Abstract:

La Convención de los Derechos del Niño (CDN) significó un avance importantísimo para los derechos de la niñez en Ecuador: los reconoció como sujetos de derechos y mejoró su sobrevivencia y desarrollo. Sin embargo, quedan muchos retos, como los altos niveles de desnutrición crónica, baja calidad de la educación, alarmantes niveles de violencia contra las niñas y de embarazo precoz, así como una limitada participación de Niñas, Niños y Adolescentes (NNA) en decisiones que les afectan. La situación es más compleja para las niñas y adolescentes, por su condición de género. El Covid-19 profundizó esta problemática. Como sociedad, estamos en deuda con ellas, es urgente garantizar la igualdad para las niñas.

Desarrollo

Ecuador fue uno de los primeros países en ratificar la CDN, que brindó a las naciones un marco ético-jurídico común, sobre los derechos de la niñez. Reconoce a todas las personas menores de 18 años como sujetos de derechos y cuestiona la mirada adulto-céntrica.  Declara que cada niño o niña, sin distinción, tiene los mismos derechos que la persona adulta y unos específicos, por la etapa de la vida en la que se encuentran. Es el punto de partida para introducir legislaciones con base a sus cuatro principios de no discriminación, interés superior del niño, supervivencia, desarrollo y participación. En Ecuador se los incorpora en la Constitución de 1998 y 2008 y en el Código de la Niñez y Adolescencia del 2003.

Treinta años después de la aprobación de la CDN, las condiciones de vida de muchos niños y niñas mejoró de manera significativa. En Ecuador, los avances más importantes se vinculan a la disminución de la mortalidad infantil[1], acceso a educación básica[2] y salud y a reducción del trabajo infantil. Sin embargo, aún enfrentamos retos importantes, como altos niveles de desnutrición crónica, baja calidad de la educación, alarmantes niveles de violencia contra las niñas, embarazo precoz y limitada participación de la niñez en decisiones que les afectan. El Covid-19 profundizó estas dificultades y añadió otras, que tienen relación a la nutrición, el acceso a servicios y oportunidades de generación de recursos para las familias.

Uno de los cambios más relevantes que trajo la CDN fue pasar de la concepción de niños y niñas como objetos de protección a la de sujetos de derechos. Este nuevo paradigma, que tiene implicaciones en lo normativo, institucional y cultural, no logra calar lo suficiente en la sociedad para cambiar normas y comportamientos en la medida requerida. De hacerlo, tendríamos niveles de protección más altos, menos violencia, menos adulto-centrismo y mayor igualdad y participación de niños y niñas.

Si bien la CDN parte del principio de no discriminación, no aborda las diferencias entre niñas y niños, un tema clave para garantizar derechos, en sociedades donde las niñas son menos valoradas.

Las niñas y adolescentes más empobrecidas, indígenas, afrodescendientes, con discapacidad, migrantes, de zonas rurales o que habitan en los márgenes de las ciudades son las más afectadas por la desigualdad y violencia. Prevalecen normas patriarcales que minimizan sus derechos.

Es urgente preguntarnos ¿en qué medida estamos transformado estas normas?, ¿nuestras acciones fomentan o previenen el ejercicio de violencia hacia las niñas y adolescentes? Cuando, en lo cotidiano, y desde edades tempranas, se limita que las niñas opinen, se les asigna gran parte del trabajo doméstico y/o no se les permite tomar decisiones. Estamos reproduciendo normas sociales que profundizan la desigualdad de género, mientras que las aspiraciones  y oportunidades de las niñas se ven limitadas.  

El artículo 2.2 de la CDN[3] demanda que los Estados garanticen la protección de la niñez contra toda forma de discriminación y castigo; sin embargo, el 38% de NNA sufren algún tipo de maltrato extremo y el 60% de las niñas y adolescentes violentadas en sus hogares piensan que se lo merecían[4]

Las cifras evidencian que la violencia sigue siendo una forma de ‘educar’ a niños y niñas. Normalizarla dificulta que puedan identificar, prevenir y responder al  problema. Si no se rompe el círculo, se repetirá. En el país se reporta un femicidio cada 3 días, perpetrado, en su mayoría, por parejas o exparejas[5]. Es de crucial importancia el trabajo con padres, madres y educadores para ofrecer a las niñas y niños una educación sin maltrato y espacios seguros, desde el nacimiento y durante todo su desarrollo. La experiencia diferente permitirá replicar con sus familias y en otras relaciones interpersonales, rompiendo el círculo de violencia.

El artículo 19 de la CDN insta a los Estados a proteger a la niñez de toda forma de perjuicio, incluido el abuso sexual[6]. Una de las vulneraciones más graves y crueles hacia las niñas es la violencia sexual. Cada día, 7 niñas menores de 14 años dan a luz, la mayoría son casos de violación en los entornos más cercanos[7], el 65% por familiares. Urge que Ecuador tipifique el delito de incesto, puesto que la violación a una niña por parte de un familiar, quien debería garantizar su protección, no es delito. El Estado debe garantizar la no impunidad a los perpetradores y medidas de reparación para las sobrevivientes. 

En el trabajo infantil, la CDN es el punto de partida para las políticas de erradicación. Su artículo 32 demanda la protección de NNA frente a la explotación económica y cualquier trabajo que sea peligroso, obstaculice su educación o sea nocivo para su salud y desarrollo integral. Ecuador define la edad mínima para trabajar e identifica las peores formas de trabajo infantil; sin embargo, las niñas de los sectores en mayor condición de vulnerabilidad siguen asumiendo las actividades domésticas y de cuidados desde los 5 años[8]. El trabajo doméstico no remunerado es trabajo infantil, pero las familias, sociedad, e incluso niñas y mujeres lo perciben como ayuda o responsabilidad natural, obviando que este sostiene la economía familiar, la del país (20% del PBI[9]) y, sobre todo, la vida misma.

142.580 niñas y adolescentes mujeres, de 5 a 17 años trabajan; 20% dentro y 80% fuera del hogar

La imposición del trabajo doméstico determina el rol de servicio y sumisión que ejercen las mujeres a lo largo de sus vidas. Aprenden, desde niñas, a asumirlo como inherente a sí mismas y mientras más tiempo se dedican a estas actividades disminuyen sus oportunidades de estudiar, jugar, participar y organizarse. Además, evidencia un impedimento para que alcancen su autonomía socioeconómica.

Ecuador permite que las y los adolescentes de 15 a 17 años trabajen si se garantiza sus derechos y dignidad: 142.580 niñas y adolescentes mujeres, de 5 a 17 años trabajan; 20% dentro y 80% fuera del hogar.[10] En relación a la garantía de la dignidad, denuncian la violencia que ejercen sus empleadores, el espacio de confinamiento y la herencia de servidumbre patriarcal, colonial y clasista que prevalece en el trabajo doméstico[11].

De cara al siguiente Censo, es necesario contar con estadísticas precisas y análisis cualitativos, desde una perspectiva de género, para identificar la complejidad que encierra esta problemática, su especificidad y evolución histórica, con la intención de desmantelar el ejercicio estructural de violencia hacia las NNA.

Somos el segundo país de la región con el índice más alto de embarazo adolescente. Para atender el interés superior de las niñas y adolescentes mujeres, es necesario que las familias y centros educativos impartan, desde la primera infancia, educación integral de la sexualidad, a fin de prevenir la violencia sexual y el embarazo precoz. Las y los adolescentes demandan servicios de salud sexual y reproductiva respetuosos y amigables, así como métodos anticonceptivos modernos, accesibles y de calidad.

El embarazo adolescente es una de las razones principales por la que las niñas y mujeres adolescentes se ven obligadas a enfrentar uniones tempranas forzadas que, en su mayoría, resultan en embarazos subsecuentes, reproducen círculos de violencia e impiden la autonomía socioeconómica.

Es necesario priorizar este tema y destinar los recursos necesarios para la implementación de políticas públicas intersectoriales de prevención del embarazo precoz y de la violencia, con el desarrollo de habilidades blandas en las NNA, autoestima y liderazgo, masculinidades positivas en los niños y adolescentes, para avanzar en el cambio de normas sociales que las discrimina o subvalora.

La CDN es una herramienta para avanzar en materia de derechos de las personas durante toda su vida.  Pone en el centro de la discusión temas vitales de la niñez; sin embargo, en tres décadas de trabajo y de estudios se evidencia que las niñas y mujeres adolescentes enfrentan diferentes vulneraciones a sus derechos, por su condición de género. La violencia limita sus oportunidades de tener una vida digna.

Es urgente desplegar estrategias de prevención y responder de manera asertiva e inmediata para erradicarla. Detrás de cada estadística o situación de violencia hay una niña.

Como sociedad, estamos en deuda con todas y con cada uno de sus derechos. Es necesario ubicar a las niñas y adolescentes en el centro de  atención de las políticas públicas, leyes, presupuesto y brindarles las herramientas que necesitan para desarrollar su potencial. Cuando aprenden, lideran y deciden se vuelven protagonistas de sus vidas y reescriben su historia con justicia e igualdad. Cuando esto sucede, prosperan y, con ellas, sus familias y comunidades. Es hora de hacer historia junto con ellas.

[1] INEC, 2018: Mortalidad infantil, 21.8 por cada mil niñas/os nacidas/os en 1990- 9.7 en 2018.
[2] ENEMDU, 2016: 97% hasta los 10 años de educación básica.
[3] CDN, 1989, parte 1, Art. 2.2.
[4] Observatorio Social del Ecuador, 2018. Situación de la niñez y adolescencia en Ecuador. Una mirada a través de los ODS.
[5] CEPAM, mayo 2019. Comunicado: https://www.ecuavisa.com/articulo/noticias/nacional/500086-ecuador-cada-72-horas-se-comete-femicidio
[6] CDN, 1989. Artículo 19. 1..
[7] Observatorio Social del Ecuador, 2018. Situación de la niñez y adolescencia en Ecuador. Una mirada a través de los ODS.
[8] Plan Internacional Ecuador, 2014. La realidad del trabajo doméstico de niñas y adolescentes en Ecuador.

[9] INEC, 2019. Cuentas Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares 2007-2015.
[10] Observatorio Social del Ecuador, 2019. Estudio sobre el trabajo remunerado y no remunerado del hogar en niñas y adolescentes en Ecuador.
[11] Idem

Rossana Viteri Burbano
Ecuador

Directora de Plan Internacional Ecuador
Psicóloga Clínica-PUCE
Máster of Arts en Sociología-Portland State University USA

Tamia Anahí Almeida
Ecuador

Especialista Regional de Fortalecimiento de la Sociedad Civil de Plan Internacional.
Comunicadora-PUCE
Magíster en Ciencias Sociales con mención en Género y Desarrollo-Flacso