lo largo de la historia una constante idea que persigue el ser humano es el reconocimiento de sus derechos.

Las mujeres y las niñas nos encontramos en esa búsqueda y, como seres humanos que somos, consideramos que la afirmación “de personas con los mismos derechos” todavía resulta inexistente en las sociedades de nuestros días. Aún, la discriminación y la desigualdad materialmente se asienta en la convivencia social, lo que reafirma la vigencia y necesidad de reivindicar la lucha por la equiparación de los derechos a escala mundial.

En la actualidad existen logros, muy importantes y valiosos, pero falta mucho por recorrer, reconocer y efectivizar. El progreso en este objetivo es demasiado lento.

Cada vez se pierden más vidas de mujeres y niñas, su problemática de discriminación es un tema mucho más grave de lo que podemos imaginar.

En algunos casos invisibilizados por determinados logros y otros solo llamativos, por lo grotesco de su violación. En mayor o menor medida, todas las sociedades atan el discrimen en conceptos culturales, religiosos o creaciones colectivas que llegan a tomar legitimidad en su ordenamiento jurídico.

En Yemen, la mujer tiene un alto grado de disparidad con el género masculino, debido a un arraigo de sociedad patriarcal, rural, tribal y un fundamentalismo religioso, que otorgan a la mujer una posición inferior en la sociedad y la familia.

Las costumbres arraigadas llegan a legitimarse en norma, como la celebración de matrimonios de niñas, incluso a la edad de 8 años.

En Irán, el poder religioso impide la aprobación de leyes igualitarias en el parlamento que acaben con la discriminación de la mujer. Las iraníes toman como un emblema de rebeldía no usar el hiyab (pañuelo o chador para cubrir el pelo y su cuerpo parcialmente), que es parte de la vestimenta de uso en público. La prenda es uno de los símbolos de discriminación, porque está destinada al uso obligatorio sólo en mujeres.

En India, la desigualdad de género por la que atraviesan las mujeres es un padecimiento que obedece a sistemas sociales arcaicos, donde se plasma una constante injusticia social y el abuso de poder.

Si bien existen normas que contemplan una aparente igualdad formal, la realidad es diferente. El género femenino no se concibe como un ser humano, sino como un “bien” sujeto a las decisiones de sus padres.

En América Latina, pese a que existen avances en el reconocimiento de derechos en favor de las mujeres, se han conseguido de una manera lenta y paulatina debido a que en la región convergen diversidad cultural, multiétnica, situación migratoria, clase social, valores culturales asentadas en ideas machistas, concepciones religiosas, esclavitud, pobreza, entre otras.

Los gobernantes, incluso la sociedad de género femenino, con el fin de reivindicar a la mujer y sus derechos, buscan encontrarlas como símbolos emblemáticos o que hayan dejado huella en la historia, un modelo a quién seguir o promulgar, como una líder o un ideal de lucha femenina, tal vez con el objeto de procurar mantener esa línea conceptual de lucha en el reconocimiento de otros derechos humanos; empero, este ideal de figura femenina es insuficiente, si el derecho alcanzado no se reivindica con empoderamiento y militancia diaria de lo que ello significa.

Si bien, en los últimos años, el avance en el reconocimiento de derechos en favor de mujeres y niñas ha sido mínimo, no es menos cierto que, en la mayoría de los países, y en especial en los de América Latina, existe un progreso en la modificación sustancial del derecho formal en la reivindicación de derechos en beneficio de la mujer.

Sin embargo, no es suficiente contar con normas que protegen a las mujeres, si no se acompañan de políticas públicas que conlleven a su pleno cumplimiento en las relaciones de género igualitarias y una sensibilización de todos los actores políticos y sociales que permitan la erradicación de una sociedad patriarcal, de subordinación o discriminación hacia la mujer.

El futuro de muchas mujeres y niñas no es alentador, seguimos siendo víctimas de violencia de género y discriminación, pese a la creación de normas que buscan protegernos.

El reconocimiento de los derechos en favor de las mujeres se ha conseguido de manera paulatina, pero no debe constituirse en nuestro principal enemigo; por el contrario, el logro de cada derecho debe quedar bien cimentado, con el fin de evitar que otros quieran quebrantarlos.

Yolanda Yerovi

Defensora Pública