¿Cómo abordamos la problemática de la juventud desde la Defensoría?

¿Cómo abordamos la problemática de la juventud desde la Defensoría?

marzo 1, 2013
in Category: Perspectivas
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¿Cómo abordamos la problemática de la juventud desde la Defensoría?

¿Cómo abordamos la problemática de la juventud desde la Defensoría Pública? ¿Cuáles son los postulados que definen nuestras políticas para este grupo poblacional tan complejo y fascinante? ¿Es oportuno hablar de cultura de paz con ellos como protagonistas, cuando hemos sido testigos de una escalada inusitada de violencia mortal, incluido el “feminicidio”?

Empecemos por señalar que el Ecuador es un país de jóvenes. Pero decir esto no es suficiente. Hace falta explorar un poco para identificar aquellos “territorios juveniles”, pues los hay en las cumbres de los andes, en la selva amazónica, en el bosque nublado de las estribaciones occidentales, en la franja costanera, en las periferias de las grandes ciudades y, por supuesto, en las oleadas migratorias hacia Europa y Estados Unidos.

En todos estos “territorios” la presencia de los jóvenes ha sido determinante para la construcción de una nueva fisonomía ecuatoriana, difícilmente comprendida e interpretada. Segùn el censo 2010, este segmento poblacional, comprendido entre los 15 y 29 años representa el 27 % de la población, con cerca de cuatro millones de habitantes.

Además esos “territorios juveniles” están marcados por problemáticas transversales: la pobreza, la violencia, el embarazo precoz, el bajo nivel de escolaridad, los hogares monoparentales, la conquista de las ciudades y el abandono del campo, el desempleo, el consumo de sustancias ilícitas, la “tribalización” y la atomización de sus espacios organizativos, la construcción de estéticas propias, la politización del cuerpo, la fundación de nuevas identidades, la explosión de  culturas y subculturas, la hibridación y el nomadismo cultural, pero además la pervivencia de un nuevo ecosistema basado en la comunicación y en la tecnología, en cuyo escenario cumplen los jóvenes un rol protagónico.

Este último fenómeno ha bautizado a la generación actual de jóvenes en el mundo, como la Generación Millennials, que ha crecido rodeada de la era digital, que “viven conectados a la Web, hacen mil cosas al mismo tiempo, se comportan como consumidores exigentes y eligen estudiar sólo lo que les gusta” (La generación del futuro, en La Nación de Argentina).  La cultura wiki, por el espíritu colaborativo de Wikipedia, les sienta mucho mejor que la hipercompetitividad de las generaciones anteriores, afirman Howe y Strauss, autores de Millennials rising, the next generation (El ascenso de los Millennials, la nueva generación).

No es inexacto decir que en nuestro país esta generación de jóvenes ha tomado buena parte de la conducción del Estado, lo cual se ha traducido en un cambio estructural de consecuencias profundas para los próximos años y donde los balances del sector han cambiado drásticamente. Por citar un ejemplo: la década del 90 fue calificada como “década perdida”, donde el estado de ánimo de la población en general, incluidos los jóvenes, era de crisis, baja autoestima, poco sentido de pertenencia y sobre todo visiones fatalistas sobre el porvenir, tal como atestiguan datos estadísticos de la época (en 1999, Informe Confidencial reportó que las personas de 18 a 37 años preferían migrar a otro país).

Transcurridos dos quinquenios, hemos sido testigos de transformaciones estructurales. Sin embargo, los contrastes siguen siendo preocupantes, especialmente, la pobreza y sus consecuencias.

6.1Un estudio publicado en octubre de 2012 por el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), señala que en promedio, más de la mitad de los jóvenes viven en condiciones de pobreza (3 de cada 10) o extrema pobreza (2 de cada 10), siendo principalmente los indígenas o afroecuatorianos los más afectados.

Casi la mitad de las personas que se vieron obligadas a cambiar su lugar de residencia dentro del país o abandonarlo, son jóvenes. Esto significa que hacen parte de las oleadas migratorias mundiales hacia zonas que suponen les brindan mejores oportunidades de vida. Las migraciones al extranjero varían según la edad. La búsqueda de trabajo es más intensa entre los 19 y 29 años. Mientras que los estudios son el principal motivo para salir al extranjero entre los jóvenes de 15 a 24 años. Una tercera razón de migrar al extranjero es la unión familiar.

Las condiciones educativas de la juventud vistas en conjunto, aunque han mejorado, no son las ideales. Los datos censales indican que el analfabetismo apenas afecta al uno por ciento de los niños y adolescentes y al 2 % de los jóvenes, alcanzando un acumulado promedio de 10 años de estudio y, sobre todo, una tendencia al incremento de la matrícula en educación primaria, hasta llegar prácticamente a la universalización. Sin embargo, sigue siendo muy baja la tasa de matrícula de educación básica, secundaria y universitaria, aunque en las dos últimas se ha triplicado y duplicado respectivamente, desde el 2001.

Los jóvenes titulados de 24 a 29 años apenas suman el 11,2 % y debe ser considerada una alerta respecto a esta tendencia casi silenciosa de consolidación de un sistema social profundamente inequitativo, con una élite de personas con acceso a educación universitaria que se impone por sobre el resto de la población.

Un dato altamente preocupante se refiere a la población joven que ni trabaja ni estudia y que suma el 15 % del total de jóvenes. ¿A qué se dedica este segmento poblacional, que por lo demás está compuesto principalmente por mujeres? El informe del MIES alerta al respecto, anotando que “más de un tercio de las mujeres que tienen más de 20 años está en esta situación”. Sin duda, hace falta exploraciones más profundas para saber la verdadera situación de este grupo poblacional y focalizar políticas para garantizar su pleno desarrollo.

De otro lado, son innegables las escasas plazas de empleo juvenil. “Las tasas de desempleo y subempleo de la población joven triplican las correspondientes a la población adulta”, señala el informe. Pero son las mujeres quienes tienen menores oportunidades, especialmente, en el sector primario de la economía. Dos aspectos llaman la atención en el empleo juvenil: su temporalidad y la baja tasa de afiliación al seguro social. Seis de cada 10 empleos jóvenes son temporales y apenas 1 de cada 4 cuenta con seguro social.

Los altos niveles de embarazo de adolescentes son un aspecto crítico reportado por el estudio, llegando a situarse en el 20 y 25 % del total en provincias como Morona Santiago, Esmeraldas, Orellana, Sucumbíos, Los Ríos, Pastaza y Zamora Chinchipe. Por último, la juventud es quien se somete a los más altos riesgos de contraer la enfermedad del VIH-SIDA, pues las tasas más elevadas de personas afectadas por el virus se ubican en la población de entre 15 y 35 años de edad. Estos temas deberían generar un debate público profundo, pues así se puede mirar no solo la conveniencia sino la urgencia de la entrega gratuita de la píldora de un día después.

6.2La violencia gana terreno en la juventud

En los últimos años, lamentablemente, la violencia se ha convertido en un hecho cotidiano, siendo las y los jóvenes los principales involucrados. La violencia intrafamiliar tiene como víctima principal a jóvenes, principalmente mujeres. En el Ecuador, las mujeres que se han casado o unido por primera vez, entre los 16 a 20 años, son las que mayor violencia han vivido con el 70,5 %, según la Encuesta Nacional de Relaciones Familiares y Violencia de Género contra las Mujeres. INEC 2012. Además, el “feminicidio” –esa palabra que dolorosamente se incorporó al vocabulario cotidiano de nuestro país, por el asesinato de la joven Karina del Pozo-, afecta principalmente a la juventud.

Las estadísticas revelan que las dos principales causas de muerte de jóvenes son los accidentes de transporte y las agresiones, a las que se suman –en el caso de las mujeres- las lesiones autoinflingidas.

Fuentes policiales señalan que la participación de la juventud y de menores de edad en casos de tráfico de droga se ha duplicado en el 2012 en comparación con el año anterior. Las principales causas de delito en este grupo son los robos (261), posesión de armas (121), violación (103), consumo y posesión de drogas (47) y asesinato (46).  El resto de casos se refiere a hurto, tráfico de drogas, intento de homicidio, destrucción de la propiedad, entre otros.  Aunque es bajo el nivel delictivo juvenil ecuatoriano en comparación con otros países, no deja de llamar la atención el vertiginoso espiral de violencia. En el 2011 se registraron 2.650 menores detenidos, de los cuales el 92,03 % fueron hombres. 1.072 detenidos se encontraron bajo medidas socioeducativas; otros 1.000 estuvieron bajo medidas de internamiento, y los restantes 578 bajo medidas cautelares.

¿Quiénes son estos jóvenes?

Seis de cada 10 menores infractores ha terminado la primaria. Uno de cada 10 ha terminado el ciclo básico. Cinco de cada 10 son jefes de hogar. Ocho de cada 10 nunca visitó a un médico o acudió a un centro de salud. Seis de cada 10 decidieron huir de sus hogares para romper con el maltrato.

La realidad es tremendamente compleja, donde la simpleza bicolor del blanco y negro es inmediatista e ineficaz. Queremos subrayar que no es acertada la aplicación exclusiva de políticas represivas, porque tal como señala en un estudio Marie-Astrid Dupret, “Los adolescentes con sus actitudes a menudo provocadoras en su afán de cuestionar y mover un sistema que no da lugar a ilusión alguna, se ofrecen como chivos expiatorios perfectos de las sociedades posmodernas”.

6.3¿Será posible entre los jóvenes la negociación en vez del conflicto?

Siempre llamó la atención, para quienes no somos abogados, que el no litigio, lo no adversarial o la “no judicialización” de la vida, tenga un lugar minúsculo, insignificante y no sea sino un pequeño islote en el mar del Derecho.

Y es que así como la salud humana nos demanda una obligación en conocer nuestro cuerpo, la salud jurídica obliga a conocer no solo nuestros derechos, sino los medios alternativos para solucionar nuestros conflictos, que por lo demás son más económicos, muchas veces gratuitos y enormemente “reparatorios” porque restauran la paz social.

Pensar alternativamente parecería ser la necesidad mayor, imaginar opciones, crear nuevos caminos y sembrar utopías. Citemos un ejemplo. Cuando se aplican medidas alternativas al internamiento, el nivel de reincidencia es de apenas el 3 %, según nuestras cifras; mientras que al contrario, el 90 % de los jóvenes en internamiento reinciden.  Estas experiencias deberían consolidarse, pues de esta manera se cumple con el principio básico de rehabilitación.

Abrir las compuertas significa repensar la situación en conjunto: llegar a las familias y a los espacios educativos, hacer un trabajo coordinado entre todas las instituciones, empezar a andar los senderos hacia la comunidad, para que la construcción de cultura de paz tenga asidero y eche raíces. En última instancia, no es despreciable la recuperación de aquel mito del Ecuador como “isla de paz”. La protagonista de cualquier iniciativa es la misma juventud y sus organizaciones, las ortodoxas y las nuevas, en cuyo seno se dibuja la fisonomía del Ecuador de las próximas décadas.

La Defensoría Pública está interesada en abonar el terreno y se encuentra impulsando una política permanente de construcción de una cultura de paz, aspirando a llegar a las familias, a las escuelas, colegios y universidades, así como a las comunidades, en el ámbito de sus competencias como organismo autónomo de la función judicial.

Se trata entonces, de hacer que prevalezca la cultura colaborativa de la Generación Millennials por sobre el barbarismo de la violencia.

 Marlo Brito

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