Las prisiones y una breve historia de la función carcelaria

Las prisiones y una breve historia de la función carcelaria

noviembre 27, 2013
in Category: Análisis jurídico
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Las prisiones y una breve historia de la función carcelaria

El fin y la justificación de las penas  y medidas privativas de libertad son, en definitiva, proteger a la sociedad contra el crimen. Solo se alcanzará este fin si se aprovecha el período de privación de la libertad para lograr, en lo posible, que el delincuente una vez liberado no solamente quiera respetar la ley y proveer a sus necesidades, sino también que sea capaz de hacerlo.

Artículo 58 de las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos de 1955: El estudio de la prisión como pena –y más adelante de la rehabilitación como método– ha tenido múltiples análisis así como magníficas críticas. Debo reconocer que entre ellos se encuentran los aportes de Alexis de Tocqueville y Hannah Arendt; sin embargo, hay que ser tributarios con el polémico estudio que a mediados del siglo XVIII –1779– hiciera el padre John Howard en State of Prisions, quien posteriormente planteará una urgente reforma carcelaria para Inglaterra y Gales, y que más tarde conmovería al resto de Europa. Lamentablemente, los estudios de Howard terminaron con su propia vida mientras realizaba investigaciones en las cárceles rusas.

En cualquiera de estos casos, el estudio de la prisión es abordado desde los albores de la Revolución Francesa. Por ello, se ha dicho que la pena que produjo la modernidad es la correspondiente a la prisión, atizándose así como la “pena de las sociedades civilizadas”. Antes que la cárcel se constituya en el locus del castigo, la humanidad experimentó penas concebidas hoy como inhumanas, tales como la pena de muerte –aún aplicada en potencias mundiales como Estados Unidos, Rusia o China–, la mutilación o la picota pública. La cárcel era un lugar transitorio de la pena. Un precedente de ello lo revelan las mazmorras ubicadas en los castillos o fuertes, así como las galeras romanas que navegaban sobre el Mediterráneo a manera de “prisiones flotantes”.

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