La reaparición del ostracismo en Ecuador, destierro del

La reaparición del ostracismo en Ecuador, destierro del “extranjero”

junio 8, 2014
in Category: Análisis jurídico
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La reaparición del ostracismo en Ecuador, destierro del “extranjero”

La ciudadanía es el medio político para acceder a los Derechos Humanos. Se puede acceder a ella con la falsa noción de creer que es la nacionalidad lo que la consagra. Siendo así, solo los ecuatorianos tendrían los derechos que emergen de la ciudadanía, descartando de su ejercicio al “extranjero”. No obstante, el vínculo de la ciudadanía con el Estado no debe negar el reconocimiento de las minorías nacionales que han abandonado su sociedad para incorporarse a la nuestra (Kymlicka, 1996: 37). Por ende, la nueva forma de inscribir al Estado en las sociedades modernas se da en el marco de la multiculturalidad. Así se incorporó en la Constitución ecuatoriana el estatus de la ciudadanía universal para reconocer y asimilar la diferencia con el inmigrante (Art. 416.6 CR), eliminando su condición de extranjero y garantizando su libre movilidad por el territorio nacional. Por lo tanto, no se requiere ser de otro país para acceder a los derechos emergentes de la ciudadanía en su contenido esencial.

Sin embargo, por un lado el proceso de aceptación del inmigrante sufre un mayor revés a la hora de exigir derechos sociales como la salud, educación o trabajo; por otro, en momentos del respeto de los derechos civiles como la movilidad humana, libertad personal o presunción de inocencia. La asimilación del extranjero dentro de un Estado-nación tiene que sortear las trabas culturales de los miembros del endogrupo (Schutz, 2002: 146), bajo la noción de un nacionalismo que agudiza las contradicciones entre lo universal y lo particular al momento de aceptar la diferencia. Este fenómeno se refleja con el mantenimiento de instituciones como la “expulsión de los extranjeros”, cuyo espíritu no hace más que desmantelar el progresismo que evita formas de discriminación.

Tal como ocurrió en la Antigua Grecia con el ostracismo, la cultura de apreciar a algunas personas como peligrosas se mantiene en figuras como el extrañamiento o la expulsión de extranjeros, la cual se encuentra reforzada en el Código Orgánico Integral Penal (COIP) en su artículo 61 al prohibir que el no-ecuatoriano que haya cometido un delito con pena mayor de cinco años, será desterrado del Ecuador y no podrá ingresar a este en menos de diez años después de haber cumplido su condena. Al margen de exacerbar la penalidad de la vigente ley de migración o configurar un doble estándar de castigo después del encierro, lo cierto es que estamos reconociendo declarativa y políticamente la diferencia con otras personas, tal como el caso del apartheid y el nacionalsocialismo (Zaffaroni, 1998: 433-442).

El denominado darwinismo social se internaliza nuevamente en nuestras instituciones penales como una forma de mantener el orden, al focalizar en la ley la función de asegurar la “normalidad” sobre quienes se concibe como desviados por no ser ecuatorianos (Taylor, Walton y Young, 1997: 162-166). Normas como las del Art. 61 del COIP van estructurando una conciencia racial que estigmatiza al extranjero infractor. Aquello no es más que una contención migratoria sobre los inmigrados a través de la ley penal, lo que precisamente Foucault afirmaba al sostener que: “La norma puede aplicarse tanto al cuerpo que se quiere disciplinar, como a la población que se quiere regularizar” (Foucault, 1992: 262). De esta forma, normas como la aludida no solo que desfiguran la ciudadanía universal, sino que ahondan en un peligroso nacionalismo anti-inmigrante que a toda costa debemos evitar.

Jorge Vicente Paladines, catedrático universitario

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