El Estado ecuatoriano ha asumido el fenómeno social de las drogas

El Estado ecuatoriano ha asumido el fenómeno social de las drogas

julio 29, 2013
in Category: Entrevistas
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El Estado ecuatoriano ha asumido el fenómeno social de las drogas

Desde el 21 de mayo de 2013, el Ecuador cuenta con una tabla que fija las cantidades máximas admisibles de tenencia de varias drogas para el consuno personal, dispuesta por el Consejo Nacional de Control de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas, sobre la base de los estudios técnicos realizados por el Ministerio de Salud. En esta entrevista, el Secretario Ejecutivo del Consep, Rodrigo Vélez plantea el enfoque del Estado en relación al tema de drogas ilícitas.

¿Por qué es importante que el Estado asuma abiertamente la discusión sobre el problema de las drogas en el país?

El Estado ecuatoriano ha asumido, con una investigación seria y profunda, el fenómeno social de las drogas: mundialmente se ha investigado la prevalencia, una estadística muy válida cuando hablamos de salud pública, pero cuando hablamos del fenómeno social de las drogas, que es multicausal, tenemos que abordarlo con una investigación más profunda.
Nos atrevimos a investigar nuevas variables como frecuencia de uso, cantidad de uso por sustancia y tiempo de uso. Hemos avanzado a mirar la profundidad del fenómeno social de las drogas y nos hemos preguntado, además, ¿cuál es la situación geopolítica de este fenómeno? ¿Cuál es la situación del Ecuador en los contextos regional y mundial? ¿Por qué permitimos que nos clasifiquen a los países por la actividad del narcotráfico? Cómo es posible, por ejemplo, que se clasifique al Ecuador como país de tránsito o país productor.

¿Por qué está mal?

No se puede clasificar a un país por la actividad ilícita de un sector de su población. Nosotros tenemos que abordar el fenómeno social con un nuevo lenguaje. En estos últimos años, con algunos países hermanos que trabajamos en la misma línea, hemos propuesto un nuevo abordaje. ¿Por qué tenemos que seguir denominando de una manera excluyente a aquellos usadores de drogas: narcodependientes, drogadictos, y después querer reinsertarlos socialmente? Nunca lo vamos a lograr si desde el lenguaje lo hacemos de una manera discriminatoria.

Entonces, con esta nueva mirada ¿cómo hace el Consep que se convierta en una política de Estado?

¿Hacia qué puerto queremos llegar con este fenómeno? A un puerto que se llama el buen vivir. Tenemos que entender que en el centro de este fenómeno no está la sustancia, no está el narcotráfico, el tránsito o los precursores; en el centro está el ser humano, están nuestros niños y nuestros jóvenes. Desde ahí veamos la periferia del problema. Entendamos que debemos humanizar toda la filosofía y toda la política sobre el fenómeno social de las drogas.

No se trata de llenar las cárceles para cumplir requisitos para el ATPDA ni de llenarnos de policías en todo el territorio para decir que vamos a combatir el narcotráfico, cuando no estamos entendiendo los usos y consumos de las sustancias. ¿Por qué en el bautizo de un niño se celebra con champán, vino o cerveza? ¿Por qué la gente se reúne a mirar un partido de fútbol tomando una cerveza? De pronto es algo de nuestra cultura, pues hay usos ceremoniales, ancestrales, recreativos, medicinales y hay usos que por su relación con la droga llegan a declarar una dependencia, un consumo problemático. Solo entonces estamos hablando de salud pública, pero debemos entender todo el contexto.

Y en ese contexto ¿qué es lo que está pasando en el país?

Creo que hemos entendido y visualizado ese buen vivir hacia donde nuestra sociedad se dirige. Tenemos que entender que el fenómeno social de las drogas no está en la vereda del frente. No podemos seguir apoyando políticas que están fuera de la realidad nacional. No podemos seguir trabajando fuera del contexto del Estado soberano. Tenemos que nacionalizar nuestras políticas sobre el fenómeno social de las drogas. Es lo que hemos hecho y nuestra voz ha sido escuchada no solo en los foros internos sino también en los internacionales. Ahora Ecuador no va a levantar la mano, va a poner su voz, va a colaborar. En el ámbito de drogas somos un país colaborador, cuando en el pasado solo esperábamos la recepción de la colaboración internacional, de la DEA, de los países europeos y de USAID.

¿En qué sentido es la colaboración?

Naciones Unidas, por ejemplo, ha pedido la colaboración del Consep para la capacitación a los técnicos de control y fiscalización de sustancias químicas en varios países de Latinoamérica. En este momento estamos asesorando a seis países, es decir, Ecuador está exportando conocimiento. El año pasado, Naciones Unidas aprobó una propuesta de “Sello Mundial de Desarrollo Preventivo Alternativo”, que se trata de una certificación para aperturar mercado a los productos que salen bajo la línea de este sello. Es una nueva visión de cómo abordar el problema del fenómeno social de las drogas en nuestras poblaciones vulnerables. Lo que hacíamos en el pasado era estigmatizarlas, buscar por qué un finquero arrendó la finca a estos narcotraficantes.

6,1¿Cómo nace la decisión de fijar la tabla para diferenciar a consumidores de traficantes?

Había un vacío legal desde los 90. El uso y consumo de sustancias para los ciudadanos que portan no estaba criminalizado, estaba despenalizado, pero no se habían fijado las cantidades máximas admisibles para que no sea privado de su libertad por temas de narcotráfico o microtráfico. La pudimos establecer con una investigación que hizo el Ministerio de Salud Pública. Se incluyó la toxicidad de la sustancia, las cantidades que no son letales para el ser humano, recogiendo investigación científica de todo el mundo. Es un apoyo al sector judicial para que los jueces no acudan a la discrecionalidad al momento de determinar quién va o no a la cárcel por narcotráfico.
Es decir que el Ecuador, hasta hace poco, tenía una visión absolutamente punitiva sobre el tema. No había otra manera de interpretar el problema.

Lamentablemente es cierto lo que usted manifiesta. La ley 108 fue establecida en el país en un momento donde las grandes potencias proponían la lucha y la guerra contra el problema de las drogas con leyes extremadamente punitivas. Tenemos casos de ciudadanos que están penando condenas de 10 o 12 años por cantidades menores, cuando tenemos violadores, criminales que cumplen sentencias menores. Igual va a la cárcel la persona que tiene 10 gramos de sustancia que una a la que se la ha encontrado 50 kilos. Ha habido una desproporcionalidad en  estas penas. Esto está siendo tratado por la Asamblea en la nueva normativa que se va a promulgar (Código Penal Integral). Esperamos que esto sirva para su análisis.

¿Han recibido mucha presión sobre el tema, porque se configura la idea de que hay libertad para el consumo?

Lo que hemos hecho es aprobar una tabla basada en evidencia científica para apoyar al sistema judicial. Ese es el paso que hemos dado en este momento: tratar de llenar ese vacío legal que hemos tenido en el país. Es una tabla que no tiene el carácter de vinculante, porque no ha sido establecida por ley como indicó el Procurador del Estado. Esto lo tratará la Asamblea y luego se verán los siguientes pasos.

¿El país no podía esperar más, había que fijar la tabla?

El país, nuestros jóvenes, nuestros niños, nuestros hermanos, nuestros trabajadores no podían esperar más. Teníamos que hablar desde la ética, no desde la doble moral, no desde el doble discurso, no desde la alfombra roja sin soberanía alguna, sino desde nuestra realidad.
¿Qué sucede con los pasos anteriores al consumo que tienen relación con quién produce, quién vende? ¿Cuándo se abordarán esos temas?
Una vez que se ha establecido esta tabla con las cantidades máximas admisibles, el sistema judicial tendrá que definir la parte del protocolo de aplicabilidad.

¿Qué drogas se consumen en el Ecuador?

Tenemos varias sustancias, pero el alcohol es la principal droga que se consume a nivel planetario y el Ecuador no es una excepción. El alcohol es la droga que más daño hace, tenemos violencia intrafamiliar, accidentes de tránsito, pérdida de productividad. Hemos trabajado con la Flacso, que hizo una investigación sobre el consumo de alcohol. Estamos hablando que sobre el 30 y 40 por ciento de la población declara, que en el último año, ha utilizado alcohol.

Hemos visto en estudiantes de enseñanza media, de 12 a 17 años, que la edad promedio de inicio de uso, hasta el año 2008, era 12.5 años, ahora es de  14.7 años de edad. Se ha logrado retardar un poco la edad de inicio de consumo que tiene que ver con el trabajo preventivo que ha hecho el Ecuador, las ordenanzas municipales de algunos cantones y el compromiso nacional sobre el alcohol y tabaco.
En las drogas ilícitas hay un submundo, está en la oscuridad el problema, no sabemos dónde se encuentra, a quién le compran, qué es lo que se están metiendo nuestros chicos en el cerebro. Lo conocemos después, de una manera reactiva, para determinar qué tipo de tratamiento debemos aplicar, qué sustancia debemos prohibir, para abordar el tema de manera más científica, sobre eso estamos en investigación.

¿Sobre este submundo?

Sí, porque es una preocupación real.

¿Nos hace falta desmoralizar el debate para quitar el ruido que no permite hablar con transparencia?

Lo que usted plantea es correcto, el año pasado hemos iniciado los encuentros con la academia en algunas investigaciones puntuales, lo cual terminó en un encuentro internacional. Todavía hay mucha injerencia, deseo de algunas potencias de seguir manteniendo o justificando la guerra contra las drogas sin entender que en el centro de este fenómeno está el ser humano y no están las acciones y las sustancias.

¿Cuál es el siguiente paso del Consep?

El Consep está priorizando la prevención integral: prevención al desvío de sustancias químicas. Tenemos procesos de desarrollo alternativo y preventivo para prevenir que nuestras poblaciones vulnerables sean cooptadas por el narcotráfico. Como Estado, nos estamos acercando a esas comunidades, que en el pasado no fueron tomadas en cuenta, mediante varios proyectos a nivel nacional y esperamos que los productos que salgan de esos proyectos tengan certificación mundial para que accedan a mercados internacionales.

Estamos mirando la prevención per sé dentro del ámbito comunitario, familiar, educativo, laboral; y, en ese marco, estamos coordinando con las instancias de Salud, Educación, Producción, Agricultura y Relaciones Internacionales.

Amelia Ribadeneira

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