El domingo 5 de febrero de 2017, se jugó la segunda fecha del campeonato ecuatoriano de fútbol. Pero a los once minutos, antes de que se cobre un tiro de esquina, el árbitro Roddy Rodríguez, suspendió el encuentro entre Barcelona y Macará. En la Sur Oscura, bajo una tela que decía Siempre estás allí, en cada latido de mi corazón, aficionados del mismo equipo se agredían físicamente. ¿El motivo? una “pugna de poderes”. Ese día, 45 ciudadanos salieron heridos del Monumental. La Fiscalía General abrió tres procesos: tentativa de asesinato, lesiones e incitación a la discordia.

Este no es un hecho aislado. El Ecuador registra cifras de agresiones y muertes en los graderíos y exteriores de sus estadios, desde hace más de una década. Las grescas arden entre tambores y cánticos; y la algarabía del fútbol se confunde con graves problemas sociales y se derrama por la ciudad. Para Fernando Carrión, profesor investigador de FLACSO Ecuador, los niveles de impunidad de violencia en el fútbol son más altos que en otros espacios. Sus estudios sobre la sociología de este deporte indican que en el Ecuador, el factor regional es predominante; y que la revancha social está presente domingo a domingo.

En esta entrevista, Carrión habla de la identificación colectiva y sus prácticas según el territorio; y de los atributos del fútbol actual como la internacionalidad de los equipos. Además, explica la urgencia de que el Ecuador investigue los delitos cometidos en espectáculos deportivos, para consolidar los hallazgos en una legislación. Algo similar a lo que sucedió en Inglaterra con el Informe Taylor (1990).

En la década de los 80, el fútbol empieza a preocupar a las ciencias sociales, entre otros aspectos, por el aparecimiento de los hooligans. ¿Cómo cambian las percepciones del espectáculo deportivo a partir de lo ocurrido en Bruselas (1985)?

Varias cosas. Primero, yo diría que la reflexión sobre el fútbol aquí, en el Ecuador, es muy precaria en los ámbitos de la antropología, para estudiar la condición de identidad en el tema de la barras. Algo más se ha hecho en términos históricos. Y lo que más se ha hecho es en términos periodísticos.

 La segunda cosa es que el fútbol mundial cambia de una manera sustancial, a fines de los 80 y a principios de los 90. El tema de la televisación de los partidos provoca una caja de resonancia muy fuerte. Hay un proceso de mercantilización del fútbol y del futbolista, por el fenómeno de la televisión también. Y hay un jugador belga que buscó jugar en Francia, hizo una impugnación en las cortes belgas, y perdió. Luego, impugnó ante la Unión Europea y ganó. Eso es lo que se denomina la famosa Ley Bosman, que permite a los futbolistas moverse libremente con equipos. Antes lo que había era una relación bastante esclavista en la que los clubes eran propietarios de los jugadores. Ahora, la relación es más moderna: capital-trabajo. En este contexto, por este fervor nacionalista, se producen los hechos de violencia más grandes alrededor de los hooligans, que no son un fenómeno exclusivamente inglés. Tuvo su origen en Inglaterra y se regó por toda Europa. Algo que también tuvo repercusiones acá.

En esa época, con la Primera Ministra, Margaret Thatcher, existía la urgencia de investigación. Estaban tan urgidos que se demoraron dos años en el Informe Taylor.

Yo diría que esta es la base para las políticas de seguridad de fútbol en el mundo. Aquí en el Ecuador se ha discutido la Ley de Violencia en la Asamblea, pero sin hacer una investigación previa. Yo creo que por eso no se comprende cuál es la problemática del fútbol y la violencia.

Sabemos que el fútbol es pasional, por tanto, carece de razón, ¿qué motivaciones tiene el hincha para conformar una barra brava?

Bueno, más que provenir de la pasión, yo creo que es la evolución de las hinchadas y los clubes. Eso tiene que ver con vínculos sociales. Hay que establecer una diferencia importante. La violencia en el fútbol de Argentina no es la misma que la nuestra. El fútbol argentino es básicamente de origen barrial. El ingresar a jugar en Buenos Aires, siendo visitante, es una forma de transgresión del espacio. Uno entra al barrio que no le gusta y hay una forma de transgresión y colonización del espacio. Termina con grafitis en las paredes o con actos vandálicos, dependiendo de los resultados. Eso hace que la organización entre las barriales y la organización de las barras bravas sea más próxima. En el Ecuador, no tenemos fútbol barrial, sino institucional. Quizá en eso somos absolutamente extraños en el mundo. Tenemos un equipo de la Policía, de las Fuerzas Armadas, de las universidades, de migrantes, de una empresa privada de producción de energía eléctrica. Entonces, eso hace que las relaciones con el territorio, respecto a Argentina, sean muy distintas. En otras palabras, esa relación con el territorio genera un tipo de violencia. Las organizaciones del barrio son exactamente iguales a las del fútbol. De manera que se cuelan las pandillas y narcotráfico.

El fútbol actual parece remitirnos al Coliseo Romano, en el que los gladiadores salen a “matar”, con el aplauso y la admiración de miles de personas. ¿Cómo fue que logramos revivir esa dinámica?

No es tan así como salir a “matar”. Ahora los futbolistas se cuidan mucho, se reconocen como productos. Y a su vez, son vitrinas ambulantes donde está una publicidad global. Por eso es que si juega Ronaldo o Messi, la cantidad de tiempo que se les ve a sus jugadores es desproporcionada frente al resto, porque lo que están haciendo es mostrar su publicidad.

Cada uno de ellos es una marca. Esto genera identidades respecto de marca, especialmente, de la indumentaria deportiva. También genera lealtad a los equipos. Yo me imagino que con la venta de Ronaldo a la Juventus, se produjo una migración de las hinchadas globales del Real Madrid a la Juventus. Y eso está pasando también con los entrenadores, por ejemplo, la movilidad que ha tenido Pep Guardiola, del Barcelona, al Bayern y al City, ha hecho que muchos seguidores también se muevan.

Las hinchadas son consentimientos múltiples en el siguiente  sentido: puede ser hincha de Liga de Quito, de River Plate, del Real Madrid, y probablemente del PSG. Cosa que antes era impensable. Antes uno era hincha de un solo equipo. Y generalmente, ahora uno termina siendo hincha de los equipos grandes y exitosos.

Tengamos en cuenta la complejidad de los Clásicos y cómo evolucionan en función del fútbol y de cada sociedad. Por ejemplo, en el caso del Ecuador: tenemos clásicos locales muy fuertes: Barcelona-Emelec y Liga-Aucas. La constante que hay detrás es la revancha social. Siempre se confronta el universo simbólico del equipo de los millonarios con el equipo popular. Entonces, en Guayaquil hay un equipo millonario y uno popular. Independientemente de los recursos es el imaginario de ese Clásico. En Quito, los universitarios de clase media y el equipo indio, de la Amazonía. Esto está presente en Buenos Aires, en Manchester… pero conforme el fútbol va evolucionando, los Clásicos se hacen nacionales.

Esto tiene que ver con las características del proceso de urbanización. En Argentina es muy difícil que haya un Clásico nacional, porque seguro será local de Buenos Aires, con 12 millones de habitantes. En Ecuador, el Clásico nacional es Liga-Barcelona; en España, Real Madrid-Barcelona. Hay Clásicos globales, de selecciones o de equipos. Ahí, la confrontación se modifica.

“EL TEMA DE LA TELEVISACIÓN DE LOS PARTIDOS PROVOCA UNA CAJA DE RESONANCIA MUY FUERTE, HAY UN PROCESO DE MERCANTILIZACIÓN DEL FÚTBOL Y DEL FUTBOLISTA, POR EL FENÓMENO DE LA TELEVISIÓN TAMBIÉN.”

Usted indica en “Fútbol y violencia. La razón de una sin razón”, que el fútbol internacional mueve a la gente, y a la vez, fomenta la xenofobia y la discriminación. Pensemos que el Real Madrid acaba de completar su primer millón de socios internacionales, gente que paga sin recibir beneficio alguno. ¿Qué problemas acarrea la internacionalidad de los equipos?

Trae  problemas y muchas ventajas, sobre todo, para el club. Tener un millón de hinchas afuera no es cualquier cosa. Fijémonos en la estructura de ingreso de esos clubes, comparativamente con lo nuestro, que es básicamente taquilla. La taquilla de ellos no es el rubro principal.

Está compuesta por estos socios o hinchas que están fuera. Eso ha hecho que incluso la pretemporada cambie sustancialmente. Antes era un mes de hacer cuestiones físicas. Ahora se hace con balón. Es una exigencia: el Real Madrid debe ir a jugar en China, Estados Unidos, en algún país árabe, en lugares emergentes.

¿Quién es el responsable de esta internacionalidad?

Creo que es el proceso de globalización del mundo. La estructura de General Motors y la del Real Madrid son exactamente iguales. Lo que ocurre con la General Motors es que antes se construían todos los vehículos en Detroit. Hoy día se hacen con llantas de China, baterías de la India, cauchos de Brasil… los famosos galácticos del Real Madrid son eso. Incluso, en el último Mundial nos dimos cuenta que 16 jugadores de cada uno de los equipos más grandes del mundo eran seleccionados de distintos países.

Justamente pensaba que la actual campeona del mundo es una selección inmigrante. ¿Cuál es el mensaje de esto?

Yo creo que esto no es de fútbol, es de las sociedades. La migración hoy en día es una característica típica. Nosotros estamos viviendo migración cubana, haitiana, venezolana. Nosotros que habíamos sido país expulsor, mas no receptor de población. Pero ya tenemos eso. Cuando uno ve la composición de la selección de Estados Unidos, todos los jugadores son estadounidenses pero hijos de migrantes. Cuando vamos a Europa, la cuestión se explica porque se trata de países coloniales. Entonces, Francia como Holanda han tenido colonias en África. Por lo tanto, sus equipos cambian. Vuelvo a la Ley Bosman, que dio la posibilidad de libertad para la mano de obra.

Prácticamente, las pancartas con mensajes desafiantes están normadas, como lo vimos en un derbi madrileño el año pasado, ¿es posible reprimir sentimientos en la hinchada?

En el fútbol como en ninguna otra actividad tenemos la expresión de dos formas de violencia. La violencia física que es la agresión, el asesinato, etc. Y la violencia simbólica. Creo que esta última ha estado presente desde siempre. Y es por esto de la revancha social en los Clásicos y el hecho de jugar contra un rival. Yo creo que sí hay que normar. Y me parece que el fútbol es una de las actividades que más normado tiene, por ejemplo, el tema del machismo. En el Mundial de Rusia se prohibió que las empresas de televisión muestren imágenes de las mujeres en las tribunas. También están las sanciones que tienen las tribunas, por temas de machismo y sexismo. Son expresiones de la sociedad. Me parece que en este deporte sí hay un proceso bastante importante de formas de violencia simbólica que están absolutamente presentes.

Hablemos sobre los niveles de impunidad. En Ecuador hay casos emblemáticos como el del niño Carlos Cedeño, hincha de Emelec, que murió por una bengala en el Monumental, en 2007. ¿Existe la necesidad de tipificar los delitos que ocurran durante espectáculos deportivos?

Sí se necesita una reglamentación especial para el fútbol. Pero el asesinato no tiene por qué ser tipificado para el fútbol. Eso ya está tipificado en el Código Orgánico Integral Penal, con penas bastante fuertes. En este caso, lo que conozco es que, originalmente, fue una confrontación entre Barcelona y Emelec, pero la persona que falleció no fue producto de eso. Fue una bengala que vino de otro sector. Hay mucha impunidad en el fútbol, no solo asesinatos. También me refiero a pago de impuestos, recepción de recursos económicos de manera ilegal, publicidad que no se entrega como debería.

Hay quienes aseguran que la tragedia de Hillsborough pudo evitarse si la infraestructura del estadio hubiera sido “más eficiente”. ¿Qué se puede hacer desde la gestión deportiva?, ¿acaso solamente se trata de construir estadios lujosos?

El caso de Inglaterra es muy interesante porque ellos tienen su estructura jurídica a partir del derecho consuetudinario. Cada caso necesita ser investigado, por eso, el Informe Taylor, como lo hablamos hace un rato, es la investigación de todos los casos de violencia que se han producido en Gran Bretaña. A partir de esto se ve que hay muchos hechos que se produjeron por la infraestructura deportiva. Y esos estudios han sido adoptados y normados por la FIFA.

Por ejemplo, se supone que un estadio debe evacuarse en seis minutos. Cuando vamos al Olímpico, el número de puertas es precario. Hay muchas que permanecen cerradas. Pero eso ha ido cambiando porque la FIFA asumió el Informe Taylor. En el caso de Ecuador, es necesario investigar los casos de violencia para, a partir de ello, generar una legislación particular.

Cuando la violencia sale de los estadios a la ciudad, ¿seguimos hablando de un espectáculo deportivo?, ¿un problema social puede ser espectáculo?

El espectáculo deportivo se realiza en un espacio específico que tiene su eco en los medios de comunicación, en las redes sociales… Lo que pasa fuera del estadio es muy complicado.

Me da la impresión que la normativa del FIFA, tan exigente, lo que ha hecho es que, prácticamente, en la cancha ya no exista lo que había antes: bataolas entre futbolistas. Ahora hay poco. En el caso inglés, hubo  una combinación de las tribunas. Se normaron las tribunas respecto a las hinchadas y el conflicto de las barras disminuyó. Pero hay más problemas: dentro del mismo equipo hay distintas barras, y eso, en Argentina, es un problema fuerte.  No solo es un conflicto entre barras de distintos equipos, sino entre seguidores del mismo equipo. Ahora, como hay restricciones en la cancha y en las gradas, pero la violencia se expresa a fondo. Hoy en día ir al estadio implica ponerse la camiseta y decir “Hoy jugamos”. El rato que sale del estadio, sale con la camiseta y con el resultado del partido: “el árbitro nos robó”. Y eso termina confrontándose en las estaciones de transporte público, por ejemplo.  

En el Ecuador vivimos una ola de violencia machista, abusos sexuales en los colegios, ¿usted cree algo de esto es palpable en los graderíos de nuestro fútbol?

Sí, claro. Bueno, el fútbol no es un reflejo de la sociedad, pero sí es parte de la sociedad. Y al ser parte de ella, hay estos famosos ismos (machismo, sexismo, racismo), obviamente deben tener una expresión en ese escenario. Probablemente, se potencia un poco más porque el fútbol es confrontación. Incluso cuando se hace la invocación por parte de la prensa para que asistan al estadio, siempre se invocan cuestiones que le separan al uno del otro. Pero el rato que empieza el partido, el yo incluyente se expresa a través de todos los problemas que tiene la sociedad mundial.

¿Cómo ve el panorama de la mujer en los espacios deportivos?, me refiero en distintos roles como hincha o periodista…

En Gol Tv hay una división clarísima. La mujer está en la cancha, mientras que el periodista varón está en la suite. Él analiza y trasmite; ella proporciona la información. Lo que creo es que en el Ecuador se han feminizado las hinchadas.

Antes eran hinchadas de hombres para hombres. Me da impresión de que eso ya no es así. Incluso está creciendo el fútbol femenino. Hay campeonatos femeninos, mujeres árbitros, no como deberían, pero ya es un salto importante. La mujer es una secretaria en la cancha, y se enfrenta a los periodistas varones que hacen el trabajo serio. Claro, la publicidad, quizá sea el espacio donde mayor peso tenga mujer. En el marketing. Es extraño porque cuando se hace la presentación de la camiseta oficial del equipo, en muchos casos, no son los jugadores quienes la visten, son modelos mujeres.

Los apuntes de Fernando Carrión inscriben a la violencia del fútbol en una cuestión territorial. Como señala en la entrevista, jugar de visitante en un Clásico es una trasgresión al espacio. Estos partidos también representan la lucha de clases e ideologías políticas. El Clásico español es uno de los partidos más televisados a nivel mundial; se estima que en 2017,  650 millones de personas, en 185 países a través de 50 operadores internacionales que poseen los derechos de trasmisión, miraron el partido; pero fuera de esto, el choque Real Madrid – Barcelona hoy es un enfrentamiento de ideologías por la independencia de Cataluña: los españoles (de estirpe) versus los independentistas que pitan al himno español. 

El imaginario social sigue siendo predominante dentro y fuera del estadio. El derbi madrileño, otro duelo que se ha cotizado internacionalmente en los últimos años, representa la confrontación de clases sociales y la pugna por la capital. Uno de los cánticos madridistas es: Indio, decime qué se siente haber perdido la final (…) Rojiblanco eres llorón, además de segundón, qué cobardes los hinchas del Calderón. Mientras que los colchoneros vibran en las gradas coreando Que se enteren los vikingos quién manda en el capital. El Clásico francés, París Saint-Germain – Olympique de Marsella, representa la rivalidad de las dos ciudades más grandes: la urbe sofisticada  contra la rusticidad de provincia. Mientras que en Argentina, como señala Carrión, el ambiente que levanta un Boca –River Plate es muy diferente: el barrio La Boca es un lugar de migrantes y de tango. Cuando River es visitante en la Bombonera, los hinchas cantan En el barrio de La Boca, viven todos los bolivianos, se cagan en la vereda y se limpian con la mano (…) Hay que matarlos a todos mamá. Que no quede ni un bostero. Y en el Ecuador, el Súper Clásico capitalino, muy parecido al derbi madridista; es esa cita entre ricos y pobres; como lo testifican estos apelativos a los estadios “el microondas” y “la caldera”.

Estos ejemplos de violencia simbólica reviven el espíritu competitivo del deporte y la necesidad de humillar al rival valiéndose de argumentos extrafutbolísticos. Como si la pérdida del rival fuese más importante que la propia victoria. Para controlar la violencia, el racismo y la xenofobia en el fútbol, los entes involucrados han emprendido campañas. Por citar algunas, RESPECT Say no to racism, de la UEFA, que reunió a los jugadores más influyentes de Europa. Y para no ir tan lejos, la campaña Ecuador Hincha de Paz, del Ministerio del Interior, que busca escenarios deportivos seguros. Los futbolistas influyen en el comportamiento de los hinchas; lamentablemente, los actos violentos que ocurren en el césped tienen repercusiones en espectadores y telespectadores. El cabezazo de Zidane a Materazzi y las palabras racistas de Luis Suárez a Evra son actos que no se quedaron en el césped. Están grabados en la memoria de los seguidores, entre otras cosas, por los medios de comunicación.

En este punto, vale pensar en el aporte de los medios a la violencia en el fútbol. En 2016, un caso de violencia de género tuvo gran repercusión mediática: cinco hombres, autodenominados La Manada, violaron a una joven en los sanfermines de Pamplona. Cuando la prensa española publicó los perfiles de los victimarios destacó que dos eran socios del Sevilla y que ya tenían antecedentes por desorden público, precisamente, en el estadio. En su defensa, aparecieron los Biris Norte (la barra ultra, de extrema izquierda del Sevilla) y pidieron libertad para sus socios, que acababan de ser sentenciados por abuso sexual. Se supone que la misma barra envió a un abogado para defenderlos. En este caso, los medios utilizaron el factor de la barra brava para enardecer el “linchamiento” a los victimarios. La prensa generaliza constantemente y le cuesta identificar responsables dentro de las barras bravas.

La erradicación de la problemática abordada en esta entrevista depende, en gran medida, de la gestión deportiva y de la Ley. Desde la tragedia Hillsborough hay una experiencia de 30 años. Las aplicaciones de los reglamentos expuestos en el Informe Taylor sí tuvieron éxito; y el resto de Europa se ha dedicado a categorizar los estadios que albergan los grandes eventos deportivos bajo el modelo británico. El fútbol, a diferencia de los otros deportes, es un producto que se consume todo el año, es un espectáculo permanente. Por ello, necesita políticas públicas contra la violencia. Como señala Fernando Carrión, no se necesita tipificar el asesinato en escenarios deportivos, pero sí debería existir una legislación específica para estos eventos. La impunidad hace que la rivalidad entre hinchas crezca. El fútbol no necesita odio, pero sí una Ley que garantice seguridad. En el Ecuador hay un camino muy largo por recorrer.

Anaís Madrid
Periodista
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Twitter: @anaistamara