Laura: “no son delincuentes, se trata de mujeres que fueron ingenuas”

febrero 4, 2018
in Category: Casos
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Laura: “no son delincuentes, se trata de mujeres que fueron ingenuas”

Me dijeron que cuente mi historia, que me iban a leer, pero ¿cómo leen la historia de una persona sin saber quién es? Me presento, me llamo Laura, soy una ecuatoriana de 58 años. Soy una persona mayor, de edad como dicen, así que recibo atención prioritaria con otras mujeres de mi edad y también con mujeres que tienen problemas de salud. Yo también tengo ciertos problemas de salud, como la vista. Mi vista es mala y cuando leo me duele la cabeza. Por eso tampoco puedo cursar algo que me entusiasme, y estoy en este taller de bisutería que me aburre. Ya sé lo que están pensando, que soy una señora terca que no ha ido al doctor, pero están mal. No puedo ir al doctor, y aquí no hay atención médica adecuada.

Sé que creen que soy mayor y por eso no entiendo mucho, pero yo sé mucho. Sé que saben que estoy aquí porque miembros de mi familia abusaron de mi confianza, pero nadie sabe más que eso, solo yo sé lo que pasó. Ahora también sé cómo es el mundo de la cárcel. Antes de venir, nunca había pensado en eso, pero estando aquí sé que muchas chicas están aquí por ser como yo. No son delincuentes, son mujeres que fueron ingenuas, que confiaron en personas malas, y que cometieron un error. Yo sé mucho. Aquí me siento más lúcida que antes y aprendí que todos, toditos pueden ocultar algo malo.

Pero estoy agradecida por mi familia, aprecio mucho que nunca haya sentido rechazo de su parte. Tengo un esposo, tres hijos y cuatro nietas. Todos viven en Quito y desde que llegué, me visitan cada semana. Mi familia es muy importante pero no voy a negar que las relaciones familiares se han afectado. Mi esposo se deprimió cuando pasó todo esto, y claro, como yo estaba aquí, me dio mucha impotencia de no poder apoyarlo como él necesitaba. Eso nos afectó mucho, seguimos tristes por eso, pero intentamos concentrarnos en los momentos positivos. A veces es difícil como pareja, porque la intimidad se daña y el ánimo entre los dos cambia.

Lo peor aquí es la visita íntima. Recibo visitas íntimas de mi marido, pero nos dan dos horas. Dos horas es tiempo necesario con una prostituta, no con una esposa, con una esposa no es suficiente. Creen que la relación de pareja es solamente llegar, tener relaciones, y ya, rápido todo. La visita íntima es lo peor, me humilla. ¡Dos horas! Además, me da vergüenza porque todo el mundo sabe que uno va a la visita. Publican para que todos lo sepan, hasta las guías se burlan y hacen comentarios. ¡No soy yo! ¡Es una violación a la vida privada! ¡Toda la cárcel lo sabe! Aquí uno supera todo, ¿pero esa humillación? ¡Imposible! Muchas mujeres han dejado de recibir la visita íntima por la vergüenza. ¡Impensable! Y por dejar la visita, pierden a sus esposos. ¡Muy mal!

Además de eso, muchas chicas tienen problemas en mantener su feminidad en la cárcel. Yo me siento bien, me gusta mi cuerpo, me veo linda. Pero estar en la cárcel cambia la forma de verse, de verse a uno mismo, y la autoestima cambia. Aquí no nos dejan maquillarnos, pero es raro, porque a los hombres homosexuales que están en la cárcel de hombres, sí les dejan. No podemos ponernos lindas, ni un brillo para los labios, ni siquiera usar tacones. No sé para qué pido maquillaje si ni siquiera nos dejan tener espejos. Uno quiere maquillarse, sentirse linda, subir la autoestima, pero no, aquí nos quitan todo. Muchas han caído en depresión. Pero algunas chicas resisten, no se dejan quitar. Las chicas que tienen maquillaje lo esconden, cosen su uniforme a escondidas, y a veces se visten con cobija porque solo se tiene el uniforme naranja.

A mí no me afecta mucho eso, ya soy mayor, pero lo que sí me preocupa es cómo nos tratan aquí. La apariencia física no me molesta cuando me hacen falta las cosas más básicas. ¿Cómo puede ser posible que desde que llegué a la cárcel de Latacunga no haya comido una sola fruta? ¿Cómo puede ser que solamente tengamos dos interiores y que nos toque lavarlos todos los días? ¿Cómo es posible que el agua en el que lavamos esté sucia, fría, nos provoque infecciones y encima nos hagan salir de la ducha apestando? No hay higiene, no hay productos para limpiar, ruego que se nos dé algo de cloro para limpiar los cuartos, pero no. Impensable vivir así, pero así se vive. Nos quitan todos los derechos cuando uno ni siquiera es delincuente, como muchas aquí. Nos quitan todo y nos prohíben todo. Sería mejor que nos eliminen de una vez por todas, en vez de matarnos lentamente. Si yo llego a salir viva de aquí, es solo gracias a la voluntad y ayuda de Dios.

Además de la limpieza, hay que preocuparse de la convivencia. Yo me llevo bien con mis compañeras, creo que es porque sabemos que estamos en el mismo bote, estamos en el mismo lugar y compartimos el sufrimiento. Pero hay de todo aquí, hay compañeras que cortan relaciones con gente de afuera para que no sufran o porque no soportan. Yo por ejemplo, soy una mujer muy reservada, y como aquí no hay intimidad, hubo cosas que me chocaron desde el principio, como bañarme desnuda frente a otras.

Como dije, me llevo bien con mis compañeras, pero sé que son compañeras, no amigas. No soy cercana a nadie porque aquí no se puede confiar. Yo me las arreglo. Recibo los 60 dólares mensuales, y me las arreglo. Nunca me alcanza, a veces compro cosas para la limpieza y no me alcanza para la comida. Pero yo vivo de mi dinero, ni pido ni presto. En realidad sí tengo un grupo pequeño de confianza, las mujeres de mi cuarto, y Dios, pero nadie más porque aquí a muchas mujeres se les daña el pensamiento por la ansiedad, el estrés, el aburrimiento, la falta de la familia, y ¡qué sé yo! Hay peleas y conflictos por cualquier cosa, se ofenden muy fácilmente. Yo no me he peleado porque aprendí, aprendí que aquí se oye, se ve y se calla, nada más.

También hay peleas por culpa de las guías. Primero porque no hacen su trabajo, cuando yo estaba en la cárcel de El Inca, las guías caminaban por los pabellones. Acá no, están bien protegidas afuera, así que cuando hay problemas se tardan horas en llegar, es igual que no tener guías porque no hay protección. Segundo, porque se aprovechan de su autoridad. Para que dejen salir al patio o hacer llamadas, hay que pagarles. Hay chismes e intimidación. Aquí no se puede hablar de igualdad, solo hay igualdad en el uniforme. Las mujeres más malcriadas tienen pequeños privilegios, y en cambio si uno se porta mal, todas están alrededor para castigar. ¡Es muy injusto!

Pero bueno, yo solo estoy esperando, estoy aquí esperando, nada más. Voy once años y seis meses aquí, y ya cumplí el tiempo necesario para la prelibertad, pero los trámites se tardan muchísimo. Estoy esperando a que salga mi trámite, a irme a una Casa de Confianza, y luego a mi casa.

Tamia Brito

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