La corrupción, un problema que afecta a los derechos humanos

La corrupción, un problema que afecta a los derechos humanos

marzo 1, 2013
in Category: Casos
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La corrupción, un problema que afecta a los derechos humanos

El martes 4 de septiembre de 2012, Sara Martínez debía ser liberada tras cumplir su condena, pero la boleta de excarcelación llegó tres días después. Su esposo, Emilio Alpaz, esperaba a las fueras del Centro de Rehabilitación Social femenino de Quito y añoraba que los trámites internos se realizaran lo más rápido posible para que su esposa saliera en libertad. En octubre de 2012, Sara fue detenida y sentenciada a cumplir una condena de un mes en prisión por cometer una supuesta estafa. Sara y su esposo viven en Ibarra con sus cuatro hijos y desde que Sara fue apresada en Quito, Emilio viajaba a diario para visitarla: “fue un mes sin dormir, estoy desesperado por que salga”, aseguró.

Durante esa temporada, Emilio trabajaba de jornalero, ganaba 75 dólares a la semana para mantener a su familia. Las finanzas del hogar cayeron hasta el fondo cuando un funcionario del Tribunal Tercero de Garantías Penales, le  pidió a Emilio mil dólares por la boleta de excarcelación de Sara. El jornalero desesperado vendió todas sus pertenecías y logró recolectar 500 dólares, pero para el funcionario público no fueron suficientes y al ver que su pedido no fue cumplido a cabalidad amenazó a Emilio.

Un defensor público conoció el caso y denunció el hecho a la Secretaría de Transparencia, “no es justo que gente inocente venda sus cosas para pagar a personas sin escrúpulos”, aseguró el defensor.

Es así como la Defensoría Pública junto a la Secretaría de Transparencia armaron un operativo para capturar a la persona que solicitó el dinero. Emilio acudió a entregarle 100 dólares más al funcionario y la policía lo capturó en delito flagrante. El viernes 7 de septiembre  de 2012, Emilio acudió a recibir a su esposa acompañado por un Defensor Público. Estaba entusiasmado, impaciente, contando los minutos para que su esposa saliera libre y puideran volver juntos a su natal Ibarra. La salida de Sara estaba prevista para las 14:30, sin embargo, por los trámites internos fue liberada a las 16:30; dos horas eternas para Emilio: “uno no sabe lo que puede pasar en una hora en la cárcel”. Al verla cruzar la puerta, Emilio la abrazó con fuerza, le dijo mi amor y ella acurrucada en sus brazos y con una gran sonrisa pudo expresar sus sentimientos con lágrimas de felicidad.

Sara y Emilio se alejaron del centro de rehabilitación social con la certeza de que vendrían días mejores.

La lucha para esta familia no terminó ahí, en ese momento volvieron  a Ibarra para  tramitar la salida de sus hijos de la a Dirección Nacional de Policía Especializada para niños, niñas y adolescentes (Dinapen), lugar al que fueron trasladados luego de la denuncia de vecinos que evidenciaron que los niños estuvieron descuidados por los continuos viajes de su padre para visitar a Sara.

Tiempo después, Emilio volvió a Quito para dar las declaraciones del caso de concusión. Lo más probable es que le devuelvan los 600 dólares que entregó al funcionario, un fondo con el que recuperará sus cosas.

Andrea Benalcázar

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