La presente investigación propone especificar las formas en las que el discurso social, que se relaciona con los ideales de belleza preponderantes en la sociedad occidental, da cuenta de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA).

En particular, buscamos demostrar la importancia de privilegiar el análisis de la psicopatología de los TCA desde un enfoque de caso por caso.

De hecho, sostenemos que los TCA presuponen una posición subjetiva particular en relación con lo femenino y constatamos que la construcción de la identidad, así como de la percepción del propio cuerpo, se sitúa más allá de la imagen ideal vehiculizada por el contexto social.

Los TCA parecerían evidenciar la entera sumisión del sujeto a los dictámenes sociales. Sin embargo, al acercarnos a la patología desde la perspectiva de cada caso, identificamos, más bien, el fracaso de  los ideales estéticos, debido a que no alcanzan a dar cuenta de la identidad del sujeto en trastornos como la anorexia y la bulimia nerviosas.

La problemática en juego en los TCA no se reduce a la cuestión de la propia imagen, aun cuando las perturbaciones de lo imaginario aparecen en primer plano.

Varios estudios definen que aquello que se percibe como problemático en los TCA no es tanto la imagen del cuerpo como tal, sino el modo en que el propio cuerpo se manifiesta al sujeto (Vaquero-Cristóbal, Alacid, Muyor & López-Miñarro. 2013).

La publicidad “pro-esbeltez” en los medios de comunicación apunta a tener un mayor alcance entre las mujeres. Toro, Cervera y Pérez (1989) realizaron un análisis de publicidad a finales de los años 1980 y observaron que uno de cada cuatro anuncios invitaba directa o indirectamente a perder peso.

En ellos se promovía la idea de que el cuerpo puede ser modificado hasta alcanzar un ideal de “perfección” que, al mismo tiempo, excedía los límites trazados por lo cultural, la construcción de la identidad y los valores comunitarios, en función de atributos físicos que, además, se pretendían universales y válidos para todas las mujeres.

Sin embargo, las mujeres afectadas por los TCA sitúan los aspectos patógenos de esta condición alrededor de aspectos más estructurales, en particular el rechazo del propio cuerpo, de la propia feminidad y de la sexualidad.

Además, observamos que los criterios sociales de belleza y feminidad en las manifestaciones clínicas de los TCA tienen éxito en la medida en que se presentan como instancias de control externas al sujeto.

Otro aspecto fundamental es la afectación de los vínculos sociales.

Las pacientes consideran que su cuerpo no será aceptado por los otros ni que su presencia o compañía será considerada deseable para los demás.

Raich define esta problemática en términos de “ansiedad interpersonal” (2013) y explica que el individuo se aislará gradualmente debido a la angustia generada por el contacto con otros.

Esta dificultad también trasciende a todas las esferas de la vida social y alcanza el ámbito laboral, familiar y de pareja. La vida sexual se reduce al mínimo, cuando no es rechazada por completo (Perena-García, 2017).

En las patologías de alimentación se evidencian factores de “disciplina y autocontrol” en donde el individuo tiene la ilusión de autonomía y de un absoluto control sobre su cuerpo (Morales, Ramírez, Ureña, Vargas, Umaña & Chávez, 2002).

A partir de estas reflexiones, planteamos la pregunta acerca de cómo se relacionan las mujeres con su cuerpo en la actualidad, que fluctúa entre las prácticas de cuidado y bienestar hasta un forzamiento en el que prevalece el rechazo de la imagen que les reenvía su propio cuerpo.

La problemática concierne la percepción del cuerpo y la forma en la que el individuo establece una relación con este, en la medida en que influye el discurso social.

Conclusiones

El rechazo radical del cuerpo, de lo femenino y de sus manifestaciones, se sitúa como la principal problemática de los TCA.

La ausencia de un soporte simbólico impide que la mujer valore su propio cuerpo y esta problemática se traduce en el rechazo de su imagen.

Las mujeres afirman encontrarse sujetas a una mirada implacable, que las deja sin referencias para construirse una identidad. Esta mirada, omnipresente y perturbadora, dictamina cómo deben verse para ser consideradas amables. Estas autoexigencias y representaciones las exponen a grandes sacrificios que pueden llegar hasta la muerte.

El rol de la publicidad puede y debe relativizarse. No tiene un papel central ni se presenta como un factor desencadenante de la enfermedad. Sin embargo, se impone en formas inconcientes de censura, prohibición y auto-reproche. En el caso del sujeto anoréxico se manifiesta en exigencias externas.

La publicidad aparece como una imposición de la sociedad, aun cuando es la propia persona quien impone los parámetros de su comportamiento y accionar.

De hecho, es notable cómo las mujeres que no tienen estos trastornos permanecen al abrigo de los ideales y dictámenes sociales, con su forma individual de aceptar su cuerpo. Muchas mujeres sortean las imposiciones sociales y demuestran cómo éstas fracasan. Lo propio de lo femenino es, en efecto, lo que vuelve a una mujer diferente de otra.

Las mujeres anoréxicas no tienen una imagen propia, no saben cómo se ven exactamente ni cómo quisieran verse, pero tampoco logran adoptar las imágenes preconcebidas que impone la publicidad y que les prometería una identidad imaginaria.

Solo saben que no les gusta como son, ni como se ven y, a partir de esta certeza, se entregan a una modificación radical de la imagen del cuerpo a través de los TCA.

El alcance de este estudio es reducido y las conclusiones no pueden generalizarse. No obstante, permite esclarecer la dinámica de los TCA y acercarnos a la lógica que lleva a un sujeto femenino a ocupar esta posición ante la propia existencia.

Claudia Terán
Gabriela Pazmiño

Universidad Internacional SEK.
Quito-Ecuador

Luis Iriarte

Universidad San Francisco de Quito
(USFQ)