Hacia finales de los años ochenta, se constituyó en Quito el Comité de Familiares de Presos Políticos; hablo de 1986 en adelante. Allí estaban madres, hermanos, padres y amigos de numerosas personas detenidas y, por ende, maltratadas, torturadas y aun asesinadas bajo el tiránico gobierno de León Febres Cordero. Sin embargo, a la par que los propios parientes de las víctimas de la represión política, estábamos también un pequeño número de artistas y de activistas defensores por los Derechos Humanos. Destacaba claramente la presencia de la Comisión Ecuménica por los Derechos Humanos (Cedhu), con la hermana Elsie Monge, en la dirección. Los artistas solidarios con la lucha del Comité de Familiares éramos en su mayor parte músicos, teatreros, bailarines y titiriteros. Contábamos con el apoyo de fotógrafos y comunicadores. Si debo mencionar nombres, -algo siempre injusto por lo frágil de la memoria – mencionaré a quienes integrábamos en ese entonces la Coordinadora de Artistas Populares (CAP). Desde este fortín de arte y compromiso social hacíamos lo nuestro con gente como Carlos Michelena, Adriana Oña (titiritera), Susana Reyes (bailarina), Moti Deren y Álex Alvear (músicos). Además participaba el grupo teatral Ollantay; el fotógrafo Edgar Erazo; y Dolores Ochoa; entre otros tantos, un servidor cantautor. En aras de recuperar justicia, la libertad y el respeto de las garantías básicas, realizábamos festivales artísticos, peñas y marchas. En estas nos preciábamos de ofrecer colorido, ritmo y calor a las manifestaciones del Comité de Familiares. En este destacaban, por lo inédito de su reclamo, las voces conmovedoras de madres cuyos hijos estaban desaparecidos; Consuelo Benavides y muchas más. Consuelo, una joven profesora que ejercía su labor en la provincia de Esmeraldas, fue capturada por un militar de apellido Morales Villota, quien la acusaba de pertenecer al grupo Alfaro Vive Carajo. Igualmente, la presencia de la madre del escritor Gustavo Garzón empezó a ser frecuente desde el inicio del gobierno de Rodrigo Borja. Gustavo, detenido por el régimen socialcristiano, fue finalmente liberado por falta de pruebas de que supuestamente pertenecía a la organización Montoneras Patria Libre. No obstante, fue desaparecido tras disfrutar de una fugaz libertad.

Cada uno de los casos reseñados fue motivo de poemas, canciones, coreografías y sketches teatrales. ¡Ah, rudo tiempo ese en que a los cantautores nos venían estos temas a la mente y al corazón cada vez que agarrábamos la guitarra! Fausto Basantes, asesinado, me extrajo de la voz la canción “Morir en Enero”. Juan Carlos Acosta Coloma, poeta muerto a garrotazos policiales, nos impulsó a realizar una protesta, por su asesinato, frente a la Corte Suprema de Justicia. Dicha protesta consistió en la lectura de sus poemas más relevantes. Arturo Jarrín, líder de Alfaro Vive, fue capturado en Panamá y acribillado por la Policía en una calle del norte de Quito. Y así, cada captura injustificada, cada desaparición y tortura nos provocó salir al paso a los homicidas del Estado, con nuestra forma de expresar, ampliándolo, el dolor de las familias de cada una de las víctimas. A veces dicho dolor se nos transmutaba en sátira mordaz. “Piedra para el león”, “El taurazo”, “Partes policiales en tiempo de pánico antiguerrilla”, etc, son algunas de las canciones que compuse ese tiempo.  Por su parte, el grupo Matraca solía presentar en los barrios populares su obra “Instrucción Psicológica”. El bailarín, Wilson Pico, salía a escena, junto al frente de Danza Independiente, con “Desaparecidos” y “No quiero perdonar”. La coreógrafa Susana Reyes estremecía al público con “Oscuranto” y “El largo silencio”. Estas últimas tenían como  tema la tragedia de los desaparecidos.

En marzo de 1989, cuando estube vinculado a la CEDHU, me enteré del caso de una familia colombiana cuyos hijos estaban en dicha condición. Cierto miércoles me acerqué a ellos. Estaban en la Plaza Grande en uno de sus primeros plantones para reclamar por sus hijos.

Jamás me hubiera imaginado que su tragedia marcaría un antes y un después en la lucha por la defensa de los Derechos Humanos. Me acerqué a Pedro Restrepo –el padre de Carlos Santiago y Pedro- y le ofrecí respaldar su lucha cantando en el plantón. Luego de averiguar a la hermana Elsie Monge, aceptaron mi forma de contribución. En ese primer encuentro me percate que, por desgracia, las insinuaciones maliciosas de la Policía sugiriendo que se trataba de un caso de “ajuste de cuentas”, habían calado en un determinado sector de la población. Los Restrepo, acompañados solo de su coraje, y de la hermana Laura Glyn de la CEDHU, soportaban estoicamente toda clase de epítetos: “Narcos, mafiosos, colombianos indeseables”, les gritaban. A semana seguida estuve presente con mi guitarra y se empezó a aglutinar un pequeño grupo de personas que escuchaban, incrédulos, el drama de los Restrepo. En pocos meses el grupo fue creciendo; y ante la faz siempre valiente Luz Elena Arizmendi, otras personas comenzaron a manifestar porque compartían su dolor al tener en su familia casos análogos de asesinados y desaparecidos. Se unieron por entonces los entusiastas jóvenes de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH).  Alguien llevó a la Plaza una bandera con el rostro de los jóvenes desaparecidos. Otras familias hicieron igual con los suyos. El fotógrafo, Édgar Erazo, aportó con las fotografías ampliadas de los diversos desaparecidos. La Plaza se llenó de retratos de jóvenes y la presencia enternecedora de sus familiares dolientes. Carlos Michelena, Los Saltinbanquis, Wilson Pico, Los Ollantay y Patricio Estrella contribuían con sus respectivas formas de arte para convocar la solidaridad de los pasantes. Mis hermanos solidarios: los artistas.

Sus nombres se multiplican hasta el infinito, por mi parte empecé a desafiar, junto a los Restrepo el constante hostigamiento de la Policía. Tras otras conmemoraciones de la desaparición de los Restrepo y otras personas, ya hacia inicios de los 90, uno de esos eventos fue desarmado a bombazos. Incautaron la tarima y pretendieron hacer cosa igual con los equipos de Ramiro Acosta, el sonidista solidario. Por suerte, Moti Deren, valiéndose de su aspecto “gringo”, mostró su indignación al oficial a cargo; y argulló que tales equipos pertenecían a la embajada Estadounidense. Los salvó. Desde esta época muchos artistas nos sumamos, ya no solo con guitarras. Fuimos diseñadores e impresores de volantes y afiches, organizadores de conciertos; y nos embarramos de engrudo y de pintura en madrugadas recónditas, que solo conocían su final al salir el sol. Fuimos redactores y distribuidores de boletines de prensa. Las imágenes amadas se fueron multiplicando. Atravesamos un gobierno tras otro, y los casos de desaparición continuaron mutando. Así llegamos al ya entrado el siglo XXI y su complicado proceso político: Correa, “La Revolución Ciudadana”.

Los nombres de nuevos desaparecidos continuaron surgiendo de las sombras, en otros más rostros sufrientes, nuevos retratos. En estos casi siempre se veía – y se ve todavía hoy – jóvenes con su faz sonriente. Muchos de ellos eran y son mujeres. Nombres como Carolina Garzón, Michelle Montenegro, Juliana Campoverde, Nathalia Subia, Catalina Ibáñez, David Romo, Telmo Pacheco, Camilo Tobar Abril, Álvaro Nazareno y muchos, muchos más. Se hicieron más y más presentes los conciertos, obras de teatro – como el grupo Malahierva con “La edad de las ciruelas”; el Ballet Nacional de Cámara. Y siempre los habituales Carlos Michelena, Susana Reyes, Saltinbanquis y presencias frecuentes como Margarita Laso, Quimera, Pueblo Nuevo, Piero, Alberto Caleris, Huipala, Cantores del Pueblo, Bocapelo y Humanizarte. A la par bandas de rock como Curare, Sal y Mileto, Perros Callejeros, Muscaria, Mortal Decisión, Enemigo Público e Igor Icaza. Nuevas formas de arte dieron fuerza contemporánea, aportaron lo suyo Retumba la Prole (potente banda de tambores) y Rap.

Personas que se transforman en ausencias. Ausencias que se vuelven desesperación. Esperanzas fallidas. Rostros que se tornan en afiches. La lucha por los desaparecidos sigue omnipresente, en gran medida por la obra y participación activa de innumerables artistas ecuatorianos decididos a terminar, de una vez por todas, con la pesadilla que asola a muchas familias.

Vals Sin Guitarra

Devuélvame la guitarra policía,
devuélvame la guitarra capitán.
Usted la tiene desaparecida,
tal como a los Restrepo y muchos más.

Devuélvame la guitarra se lo exijo.
Devuélvame la guitarra porque usted
la tacha de evidencia del delito.
Delito de cantar lo que se ve.

Hay guitarrita mía, en dónde estás, en dónde lloras.
Prisionera del cuartel o del penal.
No permitas nunca que te embarren con sus botas,
para darle algún sereno a la oficial.

Llora guitarrita mía, llora
que el capitán Chacón del GOE
se arrepienta de escucharte.

Usted me la quitó ese día torvo
en que la amenazó y a mí también
con nuevamente echarla al calabozo,
si no gorjeo como Juan Gabriel.

Hay guitarrita mía en dónde estás, en dónde lloras.
Prisionera del cuartel o del penal.
No permitas nunca que te embarren con sus botas,
para darle algún sereno a la oficial.

Devuélvame la guitarra subteniente.
Devuélvame la guitarra que al final.
Yo soy un incurable reincidente,
en el delito de cantar la realidad.

Letra: Jaime Guevara

María del Lourdes Mejía, presidenta de la agrupación Desendor y madre de María Fernanda Guerrero, desaparecida en 2010

Desendor es una agrupación de familiares de víctimas de desaparecidos, muertes violentas, femicidio y secuestros. Agrupamos todas las necesidades que tienen los familiares que viven esta problemática, con el fin de encaminar las investigaciones. Hacemos acompañamientos y participamos en actos sociales. Cada 30 de agosto le recordamos al gobierno de turno su compromiso con los desaparecidos.

Es importante hacer hincapié en la conciencia social. La ciudadanía debería unirse a esta causa porque nadie está libre de una desaparición, asesinato o femicidio. Y el Gobierno debería dar apertura directa a los familiares; debería estar pendiente de investigar y dar con el paradero de las víctimas. Queremos una buena coordinación, que se formule una política de Estado para el campo investigativo, y que no se viole el debido proceso. Que haya una buena vigilancia del debido proceso. Pedimos celeridad porque las investigaciones porque están opacadas debajo de un escritorio.

Jaime Guevara
Músico y activista
Ecuatoriano