Diversidad cultural y delito, una análisis jurídico de actualidad

Diversidad cultural y delito, una análisis jurídico de actualidad

abril 15, 2017
in Category: Análisis jurídico
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Diversidad cultural y delito, una análisis jurídico de actualidad

Introducción

La cultura es un elemento inherente a la vida de los seres humanos en sociedad, marca sus esquemas de valores, su modo de relacionarse, sus tradiciones y el significado de todos los elementos que forman parte de su entorno.

También, parece trazar una pauta importante en lo que tiene que ver con actos beneficiosos para la sociedad, como en cuanto a las conductas delictivas. En esta línea de pensamiento existen delitos que parecen encontrar explicación, precisamente, en ciertos lineamientos compartidos por un grupo, que hacen que se actúe de modo distinto a lo establecido, contraviniendo los mandatos normativos.

Todo esto puede encontrar su explicación en que las pautas normativas propuestas por un contexto cultural son muy diferentes a las de otro, por lo que a veces resultan incompatibles, pues lo que unos tutelan como algo valioso y fundamental, los otros pueden comprenderlo como algo de menos relevancia.

Entre la diversidad y la afluencia de varias culturas, en ocasiones no se produce un entendimiento armonioso, de modo que la diferencia puede ser el origen de muchos conflictos de los que, en atención a su gravedad, podría encargarse el Derecho Penal, cuando se atente contra los bienes jurídicos fundamentales para el desarrollo de los seres humanos.

En América Latina la convivencia entre culturas se da por la existencia de grupos originarios con características particulares, a veces distintas de los esquemas aceptados por la población mayoritaria.

En cambio, en Europa la convivencia con la diversidad se da a partir del crecimiento del fenómeno de la migración, que ha modificado en cierta manera el contexto social que es cada día más plural, ante esto, podrían existir nuevos conflictos, sobre todo porque a veces los valores que guían a unas culturas son contradictorios o incompatibles con los otros, o con las pautas que son socialmente aceptadas en el país de acogida que es el nuevo espacio en donde desarrollan su vida.

Muchos delitos pueden ser el resultado de conflictos entre lo que la norma plantea y ciertas prácticas culturales o tradicionales que distan mucho de ella. El tema plantea muchos desafíos por lo que requeriría un tratamiento más interdisciplinario porque involucra no sólo al Derecho Penal, sino también, a otras áreas de las Ciencias Sociales como la Antropología.

Al hablar de delitos provenientes de pautas culturales diversas, todo posible análisis debería ser abordado con la mayor objetividad, para analizar ciertas prácticas sin fortalecer prejuicios o hacer valoraciones peyorativas.

  1. Diversidad cultural y delito. Retos para el Derecho Penal

Se mire por donde se mire en el mundo, la diversidad es un factor predominante de la globalización. Para algunos la diversidad de culturas es parte de su realidad o su historia, ya que en varios países de América Latina cohabitan en el mismo territorio muchos pueblos originarios con diferentes idiomas y costumbres, por lo que la convivencia en medio de la diversidad es parte de lo cotidiano y la realidad legislativa también intenta ser consecuente con este fenómeno.

En cambio, en varios países europeos la movilidad contínua de los individuos o la intensa migración de las últimas décadas, ha hecho que el panorama social se transforme de casi homogéneo a multicultural, a partir de la llegada de oleadas de grupos humanos que se trasladan al viejo continente, buscando mejores condiciones de vida y que traen con ellos sus costumbres y prácticas, que pueden no ser compatibles con los valores que comparten los ciudadanos del país de acogida.

El incremento del fenómeno de la inmigración en Europa ha generado cambios a nivel social, pues la llegada de grupos humanos tan diversos, por su idioma, religión o ideología, hace que puedan producirse conflictos que en ocasiones tienen como respuesta reacciones extremas de violencia, racismo o xenofobia.

Prácticas propias de algunas culturas como los matrimonios forzados, la mutilación genital de las niñas o restricciones a la libertad de la mujer pueden hacerse visibles, por lo que estos hechos plantean desde hace años, nuevos desafíos a las políticas nacionales de los países europeos y también ponen a prueba a las sociedades de acogida.  Consecuentemente, la sociedad se transforma desde una aparente homogeneidad a la diversidad, lo que genera nuevos retos en diversas áreas y también en el Derecho Penal.

En ocasiones, un encuentro de culturas implica también, un conflicto de creencias, valores e incluso de normas absolutamente distintas o a veces incompatibles. El hecho de que un grupo se traslade a otro espacio geográfico regulado bajo determinado sistema de valores, presenta nuevos desafíos, también, para la Política Criminal.

Así, desde el punto de vista social y jurídico uno de los fenómenos más complejos de la actualidad es el que tiene que ver con los procesos migratorios. Parecería que existe una nueva civilización nómada, ya que no son sólo los individuos los que se trasladan a otro territorio, sino que lo hacen familias o pueblos, y el resultado es que existan sociedades multiétnicas y multiculturales. Esto puede resultar una fuente de conflictos que tienen una gran repercusión en el Derecho Penal europeo.

A partir de la convivencia de varias culturas diferentes en un mismo espacio geográfico pueden generarse conflictos que mostrarían intereses contrapuestos, de un lado estaría el respeto a las convicciones religiosas, tradiciones o prácticas culturales y en el otro extremo la tutela de los bienes jurídicos fundamentales, siendo la respuesta del Derecho la de garantizar a toda costa la tutela de estos últimos.

En este contexto, una de las cuestiones que se deben resolver es si es posible llegar a un entendimiento desde el plano de la tolerancia, o si ante ciertas prácticas sólo puede mostrarse un absoluto rechazo, a fin de conseguir el bienestar colectivo de nacionales y extranjeros o de los grupos vulnerables que se encuentren dentro de esos colectivos.

Estos planteamientos pueden surgir cuando se discute acerca de ciertas prácticas consuetudinarias, que resultan incompatibles con los valores de la cultura occidental, como, por ejemplo, la ablación del clítoris practicada en las niñas, que aunque es una acción consentida en varios países, en España es una acción constitutiva de delito y es castigada por las leyes penales, concretamente se encuentra tipificada en el artículo 149.2 del Código Penal español, Libro II, Delitos y sus penas, Título III, De las lesiones.

Ya que es improbable que se pueda construir una fórmula que ofrezca una única respuesta correcta que sea aplicable ante los delitos que surjan de una comprensión cultural distinta, su análisis debe atender a las particularidades de cada uno de los casos que tengan en común este elemento, para así tratar de ofrecer una respuesta más justa.

El fenómeno de la diversidad cultural, también, plantea discusiones de tipo antropológico, como la que se centra en cuestionar la eficacia de una valoración moral, con vigencia universal que sea aplicable y válida para todos los contextos culturales. Se pueden encontrar planteamientos que catalogan, como un rasgo de etnocentrismo a que los derechos humanos tengan una eficacia erga omnes. Aunque otros argumentan que los derechos humanos, se sustentan en un ideal de conseguir una convivencia armoniosa entre diversas culturas, por lo que sus valores son aplicables a todos, y son válidos para la protección de los intereses más importantes para los seres humanos.

Promover el respeto y la tolerancia entre culturas tampoco implica permitir todo tipo de prácticas tradicionales, sino que posiblemente requiere de una argumentación que sustente el valor o la necesidad real de fomentarlas y transmitirlas por ser enriquecedora para sus integrantes.

El valor de una práctica cultural, no viene dado sólo por su permanencia en el tiempo, sino por sus repercusiones. Piénsese en el caso de las sociedades que fomentan desde sus tradiciones los castigos corporales, las mutilaciones, la pena de muerte o la discriminación de la mujer, que en definitiva resultan repudiables desde una visión respetuosa de la dignidad de las personas, pues no contribuyen al bienestar de sus miembros o atenten contra los más elementales derechos humanos, por lo que solo deberían promoverse aquellas prácticas que contribuyen al bienestar de un grupo o comunidad.

Existen conflictos surgidos al confrontar aspectos de culturas diversas y lejanas, ante esto, para saber lo que puede ser tolerable, el fundamento central es el respeto a la dignidad humana, pues lo que le sea contrario, no sería objetivamente aceptable. Consecuentemente, una conducta tolerada también, lleva implícito el contenido de lo que no es admisible o lo que se rechaza desde la sociedad y desde el Derecho.

En este tema una de las propuestas para lograr la convivencia armoniosa entre varias culturas, sobre todo cuando se trata del tema de la inmigración, es la del respeto hacia los esquemas del país de acogida, que precisamente marca los parámetros que deben ser respetados o que no pueden sobrepasarse en las actuaciones de los sujetos en sociedad.

Aunque una meta suprema es lograr la convivencia pacífica de los integrantes de varias culturas y grupos, a través de la conciliación de sus diferencias, guiados por la tolerancia y el respeto del derecho a la diversidad, no se puede olvidar que existen limitaciones o restricciones a ciertas expresiones culturales, sobre todo si resultan incompatibles, con el marco jurídico de la sociedad de acogida.

Tan relevante resulta la discusión de este tema que España ha expresado una postura de rechazo, ante ciertas conductas que considera intolerables o incompatibles con su sistema normativo, un ejemplo de esto es haber tipificado como delito autónomo la mutilación genital, ya que el Derecho Penal, como ciencia de carácter normativo, parte de la observación de la realidad y regula las conductas que requieren atención debido a la posible afectación de los bienes jurídicos elementales.

Para el sistema jurídico el respeto a la dignidad humana es un valor supremo, por lo que todo acto que le sea contrario es inadmisible, de modo que en el marco de las sociedades democráticas sólo tienen lugar las prácticas de grupos étnicos, pueblos o culturas que manifiesten un claro respeto a los derechos humanos y ninguna otra tiene cabida, pues ante las amenazas más graves a los bienes jurídicos debe intervenir el Derecho penal como medio de control social.

  1. ¿Puede hablarse de delito por un motivo cultural?

Una de las características inherentes a la existencia del ser humano y que lo diferencia de los animales es la cultura, que tiene que ver con el conjunto de prácticas, conocimientos, creencias, normas y otros factores que han sido adquiridos por el hombre y que se utilizan en las relaciones con los demás.

En toda sociedad conviven culturas coincidentes en algunos puntos o incompatibles en otros, por lo que cada grupo puede darle un significado distinto a determinados elementos o prácticas. El choque entre varias culturas puede ser el origen de conflictos criminales, una vez entendido esto, cabe recordar también que en toda sociedad existe una cultura dominante que es la que marca las pautas sociales y jurídicas del Estado.

El tema es complejo y puede generar muchas reflexiones y opiniones, ya que esta discusión puede abarcar temas tan diversos como: la gran variedad de delitos que pueden generarse a partir de estos conflictos, los bienes jurídicos que pueden verse afectados, el impacto social que causan estos delitos, etc.

Casos como los de la mutilación genital o matrimonios forzosos ocurridos en Europa, muestran que ciertas conductas consideradas delictivas, han sido influenciadas por una pauta cultural, en la que el autor realiza una acción que responde a los parámetros aceptados por su grupo de origen, por lo que existen conflictos entre normas de comportamiento, ya que unas reglas son las que han formado al sujeto y otras son las que se imponen en este nuevo espacio social muchas veces desconocido.

Al analizar esta clase de delitos algunos estudios que se guían por los lineamientos de la antropología y la etnocriminología se centran en este problema al considerar que la herencia cultural explica muchos de esos comportamientos delictivos, que ocurren con mayor incidencia entre los miembros de un colectivo determinado.

En casos como los mencionados, la sociedad de acogida, es la que rechaza y sanciona este tipo de actuaciones, en contraposición con el entorno en que culturalmente surge el acto incriminado, que con frecuencia fomenta su práctica. De modo que es una sociedad la que provee el fundamento cultural para esa acción y otra es la que lo reprime.

Los conflictos que se generan de la discrepancia entre culturas generan posturas contrapuestas entre las autoridades judiciales de la sociedad de acogida y los miembros del grupo al que pertenece el incriminado, que comprenden el delito de manera diferente, pues un mismo hecho transmite un mensaje distinto para los dos grupos involucrados.

En Europa, los movimientos migratorios relativamente masivos han incrementado el número de conflictos con un trasfondo cultural que se producen en la sociedad de acogida, por lo que las normas que los unos conocen, y las de la otra sociedad, pueden ser totalmente contradictorias, evidenciándose un verdadero choque de valores.

Las diferencias entre sociedades humanas en cuanto al modo en que comprenden y responden al  fenómeno criminal, evidencian las divergencias que pueden provenir de la significación que se le da a un hecho desde la visión de los distintos códigos culturales, pues una práctica que para un grupo puede justificarse, desde el significado ritual o  sagrado, por lo que es de obligatorio cumplimiento para sus miembros, si se analiza desde la perspectiva de las leyes de otro Estado puede ser simplemente un delito.

Cabe advertir que aquí se trata de destacar que un conflicto entre culturas, también, puede ser el origen de conductas delictivas, que son causadas por razones externas que han formado en el sujeto una comprensión distinta de un hecho o lo han formado en valores distintos que priman y dirigen su actuación. Se trata de un tema que debe abordarse con prudencia, para no fomentar malas interpretaciones, sobre todo cuando nos referimos al origen de la persona que comete el delito, pues de nada serviría crear un estigma negativo sobre una persona o colectivo, ya que eso no sería ni ético, ni objetivo.

Posiblemente las investigaciones que se interesen por el fenómeno criminal entre poblaciones inmigrantes deban tener en cuenta la presencia del factor cultural, que podría lograr explicar en parte el acto delictivo.

También una categoría de estas conductas viene dada por situaciones de conflicto, entre las normas de la cultura de origen, divergencia que a veces se debe a que el individuo no comparte la norma del grupo que va a juzgar su comportamiento, o no puede dirigirse de acuerdo con sus lineamientos.

Conclusiones

El respeto por los distintos sistemas de valores procedentes de otras culturas diferentes, no pueda servir para justificar la violación de derechos, pues es deber del Estado tutelar el respeto al catálogo de derechos humanos como mínimo común y además es imprescindible para conseguir una convivencia armoniosa de la sociedad.

Las prácticas culturales y costumbres que conforman las sociedades humanas son construcciones variables, que se componen de diversos factores o tendencias, en donde sus integrantes son, ante todo, seres libres con diversos vínculos de pertenencia: sociales, políticos, religiosos, familiares, etc.,  pero ante todo el individuo puede tener la capacidad de discernir sobre sus propias actuaciones y, en caso de ser necesario, alejarse de las prácticas que no le benefician, ni a él, ni a su comunidad, por lo que hablar de un condicionamiento cultural, no siempre es un esquema rígido del que los individuos no puedan separarse.

El respeto a la dignidad humana es un parámetro superior que no puede subordinarse ante prácticas culturales que vulneren derechos humanos.

No podría admitirse que sobre la persona perteneciente a una minoría étnica o cultural se formulen teorías discriminatorias, identificando el fenómeno delictivo con el origen étnico o nacional, ya que esas reflexiones, no serían beneficiosas y no representan una aportación técnica o científica.

Debe tenerse en cuenta que la cultura no es un bien absoluto y que existen otros derechos individuales y colectivos de gran valor, que en ciertos casos pueden o deber ser ponderados frente al derecho a la identidad o a la expresión cultural.

Tampoco, son saludables los extremos sustentados en el esencialismo cultural, que expresa un rechazo absoluto a la universalidad de los derechos humanos, pues aunque éstos parten de los postulados de la cultura occidental, sí son un esfuerzo por establecer planteamientos beneficiosos para todos los seres humanos, independientemente de su etnia, procedencia o cultura.

Natalia Mora

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