“Hay que retomar la ideal del lector como un usuario de un servicio”

“Hay que retomar la ideal del lector como un usuario de un servicio”

agosto 23, 2014
in Category: Entrevistas
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“Hay que retomar la ideal del lector como un usuario de un servicio”

Hernán Reyes, vocal del Consejo de Regulación de la Comunicación (Cordicom), analiza el momento político en el que se presenta la propuesta de reforma constitucional que colocaría a la comunicación como un servicio público con rango constitucional. Reyes, que ha sido un académico e investigador de la comunicación desde hace varios años, considera que la propuesta se da en medio de un enfrentamiento de actores del Gobierno con ciertos medios de comunicación privados, interesados en que no exista ningún tipo de regulación y que sea el mercado el que determine las reglas de juego. También plantea que la información es muy importante para una sociedad, pues la calidad del contenido tiene incidencia en el tipo de decisiones que toma la gente, por ello, cree que se requieren de unos estándares mínimos en su producción y difusión, así como una ciudadanía con mayores criterios de selección.

¿Cuál es el concepto que hay detrás de la información como un bien público para la sociedad? ¿Cuál es su dimensión?

Habría que vincularlo con el reconocimiento del peso enorme que ha tenido, a lo largo de toda la historia, la información para múltiples fines. En las sociedades, la información no solamente es un recurso económico, que cada vez es más valorizado y más disputado, también es un recurso básico para la convivencia social. En el caso de las sociedades modernas, la democracia está basada precisamente en la información.

La paradoja de las sociedades contemporáneas es que hay un crecimiento exponencial a causa del desarrollo tecnológico, de la capacidad de almacenar y de transmitir información, pero al mismo tiempo hay una distorsión y empobrecimiento de la calidad de la información que se difunde. En el caso de la política, por ejemplo, hay cada vez más información de carácter personalizado que sufre el riesgo de banalizarse o de volverse simplemente un espectáculo.

¿Y cuál es el problema?

El problema del empobrecimiento de la información, de esta capacidad cada vez más fuerte de que pase por información algo que efectivamente no lo es, que a veces se presenta con datos prefabricados, es que no va a lograr darle al consumidor, al lector, al ciudadano aquella capacidad de decidir, pues la información se ha mercantilizado.

Al convertirse la información en una mercancía, aparece como un producto más del mercado en el que van a competir productores privados y en el caso de los medios de comunicación, la información masiva produce fenómenos como la farandulización de la información.

El medio de comunicación informa sobre el novio de la actriz del momento, los deslices de la artista de cine o simplemente la vida íntima de una persona. Son formas, desde mi punto de vista, degenerativas de la información.

Pero al final de cuentas también es información…

Se pueden hacer las típicas preguntas funcionalistas que se le hace a la noticia, por ejemplo, ¿si le interesa o no a la gente? ¡Claro que le interesa!, pero hay una sutil frontera entre lo que es una información interesante, que a través de la espectacularización y de la escandalización puede efectivamente llamar la atención de las audiencias, de lo que es una información de interés público.

17¿A qué se refiere con temas de relevancia pública?

Información de interés púbico es aquella que, aplicando los parámetros del periodismo, debería analizarse cada mañana de una manera rigurosa en las salas de redacción. Analizar, por ejemplo, los hechos que han llegado a ser noticia, cómo seleccionarlos, cuáles son los noticiables, cómo aplicar el principio de noticiabilidad a esta cantidad enorme de hechos, sabiendo que al efectuar un trabajo de selección nos quedaremos con unos cuantos y tendremos que desechar otros. Eso es para mí, información de relevancia pública.

No hay un manual, no puede haber una organización, no puede haber un actor político que diga cuál es la información de relevancia pública, eso es una competencia exclusiva de quienes trabajan produciendo información noticiosa todos los días. No obstante, lo que sí está claro, es que es importante preservar y mantener principios básicos para elegir aquellos acontecimientos que efectivamente van a tener más impacto en la sociedad.

Por lo tanto, cuando alguien dice que le corresponde a cada quien decidir que es información de relevancia pública, cae en una falacia, porque se está diciendo que le corresponde al dueño del medio, en el caso del medio privado, elegir que es lo que cubre o no, y eso no se compadece con un estándar mínimo de responsabilidad social del medio de comunicación.

Una de las respuestas que se plantea es que la gente elige que leer y que ver, y entonces el Estado no puede entrar a regular.

Por supuesto, el momento que la ideología del consumo individualista del ciudadano, como mero consumidor, se impone como dominante en la sociedad, obviamente están en su papayal los medios de comunicación privados que dicen ‘no sé, nosotros damos y el ciudadano elige`.

Yo diría que falacias como que la libertad de elección radica en quien tiene en su mano el control remoto, es precisamente una de las muestras más características de esta ideología dominante en sociedades como la nuestra, sociedades de capitalismo, donde el mercado quisiera funcionar sin ningún tipo de regulación, sin ningún tipo de límite.

Se recurre siempre a la idea, yo diría, tan peregrina, y al mismo tiempo tan potente de que quien consume medios de comunicación o consume información, consume un producto igual a cualquier otro. No creo que la información sea un producto igual a cualquier otro. La información es un bien estratégico, por ello, hay que retomar la idea del lector, del radioescucha y del televidente como el usuario de un servicio y no simplemente como un consumidor de un bien o de un producto.

¿Cree que hay que repensar lo que son los medios?

Creo que debemos volver al debate sobre temas más conceptuales y de fondo en relación a qué son los medios de comunicación, si son simplemente medios de transmisión de información o son mediadores neutrales. Creo que esto cae por su propio peso, ningún medio de comunicación es un mediador neutral, hay un proceso selectivo de elección y de construcción paulatina de agendas temáticas, de agendas informativas donde se distingue la naturaleza del medio de comunicación y su finalidad, a quién está respondiendo y qué es lo que está buscando.

En este contexto, tiene mayor peso el criterio de que el comportamiento de los medios de comunicación masiva, en particular los medios privados, se debe a la presión de la publicidad.

Cuando uno ve las lógicas internas de los medios, ve que efectivamente los medios privados viven de la rentabilidad que les da la publicidad y por esta razón la publicidad no querría tener topes sino circular libremente, pero eso no pasa en ninguna parte del mundo. Los contenidos publicitarios tienen límites y regulaciones.

Antes, la publicidad acompañaba al contenido noticioso y de entretenimiento, ahora parecería ser que la publicidad es el entretenimiento, es el elemento central, es la parte sustanciosa del medio de comunicación y el resto de contenidos, incluyendo los contenidos informativos, educativos y culturales, son los que acompañan al contenido publicitario.

18En la televisión es donde más se evidencia esta realidad.

Actualmente, el entretenimiento y la publicidad son el grueso de la televisión y, por supuesto, los contenidos informativos pasan a un segundo plano. Es un medio que tecnológicamente tienen ciertas características, nadie lo discute, pero nadie ha dicho que la televisión tiene una naturaleza de por sí intocada, vinculada con el entretenimiento o vinculada con la publicidad. En la prensa, la disputa es más dura porque cada vez más, con el desarrollo de nuevas tecnologías de información y comunicación, hay más libertad de elección de los lectores, por ejemplo, a leer en internet y a no comprar el medio físico.

En el Ecuador, hay un desplazamiento progresivo de lectores hacia los medios digitales, aunque los periódicos no han querido reconocer su pérdida de lectoría porque esto es parte del círculo perverso del capitalismo informativo. Reconocerlo significaría perder auspiciantes y al perder ingresos por auspicio de publicidad se desbarata el negocio de la prensa que era tan floreciente hace un par de siglos.

Entonces, creo que es importante volver los ojos otra vez hacia alguien que debe ser revalorado no como consumidor de medios, sino como ciudadano usuario de un servicio que los medios de comunicación ofertan. Ese es el fundamento para defender la idea de que la comunicación sea un servicio público para los ciudadanos, no importa que sea prestado por un medio privado, comunitario o público. La información debe ser vista como un recurso significativo, importantísimo y estratégico para la sociedad, que puede tranquilamente ser definido como un bien público.

El límite es precisamente regular a la publicidad.

La publicidad es un tipo de información que debe estar sujeta a permanente escrutinio y debe ser regulada en el sentido de evitar, como ocurre en otros países, publicidad de carácter engañosa o que implique competencias desleales o confusiones para el consumidor.

Una explicación que, personalmente me resulta perversa, es que la razón por la cual se sostiene la programación actual de la televisión, por ejemplo, es que eso es lo que la gente quiere ver. ¿Tiene algún asidero esta afirmación?

En absoluto. Me parece que tiene el mismo cuño ideológico que aquella explicación de que el mercado es perfecto o de que las leyes de la oferta y la demanda son las únicas que deberían existir porque le hacen un bien al ciudadano, dándole una infinidad de opciones para que elija como consumidor.

Sabemos que en las sociedades contemporáneas eso es una falacia. No es que existe esa irrupción infinita o al infinitum de productos, además, tendrían que ser de distinto precio, de distinta calidad, de distinto tipo, de distinto contenido desde el punto de vista ideológico, etc., y eso no existe. Lo que hay es una protección natural, en las sociedades capitalistas, de los procesos de concentración de mercado donde finalmente las empresas más grandes son las que terminan imponiendo sus propios productos en cuanto a calidad, precio, etc.

Esto pasa en todos los países del mundo. Actualmente, con una fuerza inaudita, terminan acaparando el mercado, controlándolo e imponiendo el punto de vista a la mayoría de que su producto es el mejor, es el que más utilidad social tiene. Solamente que, en el caso del mercado informativo, esto ha ido de la mano de la imposición de la idea de que la noticia es una cosa neutra, es una cosa objetiva y siempre útil, descargada de todo contenido ideológico. Nada más falso, pues las noticias se producen, se construyen selectivamente, intencionalmente. Las noticias que se difunden no necesariamente son las mejores, es más, nos encontramos en la paradoja de que las noticias que más se consumen ahora -y basta ver en internet- son las noticias que tienen más pobreza de contenido, las que más likes admiten, las que más se retuitean. Es decir, no hay una correspondencia entre lo más consumido con lo de mejor calidad.

Algunos medios de comunicación, sobre todo los escritos, manejan el criterio de que la información que transmiten es útil para la vida de la gente. ¿Comparte este criterio?

Por supuesto, y por eso hay distintos tipos de contenidos: informativos, culturales, educativos, formativos, de entretenimiento y publicitarios. Yo no descarto siquiera que sean inútiles los contenidos de entretenimiento, la gente tiene derecho a entretenerse, al descanso después de jornadas de trabajo. Pero si se trata de contenidos que conllevan, por ejemplo, mensajes discriminatorios que producen taras sociales, racistas, machistas… no solo que vulneran derechos, sino que se convierten en el recurso que refuerza estereotipos.

Se pone cuesta arriba considerar a la comunicación como un bien público, porque la idea que enseguida se conecta es que el Estado se quiere apropiar de todos los medios privados y ser el único que hegemoniza el discurso o la información para tener bajo control a toda la sociedad.

El párrafo que se pretende incluir como enmienda constitucional, que de pronto no será el definitivo, es tan sencillo como esto: la Comunicación es un servicio público que será prestado por medios privados, públicos y comunitarios, es exactamente lo mismo que ya se dice en la Ley Orgánica de Comunicación.

Es una falacia decir que en el momento en que aparezca la comunicación como servicio público, el Estado será el único que decide qué es lo que la gente va a escuchar, ver y decir.

Se está preservando el derecho que tienen los medios de comunicación privados para tener su propia agenda informativa. Nadie les va a imponer nada, porque está prohibida la censura previa en la Ley Orgánica de Comunicación y en la Constitución. De modo que no tiene ningún asidero especular que el Estado sea el que dirija la comunicación en el Ecuador, no se está diciendo absolutamente eso en ninguna parte de la Constitución ni en ninguna parte de la ley.

El Estado tiene sus propias prerrogativas para determinados temas vinculados con la comunicación y la información, incluyendo la capacidad que tienen los gobiernos, no solo este, sino cualquiera, de distinta manera y en distintas partes del mundo, para informar a la ciudadanía sobre temas que son de relevancia pública.

Por lo tanto, creo que son discursos alarmistas, que son los mismos que han estado dando vueltas durante casi cuatro años y que fueron los que lamentablemente tuvieron buena parte de la culpa para que la Ley Orgánica de Comunicación se haya tardado tanto en ser aprobada y haya sido tan apaleada precisamente por los sectores políticos y mediáticos que no querían que exista Ley de Comunicación en el Ecuador.

19La reforma constitucional, que contiene la propuesta de la comunicación como un servicio público, está en medio de un conflicto político serio entre el gobierno y las otras fuerzas políticas, entre ellas, los medios de comunicación privados.

Sí. Yo a ratos me pregunto a quién le interesa más que no salgamos de este entrampamiento, de esta confrontación tan ríspida, tan agresiva entre el gobierno o al menos ciertos funcionarios del Gobierno y ciertos medios de comunicación. Digo ciertos porque ahora, desde el Consejo, he podido viajar a varias provincias del país e interactuar con medios de comunicación locales con los que no hay tal confrontación.

En el Ecuador existe una guerra entre determinados funcionarios que tienen, indudablemente, peso en el Gobierno y determinados medios de comunicación privados que no solo están en disputa o en confrontación con el Gobierno, sino que están en disputa con otros medios privados incautados o no. Están en una agresión constante y una hostilidad permanente, por ejemplo, con los medios públicos.

Uno podrá después discutir si es que las agendas del los medios públicos son más pro gubernamentales, yo podría decir exactamente lo mismo de la agenda de los medios o de algunos grandes medios privados que son absolutamente de oposición con este Gobierno.

Yo creo en la capacidad que tiene el ciudadano de poder procesar la información, de que no es solo un receptor que acumula datos y no procesa, sino que puede tomar una posición, inclusive de la indiferencia sobre un determinado hecho. Pero me parece que no se valora la capacidad de discernir que tienen los ciudadanos, ¿está de acuerdo con esta mirada?

Creo que es una verdad relativa, es una verdad a medias, me parece que hay sectores ciudadanos que están en capacidad de poder intervenir mucho más activamente en los debates y en temas de interés público, y que lamentablemente están siendo negados de ese derecho por esos vacíos enormes que hay en muchos medios de comunicación.

Cada vez me topo más con un fenómeno interesante: varias personas me han dicho que el Consejo (Cordicom) debe ayudar a que se reabran espacios de deliberación pública en el país, porque consideran que estamos en un momento en que la gente no se escucha una a otra, que no llega a dialogar, sienten que se han cerrado espacios.

Pero también hay amplios sectores poblacionales que han caído no solamente en una actitud de indiferencia, sino de hostilidad al diálogo, no quieren hablar, son personas que adscriben fácilmente a posiciones dogmáticas, a posiciones casi de corte fundamentalista como producto de una serie de procesos muy complejos donde finalmente todo gira alrededor de estar con la verdad o estar con la mentira, que es casi como estar con el bien o estar con el mal.

Y ahora ¿qué hacemos?

La comunicación es un recurso vital en este momento para la permanencia y profundización de la democracia en el Ecuador. Es un recurso que está muy debilitado, muy venido a menos, y creo hay que fortalecerlo, por ello, es un reto importante construir una ciudadanía más consciente, más crítica y más respetuosa.

Amelia Ribadeneira es periodista y docente universitaria.

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