La esperanza emancipatoria, o afirmar:

La esperanza emancipatoria, o afirmar: “otro mundo es posible”

agosto 23, 2014
in Category: Perspectivas
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La esperanza emancipatoria, o afirmar: “otro mundo es posible”

En la última década, varios países de América Latina aportaron al mundo las ideas y la praxis para afirmar que “otro mundo es posible”. Las ideas se expresaron en espacios de fecunda movilización social, espacios donde se hicieron visibles los denominados “nuevos movimientos sociales” que enriquecieron y dieron una dimensión refrescante y seductora a las plataformas clásicas de defensa de los derechos de los más pobres. Así, América Latina se convirtió en el “paraíso perdido”, parafraseando el poema de John Milton, es decir, aquel espacio territorial de posibilidades para la realización de las utopías.

Desde la dimensión social, se puede afirmar que entre otros el Foro Social Mundial, desde 2001 (primer encuentro realizado en Brasil) se erigió como espacio de producción de una plataforma de discusión democrática de estrategias distintas al modelo de globalización impulsado por el Foro Económico Mundial (Davos). Definido como un espacio abierto, plural y diversificado de encuentro, el Foro dio paso a un proceso de búsqueda y construcción de alternativas que se contraponen a la globalización de las grandes corporaciones multinacionales, un foro de dimensión planetaria que tiene como meta “consolidar una globalización solidaria que, como una nueva etapa en la historia del mundo, respete a los derechos humanos universales, a todos los ciudadanos y ciudadanas de todas las naciones y al medio ambiente, apoyándose en sistemas e instituciones internacionales democráticos que estén al servicio de la justicia social, de la igualdad y de la soberanía de los pueblos”.

La praxis cuajó en la construcción de pactos sociales inéditos, materializados en la aprobación de nuevos marcos constitucionales, cuyos contenidos proponen cambiar las relaciones de poder, garantizar y amplificar los derechos ciudadanos, ordenar el diseño de un nuevo modelo de desarrollo respetuoso con la naturaleza, y fundamentalmente la construcción de estados basados “en el respeto e igualdad entre todos” (Bolivia,) o de una nueva forma de convivencia ciudadana, en diversidad y armonía con la naturaleza, para alcanzar el buen vivir, el sumak kawsay (Ecuador). Y cuajó de tal manera, porque todo este pensamiento renovado encontró tierra fértil en los andes, pues las circunstancias históricas previas a los triunfos de la “revolución ciudadana” en el Ecuador y de la construcción del “Estado Plurinacional” en Bolivia, eran de crisis global y cualquier intención emancipatoria tocaba la fibra más sentida del status quo. En tal contexto, la Constitución 2008 fue un proceso político inédito, de gran riqueza conceptual, de fuerza movilizadora de la población, de sacudón histórico que puso en el tapete la “crisis de colonialidad” y la urgencia emancipatoria.

En la dimensión andina, los capítulos emancipatorios consagrados en este “neoconstitucionalismo transformador” son precisamente aquellos que tienen que ver con los derechos ciudadanos y derechos de la naturaleza. Son y no han dejado de ser una apuesta firme por colocar la dimensión utópica al alcance de las manos, pero también se dejó claro que es fundamental indisciplinar el status quo, sacudir la docilidad y la mansedumbre y luchar por la construcción de una nueva sociedad. En otras palabras, los héroes y los patriotas bajaron de los pedestales y de las estatuas a las plazas y calles, los montoneros alfaristas se revistieron de realidad y su proximidad histórica era la insumisión que se vivía en los primeros años de la revolución ciudadana.

11-1En términos gastronómicos, esto fue precisamente lo consistente, lo suculento y lo nutritivo del proceso, pues desde varias vertientes se realizaron esfuerzos teóricos y, sobre todo, acciones prácticas guiadas por esa perspectiva utópica y por ese mandato. Es decir, se indisciplinó la política (recuerdo el impacto de no presentar candidaturas al congreso de entonces), se indisciplinó la cultura (el sumak kawsay tenía aspiraciones arquetípicas, en términos Jungianos), se indisciplinaron las normas (había que transformar el sistema de justicia), se indisciplinó el cuerpo (el feminismo se pintó con los colores nacionales y construyó una agenda mínima, como la despenalización del aborto), se reafirmaron las diversidades de género, en fin, se soñaba con una participación fecunda de la población en el debate de todos los temas relacionados con la política, la sociedad y la cultura.

Alejo Carpentier cuenta en “El siglo de las luces” esa especie de maldición que persigue a las revoluciones, que apenas victoriosas y aún con el olor de las batallas en las botas de campaña, envejecen a una velocidad vertiginosa y buscan desesperadamente disciplinar y controlar una sociedad enamorada de la irreverencia. Ante esta paradoja, Clara Camps Calvet, profesora de sociología y activista por la educación pública, propone una receta sencilla: la responsabilidad de desobedecer ante la mano derecha del Estado. (lahiedra.info)

¿Esa es acaso la esencia de las propuestas de enmienda constitucional? No lo sabemos muy bien y quizá porque más allá de la versión oficial –legítima, como cualquier versión- no se debatió abiertamente con la sociedad, como se debían hacer las cosas. Sin duda, una oportunidad para estimular el debate es precisamente la consulta al soberano, acostumbrado como está a la indisciplina libertaria y al ejercicio de una democracia plebiscitaria en todos los campos de batalla.

Marlo Brito es investigador de temas de la cultura

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