Ana: “En la cárcel aprendí a valorar todo lo que tenía afuera y mucho más”

febrero 4, 2018
in Category: Casos
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Ana: “En la cárcel aprendí a valorar todo lo que tenía afuera y mucho más”

Nunca he vivido en Ecuador. Desde que estoy aquí me siento pésimo, horrible, fatalmente mal. ¿Pero lo peor? Sentirme totalmente sola, sin nadie con quien hablar, ni mi familia para abrazar. Toda mi familia vive en Colombia. Hasta mis dos hijos viven allá. Tengo un niño y una niña de distintos padres, pero cada uno está en sus tierras, así que las visitas son muy, pero muy complicadas. ¿Sabe qué? El padre de mi hija la trajo a mi niña desde Colombia, fue una sorpresa, y fue el día más bonito de toda mi estadía en Ecuador. Mi hijo nunca pudo venir, pero intento mantener las relaciones familiares por teléfono. No solamente con mis niños, también con mi mamá y mi hermana. Con nadie más, porque mis tíos, primos y amigos me dejaron. Se rompió la relación porque no podían aceptar tener a una persona en la cárcel en su círculo familiar y de amistad. Pero está bien, es su decisión. A mí lo que me interesa es la separación con mi mamá y mis niños. Mis niños viven con mi mamá, pero igual, estar separada de ellos es demasiado difícil. Sé que están bien, que están cuidados, pero es muy difícil, porque no solamente me duele. Además de no estar, les estoy dando un mal ejemplo. Ellos ya son grandes y entienden muy bien dónde estoy.

¿Sabe una cosa? Antes de entrar a la cárcel pensaba que las mujeres privadas de libertad se lo merecían, que eran delincuentes, gente mala, gente que era mejor tenerla encerrada. Pero es diferente estando adentro. Hoy me doy cuenta que esa visión que yo tenía, ahora la sociedad y mi familia la tienen hacia mí. En la cárcel me di cuenta de muchas cosas, aprendí a valorar todo lo que tenía afuera. También me hizo reflexionar sobre mi forma de ser y mi modo de vida, quien era antes y quien quiero ser cuando salga. Cuando salga de la cárcel quiero volver a estudiar. Estaba cursando el cuarto semestre de ingeniería en sistemas, cuando entré, quisiera acabar y sacar mi título.

La cárcel me ha hecho descubrir otras cosas, como el lesbianismo. Tengo una pareja, una colombiana con quien me puedo sentir linda, guapa, alguien que me ayuda a sentirme bien. Me siento orgullosa de mi pareja y esta relación hace que estar aquí sea más suave. A veces, compartir tanto es un poco pesado y pierdo la paciencia porque ninguna de las dos tenemos vida fuera de nuestra relación, porque aquí no tengo amistades aunque en general me llevo bien con mis compañeras. Hay chismes, como en todo lado, pero no me molestan mucho por tener una relación homosexual.

Me considero una mujer muy femenina, muy mujercita como dirían, así que no poder usar maquillaje ni ropa que me guste, me molesta bastante. Me conformo cosiendo mi uniforme para que sea un poco más femenino. Pero ¿sabe qué? La autoestima es algo interno, no se afecta por la privación de libertad. Yo vengo de la calle, y le juro que es igual, no cambia tanto aquí. No sé si después de salir de Latacunga siga saliendo con chicas, pero por ahora, me conviene. Pero no comparto todo con ella, en una relación de pareja no se puede compartir todo. Ni afuera es así, mucho menos dentro de la cárcel.

La vida aquí dentro es regular, hay mucha pelea. Lo que más genera problemas entre las internas, son las llamadas. Muchas se quedan hablando por demasiado tiempo y eso es cosa de cada semana. ¡La semana pasada, una chica perdió su dedo en la puerta de una cabina porque otra chica se la cerró con una violencia que no se imagina! En general, son las mismas internas las que arreglan los conflictos, porque las guías se tardan en llegar. Y cuando llegan, se meten, se gritan y se forma una especie de cadena de pelea. Es cosa de siempre y es muy estresante, no se siente seguro el ambiente. Y encima, ya de por sí las internas se pelean, pero además de eso las guías dan material para peleas porque hay muchas preferencias. A algunas las dejan salir al patio cuando no es día de salida, les dan más tiempo para hablar por teléfono y las dejan hacer más llamadas. Eso pasa porque son amigas de las guías o porque la familia de las internas les da dinero a las guías. Claro que los privilegios generan peleas y a veces, algunas internas se vengan.

La cárcel, déjeme decirle, no se caracteriza, para nada, por la igualdad. Quien tiene dinero, aprovecha el economato y lo vende más caro. Estoy prácticamente viviendo en Ecuador, pero lo odio, lo detesto con todo mi corazón. Estoy estudiando el básico y no trabajo. Hago teatro pero no gano dinero. No quiero pasar ni un día más en este país, quiero ir a mí país, quiero volver corriendo a Colombia y nunca más salir de mi tierra. Allá las personas más cercanas a mí me esperan. El resto no es importante. Quien tiene dinero, paga a las guías para tener privilegios. En la cárcel de El Inca la vida era más agradable que en Latacunga.

A quien me lea, lo saludo. Soy Ana, soy colombiana y tengo 25 años. Estoy en la cárcel de Latacunga desde hace un año y medio. Me detuvieron en el aeropuerto Mariscal Sucre por drogas, era mula. Supongo que esa es la pequeña introducción que debí dar al inicio. Pero no lo hice porque sí soy todo eso, pero soy mucho más que eso.

Tamia Brito

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