Los estereotipos y los juicios de valor también discriminan a los extranjeros

Los estereotipos y los juicios de valor también discriminan a los extranjeros

junio 8, 2014
in Category: Perspectivas
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Los estereotipos y los juicios de valor también discriminan a los extranjeros

Los medios de comunicación tienen influencia en la sociedad. Es una aseveración, no es una duda. No obstante, los niveles de influencia no se enmarcan en las visiones del siglo pasado que aseguraban que los ciudadanos eran meros receptores de información sin mayor capacidad de interpretar lo que consumían. Los estudios sobre comunicación reconocen que las personas procesan la información, es decir, tienen capacidad para pensar sobre el hecho del que se informan, pueden asumir la información como verdadera o sentar dudas sobre ella, lo cual implica que pueden tener una posición frente a la información aunque esa posición sea de total indiferencia ante un hecho.

Para entender mejor este cambio cualitativo sobre el reconocimiento de las personas como seres capaces de procesar la información, es importante resaltar que la sociedad del Siglo XX, en especial, de la primera mitad, tiene como característica un alto porcentaje de analfabetismo, sin contar con otras condiciones asociadas a la pobreza, es decir, personas que no saben leer y escribir, con una evidente limitación a la educación. En el caso ecuatoriano, es interesante mirar las cifras históricas que dan cuenta de los avances de alfabetización de la población: “De acuerdo a la información censal, la tasa de analfabetismo para la población de 15 años y más pasó del 26% en 1974 al 17% en 1982, al 12% en 1990 y al 9% en el 2001”, (Unesco y Ministerio de Educación).

El acceso a la educación y al conocimiento forman la ecuación esencial que dota a las personas de mayores elementos para interpretar la realidad poniendo distancia entre lo que se le informa y lo que cree. Por tanto, mientras más formada o -en lenguaje coloquial “más preparada”- esté una persona más argumentos de valoración tendrá sobre el material informativo que recibe de los medios de comunicación. No obstante, lo que sí logran los medios de comunicación –sin mayor cuestionamiento- es definir los temas del debate nacional y las formas en que los narran. Entonces, surge el conflicto.

Fuente: Diario El Telégrafo 2014La investigadora chilena, Chiara Sáez Baeza, destaca dos teorías actuales sobre los efectos e influencias de los mass media: una ideológica y otra sobre el establecimiento de la agenda. La primera, dice, “proviene de la representación falaz de la realidad, en términos de las proporciones en que los hechos ocurren, la aparición de sujetos determinados o la distribución geográfica de estos. El problema y aquí está el conflicto, es que la gente asume esta representación como equivalente a la realidad” (2004). Por tanto, aunque los ciudadanos(as) tengan más elementos para interpretar la información, la forma de narrarlos y su recurrencia influyen considerablemente en la opinión que se forman sobre la realidad.

Los medios masivos toman ciertos hechos de la realidad, los relatan y difunden a sus públicos bajo la consideración de que son los más relevantes. Se trata de una decisión “arbitraria”, pues deja fuera de la agenda setting otros hechos que probablemente también pudieron ser relevantes para la sociedad, pero no para los medios. No obstante, esa arbitrariedad en sí mimo no es un defecto, porque simplemente no existe la capacidad de publicar todo lo que ocurre durante un día, pues las noticias son infinitas, mientras que el espacio, el tiempo y los recursos para difundirlas son limitados, entonces, el periodismo no tiene más elección que decidir qué publicar. Además, la lógica mediática considera que la selección de los temas noticiables tiene como base el “interés de la comunidad”, en palabras del profesor de ética periodística, Javier Darío Restrepo, la prensa publica lo que considera es de utilidad para la sociedad.

La segunda teoría que destaca la investigadora Sáenz Baeza es precisamente la agenda setting o los temas que los medios deciden publicar. “Las teorías sobre el establecimiento de agenda sostienen que la influencia de los media no opera tanto sobre las opiniones como en la definición de los temas acerca de los cuales la sociedad debe debatir, así como en los parámetros con los que se deben comprender los distintos acontecimientos”. De modo que la clave está en analizar cuáles son los temas que los medios de comunicación masiva, en especial la televisión, eligen como relevantes para hacerlos públicos, y de qué manera los narran. Además, es necesario poner dudas sobre si realmente los temas elegidos son los que la gente necesita conocer o los que le interesan. En las encuestas de opinión, es muy típico que la ciudadanía conteste que los principales problemas que le aquejan están relacionados con el empleo, la educación, la salud, la seguridad, entre otros temas, que a excepción de la seguridad, no siempre están en primera página ni a diario en las agendas de los mass media.

Mauro Cerbino, investigador de la comunicación de Flacso Ecuador, sostiene que “en la actualidad, la mayoría de la producción noticiosa parece darse a partir de un conjunto de valores – noticias (los valores de la noticiabilidad) marcados por la lógica de la velocidad, la simplificación, la fragmentación y lo accidental, especialmente cuando se trata de noticias relacionadas con la violencia criminal. A esta exigencia se acompaña otra, la de la novedad (el valor de la primicia), como característica de una labor periodística obsesionada por producir la información exclusiva”.

10Las agendas mediáticas básicamente tienen tres temas predominantes: la crónica roja, la política y el deporte con la total preeminencia del fútbol. El orden de importancia, la extensión de la cobertura y el seguimiento noticioso responden a la realidad política de los países y su ranquin de violencia, dos condiciones que priman en los medios de comunicación al momento de informar. Un accidente brutal, una muerte espeluznante, el resultado de un partido de fútbol o una medida política que afecte a un número importante de ciudadanos o a un sector en disputa con el gobierno son características para liderar la primera página de un diario o ser la primera noticia de un noticiero de televisión o radio, siempre y cuando estos medios no se enmarquen en el clásico noticiero de crónica roja donde las noticias del crimen y la violencia son las únicas en difundirse. Esta relevancia de la noticiabilidad puede atribuírsele a los medios llamados “serios”.

De los tres temas predominantes de la agenda mediática, el tema de la inseguridad ciudadana es el que mayor polémica genera en las sociedades, pues se ha convertido en un elemento de presión pública en el marco de un conflicto de poder entre dos fuerzas: la mediática y la gubernamental. En América Latina, la seguridad es un tema predominante en toda campaña política, es según las mediciones públicas, una preocupación profunda de los ciudadanos incluso superior a la del empleo. El Latinobarómetro 2012, presentado en Lima, sostiene que “América Latina pasa por un Clima de Opinión donde es difícil encontrar un ciudadano que diga que la delincuencia no es importante, independiente del número de víctimas que ese ciudadano perciba. Se trata de una región “capturada” por el clima de opinión de que el crimen, la delincuencia, se ha tomado la agenda informativa y domina las comunicaciones sociales”.

Hilando más fino, en países como Ecuador, las noticias sobre la inseguridad se han convertido en armas de presión para el gobierno al punto de que en 2011 se realizó una consulta popular para hacer cambios en el sistema de justicia, en aquel momento, considerado cómplice de la delincuencia al permitir la liberación de personas acusadas de delitos debido a la lentitud en los procesos e incluso a actos que pudieran ser considerados corruptos por parte de jueces y fiscales. Desde entonces, el gobierno mantiene en alto el nivel de información sobre todos sus esfuerzos por mejorar la seguridad ciudadana mediante la celeridad de los juicios, sentencias condenatorias, el fortalecimiento de la policía, la construcción de obra pública (cárceles y unidades de vigilancia), golpes al crimen organizado, reformas legales con endurecimiento de penas, entre otros.

Sin embargo, parece que esta disputa siempre la ganan los medios. El impacto que tienen las noticias sobre la criminalidad es mayor a las noticias sobre la gestión por combatirla. Los medios tienen mucha experiencia en publicitar el crimen, en llegar a las sensaciones de la gente, en contribuir a la sociedad del miedo. Y a pesar de la capacidad que tienen los ciudadanos de interpretar la información, el incremento de la cobertura, la espectacularidad de la narración, la reiteración de la noticia van generando un imaginario de sociedad violenta e insegura en proporciones que pueden considerarse superiores a la realidad. Mauro Cerbino considera que “es muy probable que los medios, de cualquier tipo, escrito, radial o televisivo (aunque es probable que este último de manera acentuada), generen un temor vicario que podemos llamar precisamente mediático debido al modo como retratan, describen, representan los hechos de violencia y de crónica roja, es decir, recortando determinados fragmentos de la realidad y transformándolos a un cierto formato y un modo de representación particular”.

11Si bien es cierto, la inseguridad no es una responsabilidad de los medios de comunicación, sí lo son los enfoques, los contenidos, las cifras, los personajes que presentan en la información que entregan a la sociedad. Los mass media son, como dice la investigadora Lucía Dammert, el principal narrador de los temas públicos: “sin duda uno de los principales desafíos en el debate público actual es la forma como la ciudadanía se informa de los temas que cree importantes. Considerando que se atraviesa por un proceso de deslegitimación de las organizaciones políticas y de la organización ciudadana en general” (2004).

La tendencia de la información de crónica roja sigue al alza. Ha pasado de la noticia de primera página a programas completos de muerte y sangre donde los principales protagonistas son los ciudadanos más pobres, los sobrevivientes de las grandes barriadas con limitado acceso a servicios básicos, atormentados por el desempleo, atrapados en la violencia que genera el alto consumo del alcohol y los patrones socioculturales de una sociedad discriminadora que castiga. Diario Extra fue por muchos años el líder de la crónica roja, lleva 41 años circulando a nivel nacional y según las agencias de publicidad es el diario de mayor lecturabilidad. Esta tendencia de crónica roja la ha seguido diario La Hora, El Universo a través de diario Súper, y la empresa El Comercio con el vespertino Últimas Noticias que reemplazó las notas de la ciudad por la espectacularidad de la muerte. A ello, hay que agregar que en los grandes diarios no faltan las secciones judicial, policial o seguridad, espacios en los que la criminalidad se cuenta con alguna sobriedad. En cuanto a la televisión, los programas rojos se han sucedido uno tras otro: “Primer impacto,” por ejemplo, o los actuales como “Sorprendente” y “En carne propia” que transmiten RTS y Canal Uno respectivamente.

Se puede contabilizar una serie de consecuencias que genera este tipo de información en los imaginarios sociales, probablemente la de mayor impacto sea el crecimiento de la percepción de inseguridad en las ciudades, una paranoia colectiva que si bien se sustenta en hechos que han ocurrido, se agudiza con la redundancia informativa sobre la violencia y la muerte. Hay otra consecuencia significativa: la producción y reafirmación de estereotipos. Interesa para este artículo los estigmas que se han creado sobre los extranjeros, en particular, sobre los colombianos asociados en el imaginario colectivo con la delincuencia. Es muy frecuente que las notas informativas sobre captura de bandas delictivas se destaque la nacionalidad de las personas detenidas e incluso la raza, siempre y cuando haya una persona afrodescendiente.

El 15 de noviembre de 2006, diario El Universo publicó una nota con el titular “Producción de cocaína a gran escala en El Oro” y destaca que “esta banda era liderada por el colombiano Juan Evangelista Solarte Mora, quien fue detenido en la casa que pertenecía al ecuatoriano Juan Falquez (…). El 2 de julio de 2010, diario El Mercurio de Cuenca, publicó una nota con el siguiente titular: “Policía de Ecuador captura 34 colombianos que pertenecían a red de usureros”. Teleamazonas, el 17 de marzo de 2014, informó que “en Loja, la policía capturó a una presunta banda de delincuentes colombianos que estafaban a sus víctimas vendiendo, supuestamente, celulares”.

Esta redundancia informativa refuerza el estereotipo de que los colombianos tienden a la delincuencia, a pesar de que el impacto de los ciudadanos de este país en la inseguridad ciudadana es totalmente cuestionable. Las estadísticas de la Defensoría Pública son un termómetro para plantear esta aseveración: de las personas atendidas según su nacionalidad, el 96,49% son ecuatorianas; el 3,51% proviene principalmente de los países vecinos: Colombia (1892), Perú (380) y Cuba (105).  Pero la ciudadanía piensa otra cosa. En un estudio realizado en varias ciudades de América Latina, que consta en el archivo del Municipio de Quito, los prejuicios de los capitalinos salen a flote: 4 de cada diez quiteños no quisiera tener como vecino a colombianos, cubanos o roqueros.

Lucía Dammert, citando a Dowler, sostiene que “los medios de comunicación juegan un rol importante en la construcción de la criminalidad y del sistema de justicia criminal. La percepción del público sobre las víctimas, los criminales y los encargados del orden está largamente determinada por su presentación en los medios”.

Este abordaje noticioso es perverso, porque además de estigmatizar a las personas, reafirman concepciones discriminatorias que están en la memoria de la gente: las mujeres rubias son tontas, los homosexuales son depravados y los extranjeros son delincuentes, la lista de ejemplos puede ser mayor, tanta como las posibilidades de discriminación de grupos humanos que no encajan en la concepción de lo socialmente construido como “normal”, es decir, hombre (más que mujer), clase media – alta, mestizo con aspiración a blanco, con título profesional, con empleo fijo y casado. Todo lo demás es raro.

No se trata de que los medios no informen sobre los crímenes y la violencia, se trata de que sus narraciones periodísticas no estén cargadas de juicios de valor, de juzgamientos, de palabras condenatorias o redundantes que refuerzan los estereotipos. También se trata de construir las narraciones bajo una línea de derechos, considerando que es el sistema de justicia quien determina la culpabilidad o inocencia de una persona, no la prensa.

Amelia Ribadeneira, docente universitaria.

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