La razón, la lógica cartesiana, las categorías de análisis científico se han vuelto obsoletas frente al intento por comprender, y peor aun explicar, el fenómeno de la violencia y la inseguridad.

La violencia se ha vuelto loca, afirma Édgar Morin, al superar todo tipo de racionalidad, sobrepasa y desborda todo alcance estratégico (Morin, 2011)

El carácter multicausal de la seguridad y defensa son, en mi criterio, el problema principal que impide o dificulta su plena comprensión y por tanto las formas de enfrentarlos o resolverlo.

Esta conclusión explica la selección, en cierta forma arbitraria de realizar una aproximación cualitativa a dos problemas, la corrupción y el narcotráfico.

Comenzaré por la corrupción, lo que no significa atribuirle la causalidad principal de la seguridad y defensa.

Corrupción

Basta revisar las noticias y escándalos que aparecen diariamente en los medios de comunicación, tanto en el ámbito internacional como nacional, para conjeturar el grado de frecuencia, encubrimiento, complicidad y aceptación de los delitos de corrupción; la mayoría de ellos impunes, en especial aquellos realizados por los altos funcionarios públicos, cometidos por personas que gozan de posiciones privilegiadas, de confianza e influencia en el poder político, así como por su capacidad de aprovechar las ventajas y oportunidades que les brinda el poder.

Sin duda, la mayoría de los vergonzosos escándalos de corrupción son una muestra fehaciente del grado de degradación moral, ética e institucional existente en la sociedad actual. Un argumento frecuente, y por cierto insuficiente, respecto del origen de la corrupción suele ser que este mal siempre ha existido, que es un mal endémico y es por tanto irresoluble.

Juan Montalvo, aquel extraordinario intelectual, periodista y polemista, que ubicaba la corrupción en el mundo de las tinieblas decía “No soy enemigo de individuos ni de clases sociales, donde está la corrupción allí está mi enemigo; donde está el reinado de las tinieblas allí me tiro sin miedo”.

Incursionar en la corrupción en el caso ecuatoriano y latinoamericano es una tarea que no tiene fin, razón por la que he optado por tomar como ejemplo paradigmático el caso de corrupción desatado en América Latina por la constructora brasileña Odebrecht. Corrupción que, en buena medida, da pie al destape de un conjunto de escándalos que avergüenzan a la sociedad ecuatoriana, pero cuya impunidad, al parecer, ha ido naturalizándose.

Los descubrimientos de corrupción desenmascarados en los últimos años en casi todos los ámbitos del acontecer económico, político y social, remueven las bases mismas de la moral pública, individual, y por cierto democrática, de los ecuatorianos, al punto que el saneamiento de este mal es sin duda uno de los mayores desafíos al que debe enfrentarse el país, en todas sus instituciones e instancias.

En forma breve recordemos que este escándalo -que no es más que el inicio de un interminable número de casos de corrupción, que en el caso de la década del correísmo, según la Comisión Anticorrupción es de 38 millones de dólares, cantidad  que no ha sido recuperada en su mínima expresión- estalló el 21 de diciembre de 2016 y que, según las revelaciones de la Justicia estadounidense sobornó en más de 785 millones a intermediarios y funcionarios gubernamentales de 12 países, entre los que se encuentran Angola, Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Guatemala, México, Mozambique, República Dominicana, Panamá, Perú y Venezuela.

Entre 2007 y 2016 esta empresa pagó 33,5 millones a funcionarios del Gobierno de Ecuador, liderados por el expresidente de la República, Rafael Correa, con el fin de obtener contratos de obras públicas, personaje que de forma obsesiva ha negado aduciendo que antes que el cometimiento de delitos de corrupción se trata de una “persecución política”.

El Ecuador, según el informe de la ONG Transparencia Internacional, figura entre los países con mayor percepción de corrupción durante el 2015, junto con Argentina el país se ubicó en el puesto 107 de un total de 167.  (El Comercio, 20-01-16). 

Si bien las estadísticas son un punto de apoyo para dimensionar la magnitud, complejidad y universalización de la corrupción considero transcendental tener una aproximación cualitativa que caracterice el fenómeno de la corrupción.

La periodista guatemalteca, Relatora Especial para los Derechos de la Mujer de la CIDH, Marta Altolaguirre sintetiza estos desvergonzados delitos: 

Cuando en una sociedad los desvergonzados triunfan cuando los abusadores son admirados; cuando ya no hay principios y solo impera el oportunismo; cuando los insolentes mandan y el pueblo los tolera; cuando todo se vuelve corrupto, pero la mayoría guarda silencio; cuando tantos “cuándos” se unen, quizá sea hora de esconderse; hora de interrumpir la batalla; hora de dejar de ser Quijote; hora de revisar nuestras actividades, revaluar a los que nos rodean y volverse sobre nosotros mismos.

Desde una lectura estética el poeta, compositor y actor teatral, Enrique Santos Discépolo, escribió la letra de un tango emblemático “Cambalache” que muestra una imagen del azar insolente, de la confusión de valores y la desacralización del fenómeno de la corrupción.

Letra de tanta trascendencia que el escritor y académico español, galardonado con el Premio Nobel de Literatura, Camilo José Cela lo incluyó entre sus poetas populares preferidos; y Ernesto Sábato no dudó en identificarlo como una expresión de la filosofía pesimista.

Tango Cambalache

El mundo fue y será una porquería
ya lo sé
En el quinientos seis
y en el dos mil también

Que siempre ha habido chorros
maquiavelos y estafaos
contentos y amargaos
barones y dubles

Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldad insolente
ya no hay quien lo niegue

Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseados

Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor
Ignorante sabio o chorro
generoso o estafador …

¡Todo es igual!
¡nada es mejor!
lo mismo un burro
que un gran profesor

No hay aplazaos
ni escalafón
los inmorales
nos han igualao

Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición
da lo mismo que sea cura
colchonero Rey de Bastos
caradura o polizón

¡Qué falta de respeto
que atropellaba la razón!
cualquiera es un señor
cualquiera es un ladrón…

Mezclao con Stravinski va Don Bosco
y “La Mignon”
Don Chicho y Napoleón
Carnera y San Martín

Igual que en la vidriera
irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida

Y herida por un sable
sin remaches
ves llorar la Biblia
junto con un calefón
Siglo veinte cambalache
problemático y febril
el que no llora no mama
y el que no roba es un gil

!Dale no màs…!
!Dale no más…!
que allá en el Horno
nos vamos a encontrar

No pienses más
sentate a un lao
que a nadie importa
si naciste honrao

Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey
que el que vive de los otros
que el que mata que el que cura
o está fuera de la ley…

Narcotráfico

El crimen organizado y, en particular, el narcotráfico se ha convertido en el fondo misterioso de la modernización y de la globalización.

Sin duda el narcotráfico es una de las mayores amenazas a la seguridad externa e interna, a la democracia y, por cierto, a la paz social que acecha a América Latina y al Ecuador.

Los montos que manejan los cárteles y las mafias del narcotráfico superan en mucho las deudas externas de varios países periféricos, hipnotizando a un público incauto con la represión de adolescentes que fuman marihuana en una plaza.

Es notable el grado y nivel de organización y capacidad de gestión autónoma de los cárteles y de las diversas organizaciones criminales, características empresariales que después de décadas de esfuerzos por derrotar al narcotráfico, incluido las guerras contra este fenómeno, en lugar de debilitarlo ha fortalecido el negocio de la droga y sus estructuras, lo que permite concluir que los planes y estrategias para su combate no solo que no han sido eficaces sino erróneas.

Una de las consecuencias del incremento del narcotráfico y del crimen internacional y su permanente carácter mutante es que ha obligado a que en muchos países las Fuerzas Armadas se policialicen, a la vez que la Policía se militarice como alternativa para contrarrestarlas.

Los permanentes y oportunos cambios de los corredores y rutas de comercialización de la cocaína son decisiones de las organizaciones criminales que han obligado a redefinir planes y estrategias de las instituciones encargadas de combatirlas. Es fundamental destacar la importancia que en la actualidad han adquirido las rutas “virtuales” que facilitan las transacciones entre organizaciones a través de internet y bandas rivales de malhechores.

Cada vez es más frecuente la detección de embarcaciones que transportan droga por vía marítima; el control es complicado, desde pequeñas lanchas hasta submarinos con autonomía de navegación de varias horas han sido interceptados en aguas ecuatorianas.

La permeabilidad o porosidad de las fronteras con Colombia y, en especial con la región oriental, explica en buena medida el comportamiento matizado por la presencia de actividades ilegales asociadas con tráfico de combustibles, robo sistemático de vehículos (camionetas 4×4, doble cabina). Delitos que afectan además a la infraestructura petrolera colombiana y ecuatoriana.

Las áreas en donde ocurrieron las incautaciones han ido cambiando como el Océano Pacífico, las inmediaciones de las Islas Galápagos, áreas empleadas para el reabastecimiento o recogida de carga desde embarcaciones mayores, previo al cruce hasta inmediaciones de Isla de Cocos, Costa Rica, utilizada como una segunda área logística.

La ruta marítima explica los centenares de pescadores, presuntamente, reclutados por los narcotraficantes como señuelos u operadores del transporte de drogas hacia los países del norte.

Es necesario tener presente que la totalidad de cultivos de coca en el mundo se concentra en Colombia, Perú y Bolivia. La extensión de coca cultivada en Colombia representa el 41,6 por ciento del total mundial, seguida muy de cerca por Perú, con el 40,7 por ciento; y Bolivia, con el 17,7 por ciento de extensión. Los traficantes están conscientes que la imagen icónica de esta amenaza no es el avión, sino el mar territorial, las fronteras sur y norte y, en especial, el papel de los contenedores que representa un altísimo porcentaje de los cargamentos comerciales en el mundo y de la droga.

Es preciso señalar que los puntos vulnerables para el tráfico de drogas y químicos en la zona costera ecuatoriana son los puertos de Esmeraldas, Manta, Terminal Marítima de Guayaquil, puertos privados FERTISA, entre otros.

Cabe así mismo tener en cuenta el notable aumento de personas detenidas por el delito de drogas (actualmente se encuentran en las cárceles ecuatorianas 10 000 personas privadas de la libertad por narcotráfico) cantidad que en cierta medida se explica por la existencia de una política punitiva que prioriza la prisión y deja en segundo plano la prevención y el tratamiento.

Frente a esta gravísima realidad, el conocimiento respecto de la etiología que origina el narcotráfico es por decir lo menos limitado e insuficiente y de carácter básicamente cuantitativo y descriptivo, a través de indicadores macro sobre la producción de hoja de coca y cocaína, sobre los precios intermedios y los lugares asociados a la cadena de producción, mas no respecto del conocimiento cualitativo de sus lógicas de organización, funcionamiento y de sus efectos actuales y posibles.

Desafíos y recomendaciones

Una de las tareas más complejas para el combate al narcotráfico radica en el conocimiento de sus racionalidades, tipos de organización, estrategias y formas de operación.

Es posible que la participación de las Fuerzas Armadas en este campo pueda mezclarse peligrosamente, con una concepción militarizada del nuevo enemigo interno que afecta directamente al Estado de Derecho. Opción estratégica que lejos de contribuir a solucionar el problema, podría debilitar la gestión de las políticas de defensa.

Entre las principales causas de inseguridad y violencia están las condiciones sociales de inequidad, corrupción, impunidad e injusticia imperantes; la desigualdad en el acceso a una mejor calidad de vida, la desconfianza de los individuos en los órganos de seguridad legales; la carencia de mecanismos comunitarios de apoyo para que la sociedad civil pueda hallar espacios de solución pacífica de conflictos. La no atención o tratamiento deficiente de estas causas podría contribuir a una mayor inseguridad que conduzca a que los miembros busquen sus propios mecanismos de defensa.

El mejoramiento de la seguridad en el país debe trabajar con cinco ejes fundamentales: prevención, control, justicia, rehabilitación social reinserción laboral.

Es fundamental desarrollar programas y proyectos locales de seguridad ciudadana con los recursos económicos necesarios y con apoyo técnico permanente.

El significativo aumento del consumo de drogas en niños adolescentes y jóvenes (edad de inicio 12 o 13 años) es un problema que debe constituirse en una preocupación prioritaria del Estado y la sociedad, a través de múltiples programas de formación.

Es fundamental cambiar la concepción que limita el combate al narcotráfico como un problema de responsabilidad exclusiva de la Policía, sin involucrar al conjunto de entidades públicas (educativas, salud, culturales, deportivas), privadas ,y de la sociedad (familia, medios de comunicación).

Es necesario reorientar la formación profesional de las Fuerzas Armadas (FFAA) y Policía Nacional desde una perspectiva holística y ética, no solo en el ámbito del tratamiento de la violencia social.

De igual forma es ineludible profundizar y potenciar la formación en inteligencia estratégica y prospectiva de FFAA y Policía Nacional, especialmente, en el ámbito tecnológico.

La militarización de la seguridad pública es una posibilidad que se ha venido planteando en toda la región, por lo que es necesario considerar la necesidad de discutir los nuevos conceptos de seguridad y defensa, con el afán de encontrar los instrumentos más apropiados para enfrentar las amenazas, tanto externas como internas.

Es imprescindible revisar los asentamientos ilegales en zonas próximas al límite político internacional, desplazando a la población ecuatoriana hacia el interior.

Debe ser motivo de detenido análisis la incidencia y consecuencias del Acuerdo de Paz en las actividades ilegales, en especial, las zonas ubicadas hacia la zona del Pacífico, poblaciones de Tumaco y San Lorenzo, más su área marítima costera circundante, así como las cuencas de los ríos Putumayo y San Miguel en Sucumbíos.

Es probable que la ejecución del Acuerdo de Paz debilite o fragmente el negocio del narcotráfico de las grandes bandas criminales del crimen organizado, los consolide, y que provoque el surgimiento de nuevos actores armados, que ocupen el lugar tradicional de los combatientes guerrilleros.

Es fundamental trabajar en un sistema de información e investigaciones que sea confiable, que permitan tener información sobre drogas y las drogodependencias, prevalencias de consumo y perfil de los consumidores, así como actitudes y percepciones de diversos sectores sociales.

Asimismo, es indispensable mejorar el análisis delictual con información confiable y validada. Labor clave para la generación de estrategias que permitan generar política pública y así poder reducir el delito.

Es fundamental emprender o profundizar los estudios e investigaciones de carácter estructural y coyuntural. Es una tarea de enorme complejidad, de mediano y largo plazo.

El problema del consumo de drogas en el país no se va a solucionar con la cárcel. La utilización del derecho penal es una muestra de la incapacidad del Estado para solucionar este problema social.

Las cárceles ecuatorianas se saturan de minoristas y mulas, mientras los capos de la droga que operan en el Ecuador, pocas veces son sentenciados. Para enfrentar las amenazas de la defensa y la seguridad ciudadana es fundamental alcanzar un gran pacto social, que parta del enfrentamiento de las causas estructurales de la defensa y la seguridad. Pacto orientado a la construcción de la cohesión social, a través de políticas públicas en alianza con la sociedad civil, de la responsabilidad social empresarial, de la inversión en educación, creando oportunidades de trabajo, especialmente, para las madres de familia y los jóvenes – hay que tener presente que un porcentaje significativo de madres pobres son jefes de hogar, y que su contribución a la formación de los hijos es clave.

Es primordial construir un nuevo concepto de seguridad ciudadana que incorpore como tema central la exclusión social en todas sus manifestaciones; y elabore una estrategia de inclusión, que destierre las falsas e injustas diferencias en la población. Esto implica el reconocimiento del otro como un igual, sin dejar de buscar lo que une a los seres humanos, mas no lo que los aparte; lo que les asemeja, no lo que los diferencia; y sin cuestiones el propio derecho a disfrutar de aquello de lo que otros son privados, difícilmente, se podrá alcanzar la paz en la sociedad. Es ineludible mejorar, substancialmente, la calidad del debate público sobre lo ámbitos de defensa y seguridad, el problema, basados en estudios comparados y propuesta concretas, que trascienda la orientación mecánica hacia la lógica convencional punitiva para reemplazarla por una salida ética y humana. Es indispensable introducir profundas modificaciones en la educación de las nuevas generaciones para contribuir a una cultura de la no violencia.

La estrategia anticorrupción debe tener como objetivo promover reformas sistémicas, es decir, reformas a la estructura de funciones de los entes públicos de tal manera que cambien los incentivos de aquellos que consumen los servicios que proporciona el sector público.

Los síntomas de la seguridad y la violencia que se expresan a través de los delitos cometidos por la criminalidad, son o pueden ser atacados por las instituciones encargadas, pero las causas exigen e incluyen un conocimiento profundo.

El problema esencial de la seguridad y la violencia, trasciende la coyuntura y la fenomenología criminal. Tal es el caso de las drogas, que en palabras de Roberto Saviano, gobierna el mundo, fenómeno que se expresa tanto en la superficie como en forma subterránea a través de mafias, carteles, organizaciones criminales que están presentes a lo largo y ancho del planeta.

La globalización de la producción y consumo de la droga es uno de los factores clave que cambian la geopolítica de la droga al hacer que los mercados hegemónicos de la demanda, localizados. Principalmente, en EEUU, se diversifiquen por el mundo. En este contexto, no es aventurado pensar que el exiguo conocimiento sobre la etiología de estos fenómenos- varios de ellos de carácter global universal- creen nuevos fantasmas y mitos.


Lautaro Ojeda Segovia
Docente Universitario
lautaroojeda@gmail.com