Carvajal les hubiera dicho a los funcionarios sus cuantas verdades de la manera más humana con la que puede reaccionar un ciudadano maltratado, humillado e indignado, porque no era posible creer que se vulneraran de esa manera tan descarada sus derechos. No obstante, haciendo de tripas corazón, le dijo al IESS que no se iba a cansar de darle guerra por las vías legales, por eso acudió a la Defensoría Pública en 2013 e interpuso una acción de protección creyendo que los jueces le darían la razón, por algo son jueces de garantías, para garantizar sus derechos, además, porque la acción de protección, según la Constitución se utiliza para protegerse de la brutalidad del Estado o de algún particular. Pero, cosa de no creer, en primera y segunda instancias los jueces le dijeron que no, que el IESS tenía toda la razón, que no le había vulnerado ningún derecho y que había aplicado bien la ley. ¡Bonita la cosa!

Entonces, usuaria y Defensoría Pública, porfiados como son, presentaron una acción extraordinaria de protección ante la Corte Constitucional y ahí otro fue el cantar; Blanca Carvajal ya no esperó trece años, sino dos. En ese proceso, la Defensoría Pública sostuvo que los jueces que analizaron la acción de protección violentaron el derecho al debido proceso en la garantía de la motivación, así como los derechos a la tutela judicial efectiva y a la seguridad jurídica. Eso significa que los jueces no hicieron una argumentación apropiada para el caso y que el Estado en general no se preocupó de velar por los derechos de doña Blanca.

Daniel de la Vega, Juan Carlos Solano y Nina Guerrero, defensores públicos, llevaron el caso en distintos momentos. La estocada final estuvo a cargo de Nina Guerrero, una abogada jovencísima que no solo argumentó con la Constitución y la ley bajo el brazo, sino con una carga de indignación que le dio la determinación suficiente para explicarle a la Corte Constitucional lo mal que habían obrado el IESS y los jueces. Y para que quedaran clarísimos de los ultrajes y las normas violentadas, le pasó la palabra a la “accionante”, como dicen los abogados, para que escucharan de su propia boca lo que significaron dieciséis años de enfrentarse al Estado. Con sus palabras sencillas, con esa manera tan llana de entender la crueldad de un sistema que ha intentado cansarla y doblegar su espíritu, Blanca Margarita Elvira Carvajal Figueroa les pidió a los magistrados de la Corte Constitucional “que hagan la caridad de ayudarle, ya que desde el año 1990 ha reclamado su jubilación a la que tenía derecho” (el reclamo formalmente empezó en 2001).

A los magistrados de la Corte Constitucional también les sorprendieron las argumentaciones planteadas por el IESS y los jueces para negar el derecho a la jubilación. Por ejemplo, la magistrada Marien Segura Reascos le preguntó a la representante del IESS “si alguna vez durante los 10 años en los que la accionante (Blanca Carvajal) aportó indebidamente al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, ¿le advirtió sobre la presencia de aportaciones indebidas?”. Respuesta: “(…) que obviamente esto es hace muchos años y en el expediente no va a constar una cuestión de este tipo (…)”.

En cambio, el juez Francisco Butiñá Martínez le preguntó si se trataba de una falla institucional: “¿Usted considera un error del IESS el haber recibido valores que según ustedes no correspondían? De acuerdo a la sentencia, la respuesta fue la siguiente: “(…) el problema no consiste en que sea un error del IESS porque en ese tiempo no tenían los medios para identificar si es que era o no un error”. ¿Entonces de quién fue el error? Simple: nadie se hace cargo.

Entonces, los magistrados de la Corte Constitucional le dieron la razón a Blanca Carvajal y a la Defensoría Pública, pusieron freno a la negativa del IESS y cuestionaron las resoluciones de los jueces. La Corte señaló que el reconocimiento de derechos especializados a las personas adultas mayores no fue un invento de la Constitución del 2008, en la Constitución de 1998 ya se recogían regulaciones encaminadas a garantizar el derecho a la vida digna de este grupo humano y siempre vulnerable. Pruebas al cántaro: artículo 54, Constitución de 1998: “El Estado garantizará a las personas de la tercera edad y a los jubilados, el derecho a asistencia especial que les asegure un nivel de vida digno, atención integral de salud gratuita y tratamiento preferente tributario y en servicios”. Artículo 36, Constitución del 2008: “Las personas adultas mayores recibirán atención prioritaria y especializada en los ámbitos públicos y privado, en especial en los campos de inclusión social y económica, y protección contra la violencia. Se considerarán personas adultas mayores aquellas personas que hayan cumplido los sesenta y cinco años de edad”.

Además, la Corte Constitucional sostuvo que los adultos mayores gozan de todos los derechos reconocidos en la Constitución y de los derechos adecuados a su situación de vulnerabilidad. ¿Qué quiere decir con eso? Que nuestros viejos, nuestros abuelos, nuestros padres (nosotros en un futuro cercano) deben tener asegurado su derecho a la seguridad social, a la salud, a la vivienda, a la integridad e incluso a la vida misma, en resumidas cuentas, a la dignidad humana.

La Corte reflexionó y dijo clarito que al IESS le correspondía dar todas las facilidades para que la señora Carvajal gozara de su derecho a la jubilación y que resultaba absurdo, por decir lo menos, que le cargue toda la responsabilidad a ella. La razón es simple: al Estado le corresponde garantizar el derecho y, obviamente, esa responsabilidad se pone en práctica a través del IESS. En palabras de la Corte: “En este escenario, el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social como una de las instituciones encargadas de garantizar el derecho a la seguridad social, y dentro de este el derecho a la jubilación universal, debió adoptar todas las medidas necesarias a efectos de que los servicios prestados por la institución a sus afiliados sean eficientes.

“No obstante, en el caso concreto se desprende que la institución traslada toda la responsabilidad a cargo de la accionante, la cual se constituye en una persona adulta mayor, que ve en su jubilación el instrumento para vivir en condiciones dignas los últimos años que le queden de vida. De esta forma, resulta un contrasentido que el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social deslinde su responsabilidad de un adecuado control del sistema de aportaciones a la afiliada, mucho más cuando el resultado de esto sea que una persona adulta mayor se encuentre en un estado de precariedad, que incluso le lleve a trabajar de empleada doméstica a sus 81 años de edad (…)”.

La Corte también señaló que el IESS no le informó a doña Blanca Carvajal a tiempo ni de manera eficiente sus obligaciones y sus incumplimientos, para que ella tomara decisiones que le permitieran garantizar su derecho, es decir, cuando era más joven y tenía condiciones físicas para ir a trabajar. El IESS le informó sobre las normas internas que regulaban el proceso de aportes voluntarios a los 71 años y no a los 59 cuando ella se afilió.

A los jueces de primera y segunda instancias que recibieron la acción de protección y le negaron a doña Blanca Carvajal su derecho a jubilarse, la Corte Constitucional les dijo que estaban equivocados. La gran argumentación de estos jueces es que si bien la jubilación universal es un derecho constitucional, tiene el carácter de progresivo, es decir, que en algún momento se cumplirá; en otras palabras, ¡Dios dirá! Además, escribieron que la jubilación que está en la ley, es distinta a la que está en la Constitución, que son derechos diferentes, algo que la Corte no entiende que les hizo llegar a semejante conclusión. Sin embargo, la Corte cae en cuenta que los jueces no analizaron lo fundamental de una acción de protección que no es otra cosa que determinar si existió o no vulneración de derechos. Los jueces se quedaron en un análisis de mera aplicación de la ley, con lo cual obviaron analizar que se trataba de una mujer adulta mayor, que su derecho a la salud y a la propia sobrevivencia estaban en riesgo.

Finalmente, el 31 de agosto de 2016, la Corte Constitucional decidió que el Estado debía reparar los daños que sufrió la señora Blanca Carvajal en dieciséis años de lucha: reconoció su derecho a la jubilación y, por ello, le mandó al IESS a que le jubile y que le pague las pensiones atrasadas desde el 2001, año en el que ella quiso jubilarse. Para asegurarse de que un hecho de esta naturaleza no vuelva a ocurrir -se estima que hay unas 1500 personas en similar situación- el IESS debía ofrecer disculpas públicas a través de un periódico de circulación nacional; así, gran parte del país conocería que el IESS se equivocó y que la gente puede batallar por sus derechos sin importar el tamaño del monstruo al que se va a enfrentar; abogados no les va a faltar, para eso está la Defensoría Pública.

Además, dijo la Corte, el IESS tendrá que capacitar al personal para que aprenda a dar información adecuada y de calidad a los afiliados; y, ojalá suceda, que investigue y sancione a los responsables de este largo penar de Blanca Carvajal Figueroa, porque como ella dice, “no le estaban haciendo un favor, tenían que respetar y hacer cumplir sus derechos”.

Con la sentencia en la mano, la defensora pública, Nina Guerrero fue hasta el hogar de doña Blanca Carvajal, en el que vive sola y siempre tiene listo café y pan para sus invitados. Ahí le explicó el contenido de la sentencia y los pasos que debían seguir, el de mayor urgencia era pedirle al Tribunal Contencioso Administrativo que asignara un perito que calculara cuánto le debía pagar el IESS.

Mientras el tiempo transcurría, doña Blanca Carvajal con sus propios pies llegó un día antes de la Navidad al edificio matriz de la Defensoría Pública en Quito y pidió hablar con el Defensor Público General, Ernesto Pazmiño. Estaba un poco nerviosa, no tenía la certeza de que podía ser recibida por la máxima autoridad, en su experiencia eso era imposible, ya hubiera querido hablar con cada director del IESS para explicarles su situación, “ni que fuera tan importante”, dijo. Ella no quería que su caso pasara desapercibido, quería decirle en persona a la máxima autoridad de la Institución que la defensa de sus derechos fue una inspiración que le motivó a seguir adelante. El trabajo defensorial dignificó su vida y le devolvió la confianza en la justicia. “Nosotros estamos para servirle”, le respondió el doctor Pazmiño, “usted es nuestras inspiración, usted nos vuelve incansables”.

Tanto fue así, que la defensora Guerrero iba una vez por semana al Contencioso Administrativo a ver si el perito había cumplido con el encargo, estaba detrás del IESS para que cumpliera la sentencia de la Corte Constitucional en su totalidad, y, a la vez, mantenía informada a doña Blanca de lo que sucedía, aunque las novedades semanales fueran que debían seguir esperando; la clave estaba en que la señora Carvajal tuviera la certeza de que la Defensoría Pública estaba pendiente de su caso.

El día esperado llegó, aunque cuatro meses después de que la Corte Constitucional les diera la razón a Blanca Carvajal y a la Defensoría Pública: el 6 de enero de 2017, el Contencioso dispuso al Director General del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social la cancelación de un monto importante por concepto de jubilación que incluye los pagos por décimos tercero y cuarto sueldos de los últimos dieciséis años.

Para cerrar el caso con broche de oro, la Defensoría Pública fue al IESS a pedir que le otorgue un documento con el cual doña Blanca pudiera ser atendida en cualquier centro médico o institución de salud con la que tuviera convenio y, por si acaso, la defensora Guerrero fue del brazo con doña Blanca al Hospital, para constatar que iba a ser atendida. Así sucedió, desde el 13 enero de 2017, la invencible Blanca Elvira Carvajal Figueroa tiene abierta su ficha médica.

Amelia Ribadeneira

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13 comments

  1. Raúl Fernando Cabrera
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    EXtraordinario reportaje Amelita, felicitaciones a Nina y a los demás defensores públicos que en su momento supieron cumplir con los postulados del Defensor Público General, brindar permanentemente un servicio de calidad y calidez, especialmente a la gente que se pertenece a los grupos de atención prioritaria y que son nuestra razón de existir como ENTIDAD GARANTE DE LOS DERECHOS DE LOS DEPOSEÍDOS

  2. MÉNTOR VUTERVO HUILCA COBOS.
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    ESTOS CASOS Y HECHOS ASÍ OCURRIDOS, REALMENTE NOS LLENA DE INDIGNACIÓN, PERO AL MISMO TIEMPO, NOS MOTIVA A LOS PROFESIONALES DEL DERECHO Y A LOS DEFENSORES PÚBLICOS DE TURNO, A SEGUIR CONSTANTES EN DEFENDER LOS DERECHOS DE LOS MÁS VULNERABLES, AL SABER QUE FINALMENTE EXISTE UNA LUZ EN MEDIO DE LA DESCONFIANZA DE OBTENER JUSTICIA. ESTE CASO DE DOÑA BLANCA CARVAJAL, DEBE SER IMITADA POR TODAS AQUELLAS PERSONAS QUE TENGAN CASOS SIMILARES FRENTE AL DESATINO DE ESTAS INSTITUCIONES, CUYOS REPRESENTANTES Y FUNCIONARIOS POCO O NADA ENTIENDEN SOBRE LOS DERECHOS ADQUIRIDOS FRENTE A LAS OBLIGACIONES CUMPLIDAS. MI RECONOCIMIENTO A LOS COMPAÑEROS DEFENSORES QUE PATROCINARON A DOÑA BLANCA.

  3. Isabel Ruano Burbano
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    Al leerlo sentí dolor ajeno de tanto tiempo que ha luchado por sus derechos la señora Adulta mayor y al mismo tiempo sentí mucho orgullo de pertenecer a la Defensoría Pública, donde compañeros que ganan nuestra misma remuneración con nuestras mismas oportunidades y capacidades nos dan un ejemplo de lucha con tenacidad, y de un empoderamiento de las funciones que nos han encomendado esta hermosa institución. Me queda una gran lección y me empuja a estudiar, analizar, y mejorar mis defensas.

  4. Luis Maldonado
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    Que bien, esa actitud militante por la defensa de los derechos es la misión de la Defensoria Publica, la misma que se va construyendo con el ejemplo y felicitaciones a los defensores que lo hicieron posible y muy especialmente a NIna Guerrero, joven abogada e indígena, de la cual nos sentimos orgullososo los pueblos indigenas.

  5. Carlos Gavilanes
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    Mas que un artículo que permite conocer nuestra labor en beneficio de la sociedad, se trata de una eseñanza de vida, de lucha frente a una injusta sociedad, en la que se trató por simples formulismos legales de relegar a un ser humano que por su edad o condición social se pretendió vulnerar su connatural derecho a tener una vida digna, a una vejez adecuada. Ejemplos como estos no hacen mas que fortalecer nuestro espiritu y seguir adelenate, como ejemplo de grandeza, de valor, lucha, perceberancia, respeto, dignidadad, valores estos que los seres humanos debemos cultivar, llevandonos a comprender y entender que al final todos los seres humanos bajo cualquier condiciones, seamos blancos, negros, probres, ricos, cholos, meztisos, afroecuatorianos, jóvenes, ancianos, somos iguales, y gozamos de iguales derechos, y que la sociedad como tal debe buscar su fortalecimiento, en aras de que la misma en lo posible sea justa y equitativa.

  6. MARTHA VERONICA VILLAMAR RAMOS
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    La historia de la señora Blanca Carvajal me llega hasta el fondo de mi corazón, solo de imaginar cuanta fortaleza tuvo para luchar y lograr se respeten sus derechos constitucionales, quien a pesar de ser una mujer adulta mayor no se dio por vencida, es repudiable que Instituciones Públicas como el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, aun cometan este tipo de errores y hagan padecer a personas como la señora Blanca Carvajal por algo que con mucho esfuerzo conquisto en base a su trabajo, siendo este un derecho adquirido por lo tanto únicamente es suyo porque nadie se lo regalo, no es justo que personas como la señora Blanca Carvajal tenga que rogar a Funcionarios del Estado para hacer uso de lo que con mira a su Jubilación aporto al IESS durante muchos años, lo peor de todo es haber recibido humillaciones, malos tratos y momentos amargos, cuando por el contrario debió de dársele un trato especial por tratarse de una persona de atención prioritaria como así lo señala la Constitución de la Republica.- La Resolución emitida por la Corte Constitucional me parece muy acertada y satisfactoria, estoy de acuerdo que los empleados del IESS deben ser capacitados para dar un buen servicio a los usuarios en cada caso, puesto que los tramites que se realizan en el IESS son personales y los usuarios en ocasiones necesitan que estos funcionarios les orienten sin embargo lo que reciben son malos tratos y no respuestas adecuadas. Por otra parte resalto la intervención de la Defensoría Pública, pues sin su apoyo no se hubiese logrado el alcance de un excelente resultado, Felicidades para la señora Blanca Carvajal, a mis compañeros Defensores Públicos que intervinieron en este caso les Felicito excelente Defensa, Dios los bendiga y les de sabiduría para continuar defendiendo a los más necesitados como dice el Dr. Ernesto Pazmiño nosotros estamos para servirle a las personas en condición económica, social y cultural de vulnerabilidad o en estado de indefensión, garantizando su acceso a la justicia, aun juicio justo y el respeto a los derechos humanos por ser esta nuestra MISIÒN.

  7. Jodimi
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    Felicitaciones a la y los defensores que impulsaron, patrocinaron hasta la resolución en favor de nuestra usuaria; es necesario asignar más defensores al tema Constitucional pues existen historias, esperanzas de usuarias y usuarios que esperan hacer valer sus Derechos y que están en espera. Ojalá podamos seguir por esta ruta en defensa de los Derechos de sectores vulnerables de nuestro país.

  8. Alexandra Lastra Amaya
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    Se me enchina la piel que felicidad y que Orgullo de ser parte de esta gran Isntitucion Defensoria Publica del Ecuador… siempre al servicio de los más vulnerables. Imagino la carita de felicidad de la Sra. Blanca Carvajal es allí donde se siete la satisfacción del deber cumplido.Felicitaciones a la compañera Dedensora Publica y muy lindo su reportaje Amelita. Nuestro Líder el Dr. Ernesto Pazmiño siempre fortaleciéndonos con conocimientos.

  9. Jose
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    Buenas tardes, por favor necesito ayuda, me encuentro apunto de tomar decisiones equivocadas que atente contra mi integridad, por la desesperación que esto me ocasiona, por favor con quien puedo conversar, mi caso ya radica 20 años y aun no se lo sanciona con el archivo, prescripcion, muhco menos con un reconocimiento por daños y perjuicios, pese a que se ha transgredido todos los tiempos de un debido proceso, existe violación a los derechos constitucionales y humanos, por favor que alguien preste oídos ayúdenme, he acudido hasta vuestras oficinas pero los jueces se toman la Ley en sus manos porque las sanciones van contra ellos, y como existe espiritu de cuerpo entre ellos, no sancionan, nunca contestan las peticiones, pasando cada ves mas el tiempo en perjuicio, de mi bienes embragados e integridad personal, si alguien quiere colaborar para presentar toda la historia del tramite mencionado estoy presto a la siguiente dirección esesjoan@yahoo.com

  10. Jose
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    Mil disculpas Dr. Ernesto Pazmiño si pudiera apersonarse del comentario anterior soy la misma persona, concediéndome una cita para poder explicar y demostrar mi juicio ilegal y arbitrario instaurado, literalmente, hace 20 años, si bien no me siento como persona en condición económica, social y cultural de vulnerabilidad o en estado de indefensión, pero este juicio tan largo y las acciones tomadas han menoscabado mi situación económica, psicologíca y personal al punto de destruirla, como ustedes lo indican lo que se requiere es que se garantice el acceso a la justicia, a un juicio justo y el respeto a los derechos humanos por ser esta nuestra MISIÒN. esta es mi petición, muy amables por la atención.

  11. Paulina Moreno
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    Que felicidad siento que le haya ido bien a la Señora Blanca Carvajal, como dicen que la señora fue tocando de puerta en puerta, tambien paso por aqui en ese entonces estaba en gestion de calidad de la Defensoria Publica me acuerdo de ella claramente, tambien escuche su historia, me alegra que la hayan ayudado.

  12. Clara Hinojosa
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    Felicitaciones compañeros por trabajar con todo empeño hasta obtener un resultado positivo a favor de la señora Blanca Carvajal, quien pedia lo que es justo su jubilación, se refleja nuestro trabajo diario como Defensoría Pública.

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