Pregunta a los padres ¿realmente es por el bien de sus hijos?

septiembre 14, 2013
in Category: Perspectivas
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Pregunta a los padres ¿realmente es por el bien de sus hijos?

Libres y magníficos, así nos imaginamos a los hijos y especialmente a las hijas, porque son ellas las que tienen que enfrentarse a diario con las herencias de la cultura patriarcal y machista, cuya cerca simbólica nos rodea por los cuatro costados. Burlar esa cerca o mejor derribarla no es una tarea fácil y por ventura no somos pocos los padres que abogamos por la libertad irrenunciable de las hijas, para que durante cada etapa de su vida extiendan sus alas a plenitud y sin miramientos, a no ser los que siempre habitan en la soberanía interior.

¿Qué tiene que hacer el sistema de justicia en este campo, tan acostumbrado a que sea tratado como un asunto privado y de las puertas para adentro? Pues tal vez sea porque, parafraseando a Hermes Trismegisto, como es adentro, es afuera.

¿Cómo es adentro? Sucede que adentro, tras las paredes, protegidos de la “polis” y de la plaza pública, somos en la generalidad reproductores de esa cultura patriarcal. Allí, en la comodidad de nuestras cuevas, hombres y mujeres ejercemos lo más oscuro y despreciable de esa cultura y que tiene un nombre: la violencia sacramentada con una frase infeliz: “es por tu bien”.

Pero la naturaleza humana es prodigiosa y algunas esencias, como la libertad, no pueden reprimirse por mucho tiempo. Los hijos e hijas crecen, abren los ojos, cuestionan el orden establecido a través de mil formas, en las construcciones simbólicas, en el humor, en las estéticas propias, en la disidencia, en los antihéroes, en el arte, en la música, en la literatura. Pero no solamente en estos campos, sino en el uso del lenguaje, en la forma de vestir, en la gestualidad, en los gustos y especialmente en algo de lo cual sintieron pánico nuestros abuelos: el placer del cuerpo y la sexualidad. Adentro, los hijos y las hijas de alguna forma vencen las tiranías, logran escabullirse y burlan los códigos disciplinarios impuestos por los padres, siendo las mujeres quienes mayores esfuerzos tienen que invertir.

Si un hijo o hija es gay, busca la manera de ejercer su opción sexual dentro o fuera del closet. Si un hijo o hija fuma marihuana, se dispensa de suficientes trucos archiconocidos, incluido el ingenuo paquete de trident, para burlar los controles de los padres.

¿Pero cómo es afuera? Sucede que los padres buscan auxilio afuera, para “corregir” lo que a su juicio está mal en sus hijos e hijas. Averiguan a sus familiares, vecinos y amigos. Descubren que afuera funcionan “institutos” especializados para “curar” algunos de estos males y deciden pagar lo que sea, si “es por su bien”. Acuden a estos centros de dudosa legalidad y llevan a sus hijos e hijas con engaños y/o a la fuerza, aunque han cumplido la mayoría de edad. No importa el método, si –insistimos- “es por su bien”.

Pasará poco tiempo y el hijo o hija gay o consumidor de alguna droga ha sufrido torturas, violaciones, golpes, privación de alimento y una larga lista de vejaciones como el corte de cabello contra la voluntad, baños en agua fría, incluso tratamientos de shock eléctrico. ¿Realmente todo es por su bien?

Con mayores o menores ingredientes, hechos de esta naturaleza sucedieron en los últimos años en Ecuador y han provocado preocupación pública. Le sucedió a Zulema, a Denisse y a Sara, cuyos casos tuvieron una profusa difusión por los medios de comunicación social del país. Pero también están los casos menos conocidos de Rocío, María, Francisco y Beatriz, denunciados por agrupaciones de defensa de derechos GLBTI. Sin embargo, los casos pudieran ser mucho más numerosos de lo que uno cree.

En efecto, afuera estarían operando clínicas ilegales para “curar” la homosexualidad, la drogadicción y otros “desórdenes”, con aquellos métodos cavernarios, engañosos y abiertamente ilegales, tal como denunciaron grupos GLBTI.

Definición: se denomina “clínica de deshomosexualización” a una serie de centros particulares de Ecuador, a menudo asociados a grupos evangélicos, que ofrecen tratamientos para «curar» la homosexualidad. Los centros, que son ilegales y se ocultan a menudo como centros de tratamiento de drogodependencia y alcoholismo privados, podrían llegar a ser unos 200 en todo el país .

Sexualidad: el Hades y el Paraíso

Cuenta la historia –a través de Eduardo Galeano- que en ciertas comunidades andinas el nacimiento de un gay constituía motivo de celebración, pues era un signo de buena suerte para la comunidad. Y es que la sexualidad estuvo fuertemente enlazada con lo divino, razón por la cual su celebración estuvo sacralizada. Dicho en otras palabras, los dioses y los humanos vivían la sexualidad como un acto sagrado, orgulloso y festivo, al contrario de la religión y la moral cristiana de la culpa, la vergüenza y el pecado.

Los sectores más retrógrados de la sociedad prefieren tratar la conducta de sus hijas(os) con la culpa, la vergüenza y el pecado. Mientras desde el Estado ha empezado a ser abordado como un asunto de salud pública. Y no es para menos, más bien cabe la pregunta de ¿por qué nos demoramos tanto, en un país en que se han incrementado los embarazos adolescentes en un 74 por ciento en una década (2000 a 2010)? ¿Por qué cerrar los ojos ante la evidencia de que en estos lares iniciamos la vida sexual a los 14 años?

Pero volvamos a nuestro tema principal, con una casuística que espeluzna:

Denisse Freire, una joven guayaquileña mayor de edad, cuenta que a los 15 años fue llevada por su familia a un campamento cristiano que funcionaba como “centro de rehabilitación de adicciones”. El 27 de julio declaró a la AFP que allí fue violada y torturada como parte de los “actos curativos” de su homosexualidad. “Mi mamá me descubrió en mi cuarto con una compañera de colegio –cuenta-, y me internó por ser lesbiana. Se suponía que quería curarme”. Ahí -relata- “aplicaban torturas con electrochoques, no me permitían bañarme por tres días, casi no me daban de comer, me golpeaban mucho, me colgaban de los pies. Me decían que todo era por mi bien”.

“Matilda” –un nombre modificado- me reveló una tragedia familiar: su pequeña hija había sido iniciada como miembro de alguna “tribu urbana”, modificando radicalmente su comportamiento habitual en la moda, en el tatuaje de su piel, así como en el consumo de marihuana. La madre creyó que no podía y no debía quedarse cruzada de brazos. Le hablaron de una “clínica” para sanar estas “desviaciones” y tomó la decisión de llevarla a este sitio a la fuerza. Pasó poco tiempo y recibió la terrible noticia: en ese lugar la maltrataron y uno de los funcionarios la violó. La madre inició un largo proceso para buscar justicia, sin resultados concretos, pues si bien logró el cierre temporal de ese lugar, al poco tiempo abrió de nuevo sus puertas con otro nombre.

Zulema es una joven guayaquileña, estudiante de Sicología, que denunció a sus padres por haberla encerrado en una clínica de dudosa legalidad, para que inicie un tratamiento de “cura” de su lesbianismo. Prácticamente con actos que tipificarían como secuestro, la trasladaron esposada hasta la ciudad de Tena, para internarla en aquella clínica de narcóticos anónimos, donde sufrió vejámenes y maltratos. Logró escapar gracias a las labores de búsqueda de grupos GLBTI.

6-28-1Paola Ziritt, de 28 años, permaneció secuestrada por dos largos años en uno de estos centros y su situación causó escándalo, pues permaneció esposada por tres meses en una habitación oscura a la que llamaban “la sauna”. La madre de Paola quiso “curarla” de su homosexualidad, pero tuvo que pasar por este infierno para que ella misma la recupere de este centro.

¿Qué ha hecho el Estado para combatir estas atrocidades? Según la ministra de Salud, Carina Vance, un patrón de funcionamiento de estas clínicas es la etiqueta de centros de rehabilitación para personas adictas al consumo de drogas, bajo cuyo paraguas obtienen licencias de operación. Sin embargo, cualquier tipo de tratamiento para combatir la homosexualidad contraviene disposiciones constitucionales que reconocen el derecho a la diversidad sexual. El equipo técnico de la Defensoría Pública considera que en todos los casos de violación de derechos en estos centros, se pueden ejercer dos acciones estratégicas:

a) En sede constitucional, plantear una acción de protección y/o medidas cautelares, con el fin de que se repare integralmente su derecho y cese la violación actual o potencialmente futura.

b) En sede administrativa, la enorme legislación y reglamentación en el área de salud regentada por el Ministerio del ramo, se pueden plantear un sinnúmero de mecanismos que van desde la clausura de un local de esos hasta las multas.

El comportamiento institucional en otras latitudes

“La homosexualidad (…) no es nada de lo que haya que estar avergonzado, ningún vicio, ninguna degradación, no puede ser clasificada como una enfermedad”, afirmó Sigmund Freud en una célebre carta a la madre de un paciente. Sin embargo, el debate contemporáneo no ha desechado la “terapia de reorientación sexual”, de lo cual se infiere que los grupos GLBTI en el mundo tienen mucho camino que recorrer.

  • EE.UU: la terapia conocida como reparativa o de conversión, ha sido condenada por la Asociación Estadounidense de Sicología, advirtiendo que en su práctica “hay grandes probabilidades de que los pacientes sufran depresión y tendencias suicidas”.
  • Organización Mundial de la Salud: la orientación sexual por sí misma no se puede considerar un desorden.
  • Alemania. En febrero de 2002, todos los partidos del Bundestag (parlamento) se declararon contra la terapia de reorientación. El ejecutivo alemán afirmó que la terapia de conversión es peligrosa y que la homosexualidad no es una razón para realizar terapia.
  • Argentina: las terapias de reorientación sexual están prohibidas en la Ley Nacional de Salud Mental: “En ningún caso puede hacerse diagnóstico en el campo de la salud mental sobre la base exclusiva de elección o identidad sexual”.
  • Noruega: es un país conocido por su fuerte legislación proderechos LGBT. En 2000, la Asociación Siquiátrica noruega votó por mayoría aplastante el siguiente comunicado sobre la terapia de reorientación: La homosexualidad no es ningún desorden o enfermedad y, por lo tanto, no puede ser sujeto a tratamiento.
  • Reino Unido e Irlanda: en 2010, la Asociación Médica Británica (British Medical Association), hizo un llamamiento a psiquiatras y psicólogos para que abandonaran la práctica de las “terapias reparadoras”.

Marlo Brito

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