Julia: “la ciudad fría no quiso soltar la garras que tiene sobre mí”

febrero 4, 2018
in Category: Casos
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Julia: “la ciudad fría no quiso soltar la garras que tiene sobre mí”

Hoy desperté donde he despertado desde hace tiempo, en Latacunga, una ciudad muy lejos de mi patria, Cuba. Una ciudad fría, que si bien me ha dado a muchas compatriotas para que compartan este tiempo conmigo, me ha quitado algo mucho más importante: mi familia. Tal vez  la ciudad no me ha arrebatado nada, pero el estar aquí me ha impedido reunirme con quienes más quiero. Mi hija de 7 años está en Cuba. Desde que llegué a esta fría ciudad, no he podido verla y su ausencia pesa, me arrastra hacia abajo, y me vuelve más lenta. Si una palabra puede reflejar en algo cómo me siento, cómo está este ente femenino de 31 años, sería “deprimida”.

Intenté ir a Cuba hace un tiempo, pero no funcionó, la ciudad fría no quiso soltar las garras que tiene postradas sobre mí. Pero lo hará, estoy contando los días que hacen falta para que se oxiden y me suelten, para que me dejen abandonar el frío y retornar al calor y cariño que solo mi familia y mi patria me puede dar. Si algo debo admitir, es que el frío de Latacunga me ayudó a apreciar la calidez de mi familia. Antes era rebelde, por decirlo así, no tenía una buena relación con mi mamá, pero desde que vivo con los vientos y las neblinas, me acerqué mucho a ella. No he sentido que mi familia tenga algo en mi contra por estar acá, al contrario, podría decir incluso que este frío congeló los lazos familiares que querían romperse y los unió para siempre. Ahora que puedo imaginar mi regreso y el encuentro con mi familia, me siento mejor.

Cada que puedo, llamo a Cuba pero por desgracia es muy caro, 5 minutos cuestan 4 dólares. Por suerte tengo amigos que me traen las cosas que envía mi familia y con eso me mantengo bien. Yo no puedo recibir paquetes directamente, ni tampoco tengo teléfono particular que me permita comunicarme más seguido, así que mis amigos son de gran ayuda.  Intento mantenerme ocupada para no sentir el frío. Comparto con mis compatriotas cubanas, y siempre estamos juntas. Somos muy unidas, solidarias, nos preocupamos de nosotras y nos gusta empujarnos para ser mejores. Me gusta nuestra relación pero debo admitir que hay cierta rivalidad. Casi todas somos estudiadas, casi todas universitarias y en ocasiones discutimos para decidir quién es la más educada, quién es la más culta. No ha existido consenso alguno. También daba clases de salsa cubana porque era bailarina en Cuba, pero he perdido las ganas porque por algún asunto administrativo, limitaron mis clases.

Otra razón por la que me he mantenido cuerda con el frío de Latacunga ha sido mi esposo, él estaba cerca, aquí en Ecuador, pero ya no. La separación nos ha dolido, obviamente, pero seguimos siendo muy unidos. Él ha estado muy presente en toda mi residencia en esta ciudad, pero como también es cubano y no tenía visa para quedarse, tuvo que marcharse. Ahora está en Estados Unidos, pero sigue conmigo desde lejos.

Pero no somos solo cubanas las que vivimos con el frío, también hay mujeres de otros países que a veces sienten envidia porque ven lo unidas que somos, pero en general yo me llevo bien con todas. Nunca he tenido problemas con nadie, y tengo compañeras de cuarto con quienes me llevo muy bien, compartimos lo que tenemos y nos prestamos cosas. Una de ellas es ecuatoriana, y me causa mucha gracia que me llame “mamacita”, pero a la vez me hace sentir mejor. Soy una persona para quien es muy importante sentirse linda, por eso me empeño en arreglarme. A pesar de que el maquillaje es caro, lo compro.

Mi madre era diseñadora de ropa así que sé bastante de moda. Me gusta coser la ropa que tengo y cambiarla, y me hace muy feliz que cuando me ven, mis amigos me digan que no se nota que vivo en el frío de Latacunga. Así logro sentirme bien, linda y contenta con mi cuerpo. Pero no soy tan fuerte tampoco, el frío emborronó un poco la imagen que tenía de mi misma, tanto física como internamente, pero decidí que nadie se iba a meter con mi dignidad.

Aquí, aparte de tener el frío en la garganta, hay muchos otros problemas. Como dije, me llevo bien con todas, pero suele haber conflictos por la convivencia conjunta y las reglas. A veces, hay chicas que se quedan demasiado tiempo hablando por teléfono, y por eso hay peleas. Pero más que nada, yo creo que el problema no somos nosotras, es quien nos cuida. Esas personas casi no intervienen cuando hay conflictos, y además, nos tratan diferente, no hay igualdad. A mí me dicen cosas para hacerme sentir mal, y acentúan el hecho de que soy de otro país. Otras reciben beneficios que no sé por qué, pero siempre son ecuatorianas. A quienes somos de otros países siempre nos tratan peor, y encima, a quienes tienen el respaldo de otras instituciones, les dan aún más beneficios.

Por ejemplo, yo que cursé la universidad por dos años, pero no puedo ingresar a clases porque no tengo el documento oficial cubano. Pero bueno, son cosas que he vivido desde que estoy en este frío de Latacunga. Solo dos cosas quisiera decir con toda la firmeza que amerita: la primera, que la atención médica es pésima. Una amiga mía tiene un quiste ovárico y no la han tratado hasta ahora. Y la segunda, que por cómo es el espacio físico en Latacunga, y las pocas salidas que se me permite tener a la semana, se siente más frío del que realmente existe.

Sin embargo, para sincera, tengo algo de miedo de ya no vivir en el frío. Me da paranoia de lo que hay más allá de esto que ya conozco, de cómo serán las cosas y de cómo será la gente en otros lugares más cálidos.

Pero cuando salga del frío, quiero estar unos días en Ecuador para agradecer a mis amigos y luego, inmediatamente irme a Cuba, al calor cubano.

Llegué al frío por drogas. Ahora solo quedan 310 días de frío. El frío es la cárcel.

Tamia Brito

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